• Ene. 10, 2019, media noche

Cuántos de nosotros hemos tenido quejas o reclamos de parte de nuestros clientes por una mala experiencia de servicio, lo interesante es que normalmente atribuimos esto a la persona específica que brindó el servicio, y es aquí en donde debemos incluir el análisis del impacto de las emociones de todos en la organización y el clima laboral que nuestra cultura organizacional fomenta.

En nuestro artículo ¿Por qué las emociones importan? iniciamos el proceso de conocer el impacto de estas en el compromiso de los colaboradores de cualquier organización que al final se traduce en la efectividad de cada proceso y por ende en la rentabilidad.  Ahora trataremos con más profundidad que pueden provocar las emociones en los equipos de trabajo.

Las emociones son creadas por cualquier experiencia que los colaboradores tengan desde los procesos de selección e inducción, que por cierto dan una imagen de nuestra cultura organizacional, hasta el entorno de la oficina y la comunicación interna.  Las emociones son el resultado de la adaptación, aprendizaje y procesos de toma de decisiones.  Demostrar la emoción adecuada es parte de las buenas relaciones interpersonales y nos permite ser más comprensibles con las emociones de las demás personas. 

Existen emociones positivas y negativas, ambas deben de ser reconocidas aceptando que afectan directamente el compromiso de todos.  Es importante recordar que los jefes directos o supervisores inmediatos de los equipos son los líderes que determinan lo que sienten los colaboradores miembros producto de su interacción directa y que a su vez impacta en el clima laboral de la organización y, por ende, los resultados económicos.

Emociones negativas:  Casi 4 de cada 10 colaboradores sienten al menos una emoción negativa como resultado de su relación con su jefe directo, ansiedad (14%), falta de interés (11%), irritación (10%), aburrimiento (12%), sentimientos de evasión que afectan negativamente el rendimiento.   

Algunas emociones negativas producen o estimulan la competitividad, el sentimiento de frustración es una de estas, lo importante es reconocer qué está sucediendo en cada miembro del equipo y determinar cuál de estas emociones negativas se presentan para crear planes de entrenamiento y motivación que nos ayuden a elevar el compromiso y, por ende, los resultados.

Emociones positivas: sentirnos valorados, empoderados, con autoconfianza produce nuestro compromiso con la organización.  Reconocer el papel que tienen las emociones en las interacciones profesionales es un primer paso vital.  Para las organizaciones determinan la experiencia y clima laboral que se refleja en la experiencia del cliente final.

Para los líderes crea un reto de generar compromiso de sus equipos a cargo a medida que fomentan las emociones positivas entre todos los miembros.

De forma individual debemos ser conscientes de nuestras emociones propias y el impacto de las mismas en los demás, promoviendo un clima positivo entre todo el equipo de trabajo.

Anticipar el impacto y buscar ayuda para generar más emociones positivas en pro de la creación de capital emocional positivo que genere más compromiso y mejor clima laboral.

Siempre recordemos que las emociones afectan directamente el desempeño individual, como líderes debemos preguntarnos si estamos tomando en cuenta todas las emociones que produce la incertidumbre en todos los miembros de la organización.

“El trabajo más productivo es el que sale de una persona contenta.” 

– Víctor Pauchet