• Dic. 12, 2018, media noche

Estimado lector, con frecuencia nos preguntamos por qué individuos, empresas y naciones tomamos malas decisiones. Por qué, si somos racionales, no siempre tomamos las decisiones correctas.

Al respondernos esta pregunta, que usted puede considerar que tiene un enfoque pesimista, también nos estaremos respondiendo la pregunta de cómo podemos tomar las decisiones correctas, ya sea a nivel personal, empresarial o nacional. Y para conversar sobre este particular recurriremos a la obra de Jared Diamond, titulada Collapse, quien ha sido profesor de la Universidad de California, en los Ángeles, UCLA.

Según el profesor Diamond, las razones por las que los individuos, las organizaciones y las sociedades toman malas decisiones son: a) no anticipamos el problema antes que se presente; b) cuando el problema se presenta no lo reconocemos; c) cuando lo reconocemos no tratamos de resolverlo y d) porque al tratar de resolverlo fracasamos en el intento.

Si entendemos estas causas, y por ello las analizaremos un poco más detalladamente, podremos prepararnos para tomar mejores decisiones.

En el primer caso, muchas veces no anticipamos el problema simplemente porque no tenemos experiencia. Sin embargo, y desafortunadamente, muchas veces la experiencia no es garantía del éxito, ya que la misma pudo haber tenido lugar mucho tiempo atrás y la hemos olvidado o como decimos muchas veces, creemos que “esta vez será diferente”. Por ello George Santayana dijo que los pueblos que olvidan o no conocen su historia, están condenados a repetirla.

Esta posibilidad es mayor en sociedades donde el analfabetismo tiende a ser elevado. Otra de las causas es recurrir a falsas analogías, especialmente cuando nos enfrentamos a situaciones que no nos son familiares. Por ejemplo, cuando para valorar una empresa la comparamos con otra que realmente no es “comparable”.

En el segundo caso, no reconocemos que estamos frente a un problema, debido, en primer lugar, a que al inicio el problema es prácticamente imperceptible y no lo notamos, a menos que seamos muy analíticos. Una segunda causa, muy común en el mundo de las grandes empresas y organizaciones en general es la “gerencia a distancia”. Pero posiblemente la causa más común sea el hecho de que el problema se vaya presentando como una “tendencia disimulada” por subidas y bajadas, que no nos permiten percatarnos del problema que estamos enfrentando.

Por ejemplo, si la economía se va deteriorando muy lentamente, es muy difícil reconocer que estamos enfrentando un problema, ya que dicho deterioro se puede percibir como “normal”, pues cuando el cambio es muy gradual o esa tendencia toma mucho tiempo para que reconozcamos la gravedad del problema, podemos habernos olvidado de lo que era “normal” o como era el pasado.

El tercer caso, no enfrentar o no resolver el problema aunque lo reconozcamos, es, curiosamente, el más frecuente. La causa principal es “el comportamiento racional”, es decir, creer que estamos actuando correctamente, porque lo estamos haciendo de acuerdo a nuestros intereses, aunque estemos perjudicando a otros grupos o sectores.

En este caso el razonamiento es correcto, aunque no sea moralmente aceptable por los demás o simplemente los esté perjudicando. Es un planteamiento egoísta, pero racional. Este caso está muy vinculado a los llamados “bienes públicos”, ya que “si yo no obtengo hasta el último pez del estanque común o no cultivo la tierra común hasta agotarla, otro lo hará”.

Este comportamiento solo se evitará si el grupo es homogéneo, existe confianza mutua y buena comunicación entre sus miembros, y existe el deseo de dejarle algo mejor a las próximas generaciones. Este caso se presenta generalmente cuando los intereses de la clase dominante entran en conflicto con los del resto de la sociedad; especialmente si la clase dominante se puede proteger de las consecuencias de sus propias decisiones.  

Recordemos al CEO que no tiene acciones en la empresa, pero que por su ego o para incrementar su salario y su bono, que no guarda relación con la ejecutoria de la empresa, sino con su tamaño, promueve la adquisición de otra empresa no relacionada con el negocio original y termina destruyendo el valor de la inversión de los accionistas. En caso contrario, la solución del conflicto de intereses es mucho más fácil de administrar.

Otras veces la causa es el comportamiento simplemente “irracional”, debido a la “persistencia en el error”, porque nos atamos a valores del pasado que ya no son relevantes.

El mejor ejemplo es el de tomar o mantener una decisión debido a “los costos hundidos”, financieros o emocionales, en los cuales ya hemos incurrido; como cuando nos aferramos a una negociación por la inversión que ya hemos hecho en ella o a una acción bursátil, aunque la misma nos vaya a generar una pérdida permanente, mayor que la que ya hemos sufrido. No hay nada más difícil que renunciar a tus valores y creencias fundamentales, cuando las mismas se han vuelto obsoletas y están poniendo en peligro tu propia sobrevivencia.

Y posiblemente la decisión más importante para una sociedad es saber qué valores fundamentales conservar y cuáles abandonar, cuando la realidad ha cambiado de forma permanente.

Las otras causas de irracionalidad ya las conocemos, la sociología de las multitudes y el pensamiento de grupo y si le interesa leer más sobre estos temas específicos le recomiendo leer “Extraordinary Popular Dilusion and the Madness of Crowds”, de Charles Mackay; “Groupthink”, de Irwing Janis y “The March of the Folly: From Troy to Vietnam”.  Y nunca tome una decisión importante sin tener a su lado a un “abogado del diablo”.

nramirezs50@hotmail.com