• Ene. 9, 2019, media noche

Como pocas veces desde que comencé a escribir esta columna, me encontré con la mente totalmente en blanco; más que en blanco, yo lo describiría como un papel lleno de “garabatos” sin sentido; varios temas dando vueltas en mi mente, pero sin poder aterrizar ninguno. Después de mi tiempo con Dios en la mañanita, le comenté a mi esposo que no había escrito la columna.

Se detuvo a pensar y me dijo “escribí algo sobre los jóvenes”; le dije que ese era el tema que me estaba inquietando más en los últimos días, pero tenía una confusión mental.

Decidí desayunar y subir a alistarme para ir a trabajar. Nosotros acostumbramos poner música en nuestra casa todo el tiempo, alabanzas específicamente, y mientras me vestía escuché una canción que se llama “Living Hope” (Esperanza Viva) de Phil Wickham; la letra me llegó al corazón. No sé cuántas veces la escuché y mientras lo hacía, el papel lleno de “garabatos” poco a poco se fue aclarando; las ideas se comenzaron a ordenar. 

Jóvenes, hoy queremos hablar con ustedes: 

Hace un par de meses, un amigo de mi esposo le pidió ayuda para hablar con un joven que mandó un mensaje en Facebook, diciendo que quería suicidarse. Mi esposo y su amigo se reunieron con él toda una mañana. Lo escucharon, lo apapacharon, lo aconsejaron y oraron por él. Este domingo, ese muchacho estaba en la iglesia, mi esposo me lo presentó; que satisfacción tuvimos al verlo perseverar; en su rostro se veía paz.

En contraste con esto, nuestro hijo Sebastián nos contó de un joven que se suicidó hace dos semanas. Me pregunto: ¿Habrá pedido ayuda? ¿Habrá habido señales? ¿Pudiera alguien haber hecho algo? Es aterrador el índice de suicidios de jóvenes que hay en todos lados.

El mundo en el que les ha tocado vivir es mucho más difícil que el nuestro. Cuando veo para atrás, nuestra vida de niños y jóvenes fue sencilla; atravesamos por momentos difíciles, pero no teníamos las distracciones, ni recibíamos los ataques por medio de las redes sociales que hoy ustedes están enfrentando.

Tenemos tres hijos varones con los cuales hemos tenido una comunicación abierta y sincera siempre; hemos sido testigos en sus propias vidas de los temores, las ansiedades, la incertidumbre, el vacío, el rechazo, y el abandono que ellos han sentido.

Y no se trata de tener mucho dinero o poco dinero, o tener mucho amor o poco amor y atención; se trata de la falta de lo único que puede llenar el vacío en nuestras vidas. Como les hemos dicho a nuestros hijos, la vida es dura; nunca tendrán la situación perfecta, siempre batallaremos con algo, pero la diferencia es batallar solos o hacernos acompañar del que batalla con nosotros y llena nuestro corazón de todo lo que nos falta. 

El futuro de este planeta son ustedes, por eso el mal trabaja 24/7 para engañarlos, distraerlos, entristecerlos, y a veces llevarlos hasta la muerte, con el único objetivo de desviarlos del propósito que Dios tiene para sus vidas.

Y cuando ustedes permiten que el mal tome control de sus vidas, ahí es cuando comienzan las ansiedades, la depresión, los pensamientos de suicidio. Algunos buscan paliativos en el alcohol, las drogas, el sexo, la pornografía, etc., los cuales les ofrecen un momento de satisfacción, de enmascaramiento de todo lo negativo que están sintiendo, pero cuando esos efectos se van, regresan al lugar de oscuridad donde estaban.

Quiero compartirles la primera estrofa de la canción de la que hablo al inicio de la columna, confiando que se van a ir a YouTube a buscarla para escucharla completa, leyendo la letra, tantas veces lo necesiten para que tomen su decisión:

“Qué grande es el abismo que se interpone entre nosotros.

Qué alta es la montaña que no pude subir

En la desesperación, me volví al cielo.

Y pronuncié tu nombre en la noche.

Entonces, a través de la oscuridad, 

Tu amorosa bondad atravesó las sombras de mi alma

La obra está terminada, el final está escrito.

Jesucristo, mi esperanza viva.”

Están a solo una decisión de una vida totalmente diferente: ¡Jesucristo es la esperanza viva!