• 2019-01-09

Estimado lector, como usted sabe, Thomas Jefferson fue el primer secretario de Estado y el tercer presidente de los Estados Unidos, elegido para dos períodos presidenciales.

Y la frase que, a mi juicio, mejor define a este gran estadista fue la expresada por John Kennedy, en 1962, en una cena en la Casa Blanca, en honor a todos los que habían recibido el premio nobel y que todavía estaban vivos: “Yo creo que esta es la mayor colección de talento, de conocimiento humano, que alguna vez se ha reunido en la Casa Blanca, posiblemente con la única excepción de cuando Thomas Jefferson cenaba solo”.

Y para compartir algo de esa sabiduría en lo relacionado al tema de la negociación y recordar con usted algunas de las características de la personalidad de Jefferson, recurriremos al libro de Jon Meacham, “Thomas Jefferson: The Art of Power”; al libro de Willard Randall, “Thomas Jefferson: A Life”; y al libro de Noble Cunningham, “In Persuit of Reason: The Life of Thomas Jefferson”. Creo que todos nuestros hijos y nietos, durante sus épocas formativas deberían leer, por lo menos, la obra de Meacham, ya que ella les ayudará a ser mejores seres humanos y mucho mejores ciudadanos.

Como decía mi abuela: “Noelito, para muestra un botón”, pero nosotros compartiremos dos; los dos que más me gusta recordar y compartir.

El primer botón. Como usted recordará, cuando Jefferson era secretario de Estado del presidente Washington, Alexander Hamilton era el secretario del Tesoro y eran grandes adversarios políticos, ya que tenían filosofías políticas diferentes. Hamilton simpatizaba con la presidencia imperial y Jefferson con la democracia de las mayorías, sin pompa y siempre que se respetara la razón, ya que todos debían ser iguales ante la ley.

Pues bien, a pesar de esa fuerte rivalidad, cuando Hamilton sintió que no podía implantar el sistema financiero que, según él, necesitaba la nueva unión americana para ser viable en el largo plazo, recurrió a Jefferson para que lo apoyara en alcanzar ese objetivo estratégico para el futuro de los Estados Unidos.

Jefferson podría haber aprovechado esa debilidad de Hamilton y liquidarlo políticamente, ya que después de todo eran grandes adversarios. La mayoría de los políticos tradicionales hubiera actuado de esa forma, se lo digo por experiencia propia, ya que es muy humano y las rivalidades entre personas de la misma agrupación política tienden a ser mucho más duras y las mismas, con frecuencia, incluso llegan a ser consideradas como actos de traición.

Sin embargo, Jefferson, consciente de que el futuro de la unión americana era más importante que su rivalidad con Hamilton, lo apoyó desarrollando una técnica de negociación muy creativa y ahora muy conocida. Jefferson, para obtener los votos en el congreso, no se limitó convencer a sus miembros de las bondades del proyecto de Hamilton, sino que incluyó en la negociación un nuevo elemento, la nueva ubicación de la capital de la unión americana y de esa forma logró obtener los votos suficientes para que también se aprobara la iniciativa de Hamilton. Y todo lo logró en una cena privada, en su casa, a la que invitó a un grupo reducido de personas que tenían la autoridad suficiente para alcanzar el acuerdo y llevarlo a la práctica. Esta simple anécdota, nos deja cuatro grandes lecciones sobre como negociar. Tener un objetivo que valga la pena; sentarte con las personas que tienen la facultad de llegar al acuerdo y ejecutarlo; reunirte con esas personas de forma directa, y sin gran publicidad; y que todas las par
tes puedan obtener algo a cambio.

El segundo botón. Durante el primer período presidencial de Jefferson, España cedió el territorio de Luisiana a la Francia de Napoleón y Talleyrand y ello era inaceptable para Jefferson y para el futuro de la unión americana. Jefferson, a pesar de las presiones políticas para iniciar una confrontación militar con Francia, prefirió recurrir primero a la negociación y simultáneamente, prepararse para una eventual confrontación.

Jefferson sabía que para tener éxito en las negociaciones tenía que controlar el proceso de negociación y el de la toma de decisiones y por ello inició las negociaciones privadamente; sin ofender ni amenazar a Napoleón, pero dándole a entender, que de no llegar a un acuerdo, la unión americana se convertiría en una gran aliada del imperio británico, Jefferson fortalecía su posición negociadora.

También sabía que debía estar muy bien informado, no solo de lo que ocurría en las relaciones entre la unión americana y Francia, sino de lo que ocurría también entre Francia y las otras potencias europeas.

Jefferson también sabía que dado que la única forma negociada de adquirir Luisiana era con el consentimiento de Napoleón, y dado que no disponía de otros territorios para compensar a Francia, la única opción que le quedaba era la compra de Luisiana, ya que para llegar a un acuerdo negociado, cada parte tenía que recibir algo a cambio. Finalmente y dado que Jefferson no podía ir a Francia y reunirse personalmente con Napoleón para resolver esta situación, lo cual hubiera sido lo ideal ya que el presidente poseía todas las cualidades de un excelente y experimentado negociador, encomendó dicha tarea a un amigo de toda su confianza, que a su juicio también gozaba de todas las habilidades para abordar el tema y explicándole cuál era el objetivo de la negociación, le proporcionó todos los recursos, incluyendo toda la información necesaria, para que lo pudiera alcanzar.

Finalmente, en el momento de la negociación, Napoleón decide prepararse para la guerra con el imperio británico, lo cual se vuelve su prioridad y decide ofrecerle en venta a la unión americana, la totalidad de Luisiana. Por lo tanto, este es otro episodio que también nos deja grandes lecciones sobre cómo negociar, y que nos demuestra que siempre es mejor negociar con alguien que también sabe negociar; ya que si Napoleón, en esta ocasión, no hubiera estado claro de sus prioridades y de sus recursos en ese momento, posiblemente la negociación hubiera fracasado y el conflicto hubiera explotado.

Pero la lección más importante es la siguiente: Jefferson fue exitoso en ambos casos porque su objetivo no era destruir a su adversario, sino salvar a su nación.

Y para concluir, solo deseo compartir con usted algunas de las características personales de Thomas Jefferson, que lo habían convertido en un excelente negociador. Jefferson desde muy joven fue disciplinado, estudioso, curioso, ya que le gustaba estar bien informado y era un gran lector y sabía dominar sus emociones.

Era un gran conversador y le gustaban las relaciones personales, sin mucha formalidad y en el mayor plano de igualdad que le fuera posible. Sabía reconocer que las diferencias de opiniones, no significaban, necesariamente, diferencias de principios o valores y siempre fue muy prudente, incluso en sus momentos de triunfos.

Y aunque tenía sus principios muy claros, siempre fue una persona muy realista y pragmática, por lo que cuando tuvo que llegar a acuerdos o improvisar para alcanzar sus objetivos, siempre lo hizo. Pero cuando tuvo que usar sus facultades legales para alcanzar sus objetivos, también lo hizo.

nramirezs50@hotmail.com