• Dic. 3, 2018, media noche

Estimado lector, cada verano, desde 1983, “Allen & Co”, que era un banco de inversión especializado, había organizado una conferencia semanal en Sun Valley, Idaho, donde asistía la crema y nata del mundo financiero y corporativo y celebridades del mundo del espectáculo y de la industria de la comunicación.

El ambiente era de extravagancia y el objetivo era, además de compartir “con los demás de tu especie”, en un entorno relajado, conversar y analizar los temas de actualidad en el mundo de los negocios.

Pues bien, en julio de 1999, según Alice Schroeder, autora del libro, “Snowball”, que sería lo más cercano a una biografía autorizada por Warren Buffett, el orador de fondo, con el que se daría por concluida la semana, sería, nada menos que Warren Buffett.

Sin embargo, recordemos que en ese momento, la burbuja del Internet estaba en su apogeo y por lo tanto, las estrellas invitadas a esa conferencia eran los creadores y los accionistas de esas “nuevas maravillas” (recordemos que en esa época al nombre de toda empresa se le agregaba el dot.com para que sus acciones subieran de precio); pero Buffett que sería el orador de fondo, no había invertido en ellas, ni siquiera en Microsoft, creada y dirigida por su gran amigo Bill Gates.

En estas circunstancias, la mayoría de los asistentes se hubiera sentido presionado por la moda y el sentir del grupo, pero Buffett había analizado lo que estaba ocurriendo, lo cual era totalmente irracional e insostenible y tenía confianza en él mismo y por lo tanto, no cedió a “las presiones de la manada”, sino que se distanció de ella y le dijo a la audiencia que las condiciones del mercado eran irracionales y que eran insostenibles, ya que él era de la “vieja escuela” y sabía que los criterios tradicionales para valorar una empresa continuaban siendo válidos.  

Que lo que había aprendido de Ben Graham, cuatro décadas antes, seguía teniendo vigencia, en el sentido que el valor de un activo depende del flujo de los beneficios futuros, descontados a valor presente y no de futuros crecimientos de dichos beneficios que fueran irracionales e insostenibles. Que difícil debe haber sido, incluso para Buffett, haber mantenido un criterio independiente, y gracias a ello, al final, solo varios meses después, cuando la 
burbuja estalló, haber estado en lo correcto. 

Y lo más curioso es que, al menos para Susan Cain, Warren fue capaz de actuar de esta forma independiente, a pesar de la gran presión a la que estaba sometido, porque era introvertido.

Buffett siempre ha dicho que no sabe lo que pasará con el mercado en el corto plazo, ya que este es “bipolar”, y por ello nunca le ha gustado hacer proyecciones sobre el comportamiento del mismo; y por eso, lo que dijo en esa oportunidad fue que “las acciones no están sobrevaluadas, si continúa ocurriendo lo improbable”. ¿Y qué era lo improbable? Que las tasas de interés continuaran de forma indefinida a niveles históricos muy bajos y que la economía y los beneficios de las empresas continuaran creciendo al ritmo excepcional al que habían venido creciendo. Es decir, que sin decirlo, Buffett nos estaba diciendo que efectivamente las acciones, especialmente las de las empresas “dot.com”, sí estaban sobrevaluadas.

Y por ello, Buffett también nos decía que en ese momento, cuando el mercado estaba eufórico, nosotros deberíamos ser muy prudentes; y a pesar que la mayoría de los presentes decía que todo era diferente y que todo había cambiado, incluso los criterios para valorar una empresa, que él nunca olvidaría los principios en los que basaba su filosofía de inversión y que eran el círculo de competencia y el margen de seguridad y nos agregaba que “el negocio del software no está en mi círculo de competencia. Yo no sé qué pasará con este tipo de negocio dentro de 10 años”.

Por esa época e incluso pocos días antes de que en marzo del 2000 la burbuja estallara y el mercado se desplomara, las presiones y críticas sobre la filosofía de inversión de Warren Buffett se intensificaron. Algunos decían que ya Buffett estaba pasado de moda y que si estuviera administrando un fondo de inversiones tradicional y no “Berkshire Hathaway”, ya estaría buscando un nuevo tipo de empleo. La revista Barron había escrito el artículo de fondo titulado, “Warren, What’s Wrong?”; el “Wall Street Journal” decía que Buffett ya estaba obsoleto y se decía que incluso un pequeño ahorrante que había duplicado rápidamente el valor de sus acciones al invertir en las “dot.com”estaba mostrando más sabiduría que el mismo Buffett. Recordemos que entre enero de 1999 y el 9 de marzo del 2000, el índice “Nasdaq”, que incluía a la mayoría de las empresas “dot.com”, había crecido un 100 por ciento.  

Sin embargo, Buffett no cambió su estrategia y cuando le preguntaban si ya no resentía las críticas que le hacían públicamente, nos decía que, “todavía me lastiman, tanto como al inicio”; pero nos agregaba que, “nunca te irá bien como inversionista, a menos que actúes con criterio independiente. Y la verdad es que tú no estás en lo correcto o estás equivocado, porque el resto esté de acuerdo contigo. Tú estás en lo correcto si los hechos en los que te basas y tu razonamiento son correctos. Al final, esto es lo que cuenta”. Y como decían los que le conocían, “el mejor rasgo de Warren es ser él mismo”.

En realidad, no es cualquiera el que resistiría a ese tipo de presión. Pero Buffett lo hizo y el 10 de marzo el mercado empezó a desplomarse, como él lo había anunciado meses antes y Warren quedó totalmente reivindicado. Usted saque sus propias conclusiones. 

nramirezs50@hotmail.com