• Nov. 28, 2018, media noche

Hace unos años platicábamos con nuestros hijos, que en ese tiempo eran unos niños, sobre lo que su papá y yo disfrutábamos hacer cuando éramos pequeños.

Mi esposo les contó de sus aventuras en bicicleta, los juegos de beisbol con sus vecinos, las peleas de boxeo, etc., en cambio yo, entre otras cosas les dije que me encantaba ver pasar el camión de la basura; me quedaron viendo como si fuera de otro planeta, que niña más extraña era yo.

De hecho, de vez en cuando me juntaba con mi amiga Carmen Cecilia para jugar “el camión de basura”.  El juego consistía en lo siguiente: nos subíamos en su cama para alcanzar las cosas que estaban guardadas arriba de su clóset.

Bajábamos todo al piso y una de las dos se quedaba en la cama esperando que la otra le tirara los paquetes, para luego acomodarlos en el clóset. Luego cambiábamos de lugar y hacíamos lo mismo. Esto lo repetíamos unas cuantas veces hasta que nos aburríamos.

Esta semana que pasó estábamos en una reunión y un colega se sintió mal, se puso pálido y perdió el balance. Nos asustamos mucho, llamaron a un médico que estaba en el edificio y se lo llevaron. Un par de horas más tarde nos avisaron que ya estaba mejor, pero no supimos la causa de lo que le sucedió.

Le mandé un mensaje y le dije que me alegraba que se sintiera mejor, pero que era bueno que se hiciera un buen chequeo para descartar cualquier cosa complicada. Hoy por la mañana tenía un mensaje de voz de su parte contándome que se había hecho todo tipo de exámenes y que había salido bien; que la conclusión del médico fue que había sido una acumulación de estrés y el cuerpo se topó.

Hay personas que tienen vidas más complicadas que otras, puede ser el tipo de trabajo, la situación familiar, el país donde vivimos, etc.; y dependerá de nosotros aprender a manejar las circunstancias difíciles que se nos presentan. Lamentablemente, muchas veces se nos juntaran “los clavos” y es en esos momentos donde nos agobiamos y explotamos.

Yo siempre he tenido una vida ocupada, porque tome la decisión desde jovencita de estudiar una carrera y trabajar fuera de la casa; además me casé y tuve tres hijos, y siempre he tratado de dar lo mejor de mí en mi hogar y en mi trabajo.

Mi filosofía de vida ha sido recorrer el kilómetro extra y hacer las cosas como para El Señor, con excelencia; entonces cada vez y cuando explotaba, ya sea por cansancio físico y mental o por acumulación de problemas, o la suma de todo lo anterior.

Dedicaba demasiado tiempo a la preocupación que no me llevaba a ningún lado, más bien me afectaba física y emocionalmente y entraba al círculo vicioso: cansancio, preocupación, más cansancio, etc.

Si bien había leído muchas veces en la biblia, unos versículos que nos dan la pauta de lo que tenemos que hacer cuando estamos angustiados, cansados, o ansiosos, nunca los llevaba a la práctica. De un tiempo acá, después de la experiencia de cáncer de seno que tuve hace tres años y medio, decidí cambiar muchas cosas en mi vida. Me dispuse a poner en práctica los principios que había leído. Les comparto tres que considero claves: 

“Descarguen en él (Dios) todas sus angustias, porque él tiene cuidado de ustedes.” 1 Pedro 5:7 

“Encomienda al Señor tus afanes, y él te sostendrá; no permitirá que el justo caiga y quede abatido para siempre.” Salmo 55:22

“Vengan a mí (Jesús) todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso.” Mateo 11:28

Así como Carmen Cecilia y yo tirábamos los paquetes arriba del clóset, asimismo, tenemos que poner nuestras ansiedades, angustias, miedos, dolor, preocupación, etc., en manos de nuestro Padre que los recibe. Podemos insistir en tratar de resolver todo bajo nuestras propias fuerzas, o dejar que Él se encargue.

Tiremos los paquetes en las manos de Dios y Él hará.