• 2019-01-16

Estimado lector, como usted lo sabe, la gran mayoría de las empresas, públicas o privadas, al final o al inicio de un nuevo período, acostumbran realizar sus proyecciones y crear sus escenarios, reduciéndolos, normalmente, al escenario más optimista, al más pesimista y al más probable. Y en esta oportunidad, simplemente para recordar cómo se utiliza este tipo de metodología, realizaremos un ejercicio hipotético.

Sin embargo, antes de desarrollar estos escenarios hipotéticos, conversaremos un poco sobre lo que nos recomiendan los expertos en este campo y lo que he aprendido a lo largo de mi vida profesional, en la que he tenido que aprender algunas lecciones muy importantes.

Lo primero es reconocer que la construcción de escenarios es solo una variante, aunque cualitativamente muy importante, de las simples “reglas de tres”, modelos econométricos o extrapolaciones lineales que abundan en esta “industria” de la consultoría.

Lo segundo es reconocer que aunque el pasado histórico puede brindarnos algunos insumos que pueden ser muy útiles, lo fundamental es tener una idea razonable de lo que nos puede deparar el futuro.

Lo tercero es reconocer que los escenarios, para que tengan alguna utilidad, deben ser muy pocos y debemos estar muy conscientes de los “supuestos” clave en que se basa cada uno de ellos y que los mismos sean consistentes internamente, con cada uno de dichos escenarios.

Lo cuarto es reconocer que esta tarea no se puede dejar en las manos exclusivas de un consultor externo y que la dirección superior debe jugar un papel fundamental en el desarrollo de los parámetros clave de cada escenario.

Lo quinto es reconocer que para evitar caer en el concurso de quien desarrolla el peor escenario, es importante tener presente el comportamiento histórico, y no ir mas allá de esos valores, a menos que la situación este cambiando radicalmente, ya que lo que nos interesa es lo que nos puede deparar el futuro y no lo que ocurrió en el pasado.

Lo sexto es reconocer que es imposible saber con total certeza cuando pasaremos de la situación actual, aunque la tendencia actual este muy claramente definida, a cualquiera de los escenarios futuros que hemos desarrollado y que, para tener alguna posibilidad de éxito en este tipo de ejercicio, necesitamos dominar el tema, necesitamos estar muy bien informados y debemos saber quién toma las grandes decisiones que no están bajo nuestro control y como piensa esa persona.

Lo séptimo es reconocer que en todo escenario lo normal es que haya “ganadores y perdedores”, ya que es muy difícil encontrar situaciones en las que todos ganen o todos pierdan; por lo que, siendo pragmáticos, aunque aspiremos a un escenario en que todos ganen, deberíamos conformarnos con uno en el que gane la gran mayoría.

Y lo octavo es reconocer que este tipo de ejercicio se desarrolla, no por razones académicas, sino para saber qué es lo que tenemos que hacer para evitar el peor escenario y fortalecer al escenario más optimista y si al final no somos exitosos, saber cómo enfrentar el escenario menos deseable.

Veamos un ejemplo hipotético:

Consideremos un país que tiene una economía “pequeña y abierta” y en “vías de desarrollo” y que está enfrentado un ambiente de incertidumbre debido a un conflicto político. Como consecuencia de este ambiente de incertidumbre la actividad económica se ha contraído y el nivel depósitos en el sistema financiero se ha reducido, pero la estabilidad monetaria se ha logrado conservar y la política cambiaria de minidevaluaciones programadas se ha logrado mantener.

Y ahora consideremos los tres escenarios más comunes, empezando por el menos deseable y así motivarnos a llegar al más deseable, y reconociendo que la variable clave para diferenciar cada escenario es la cantidad de recursos monetarios de que disponga la economía:

Primero, “deterioro de la tendencia”: en este escenario el conflicto político y el nivel de incertidumbre se deteriora y como consecuencia el nivel de los recursos financieros necesarios para soportar el nivel de actividad económica, tanto pública como privada, se reducen, reduciéndose los niveles de producción, inversión, empleo y consumo y como consecuencia, reduciéndose los niveles de recaudación fiscal, los niveles de depósitos en el sistema financiero y el nivel de reservas internacionales depositadas en el banco central, lo cual pondría en peligro la estabilidad monetaria, obligando al banco central a redefinir su política cambiaria, ya sea acelerando el ritmo de las minidevaluaciones, dejando flotar la tasa de cambio dentro de márgenes preestablecidos, o estableciendo controles de cambio. Los que ya somos abuelos sabemos de lo que estamos hablando y sabemos que este es un escenario que se debería evitar a toda costa, ya que no se lo queremos heredar nuestros nietos.

Segundo, “conservación de la tendencia”. En este escenario el conflicto no se termina de resolver y la situación actual se mantiene, ya que se mantiene el flujo de recursos hacia la economía nacional. En este caso tendríamos más de lo mismo, con un deterioro casi imperceptible, al cual nos podríamos ir acostumbrando y como diría Einstein, si continuamos haciendo lo mismo, seguiremos obteniendo los mismos resultados. En este caso, el problema de acostumbrarnos es que sin darnos cuenta, podríamos estar renunciando, por resignación o por costumbre, al crecimiento económico y al desarrollo social.

Y tercero, “mejoría de la tendencia”. En este escenario superamos el conflicto político y los niveles de incertidumbre se empiezan a reducir sustancialmente, hasta volver a sus niveles normales. Como consecuencia, los niveles de cooperación internacional se empiezan a recuperar, la inversión privada, nacional y extranjera, empieza a crecer; la producción, el empleo, el consumo y la recaudación fiscal empiezan a recuperarse y los depósitos, las reservas internacionales y el crédito también empiezan un período de recuperación. Y este es el escenario por el que todos deberíamos trabajar, con el fin hacerlo una realidad.

¿Y qué es lo que se debería hacer para que este último escenario lo convirtiéramos en una realidad? Lo que deberíamos hacer es, todos, sentarnos a dialogar y a negociar, pero con humildad, reduciendo las expectativas irrealistas que pudiéramos haber tenido al inicio del conflicto o que, motivados por el ego, todavía podríamos tener. Lo que deberíamos hacer es, todos, sentarnos a negociar, pero sabiendo que todos deberíamos ceder y que todos deberíamos obtener algo que realmente nos interese para poder aceptar un acuerdo. Y finalmente, reconociendo que, mientras más objetivos quisiéramos alcanzar de una sola vez, menos probable sería que superáramos el conflicto que todos quisiéramos superar.

nramirezs50@hotmail.com