• 2019-02-27

En mi trayectoria profesional como banquera he participado en varios ejercicios de planificación estratégica y siempre he aprendido algo nuevo. Estos procesos son importantes para las empresas, porque además de establecer un norte con metas claras y medibles, nos permiten profundizar sobre las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, para luego definir los objetivos estratégicos que se perseguirán. Cuando uno va a contraer matrimonio, generalmente (no siempre) se reciben charlas prematrimoniales. Mi esposo y yo no fuimos a ninguna, entonces no puedo opinar respecto a los temas que se abordan en ellas; sin embargo, después de casi 28 años de matrimonio hemos aprendido algunas cosas sobre las relaciones y la crianza de hijos.

En la columna de la semana pasada compartía sobre nuestra experiencia matrimonial; los altos y bajos y el casi divorcio. Uno de estos días recibí un correo en el “Poder del amor”, de parte de una señora que me preguntaba si mi esposo y yo estaríamos dispuestos a darles una charla
prematrimonial a su hijo y su novia, que contraerán matrimonio en mayo. La verdad que me sorprendió mucho, pero al mismo tiempo me sentí honrada. Luego de consultarlo con mi esposo, le respondí a la señora diciéndole que sí. En los próximos días mi esposo y yo vamos a dedicar un tiempo para aterrizar ideas y prepararnos muy bien para ese día; aunque tenemos testimonio de muchas situaciones vividas, para nosotros es importante sustentar todo con los principios que Dios nos dejó en su Palabra.

En términos generales, cuando estamos de novios hay un montón de cosas sobre las cuales no se habla; al menos yo no recuerdo haber platicado con mi novio, ahora esposo, de temas como el número de hijos que íbamos a tener, de cómo manejaríamos el dinero o la relación con los suegros. Nunca le pregunté a mi esposo si le molestaría que yo trabajara a tiempo completo o si él estaba esperando que fuera ama de casa… en fin, hay muchas cosas prácticas de las cuales no conversamos y que más adelante se pueden convertir en problemas serios para el matrimonio.

Comencé hablando sobre la planificación estratégica que se hace en las empresas, porque siempre he tenido una idea que podemos aplicar los mismos principios a la vida familiar. Por ejemplo, la suegra puede ser una amenaza o una oportunidad, dependiendo de cómo decidamos manejar nuestra relación con ella; el desorden en el manejo de las finanzas definitivamente es una debilidad y la comunicación es una fortaleza.

En nuestra familia de cinco miembros, tenemos tres hijos varones, hemos hecho muchas cosas a prueba y error que han tenido su costo; pero también hemos hecho otras habiendo planificado, pensado y consensuado, y estas han salido muy bien. Por ejemplo, la educación universitaria de los hijos hay que planificarla desde muy temprano para que la carga no caiga de una sola vez. Las finanzas son una de las causas más comunes de los divorcios; leí una vez que es hasta más común que una infidelidad. Parece que los humanos podemos aguantar mejor una traición que la escasez.

Cuando nosotros nos casamos por la iglesia no asistimos a ninguna charla previa, porque teníamos 4 años de casados civil y dos hijos; pero el sacerdote que ofició la misa pidió reunirse con nosotros antes. Hablamos ambos por separado y luego juntos y la primera pregunta que nos hizo fue: ¿Por qué se quieren casar por la iglesia? Y ambos respondimos lo mismo, porque queremos entregar nuestro matrimonio a Dios. Yo estoy segura que si nos hubiéramos casado de la forma tradicional después de la ceremonia civil, el significado no hubiera sido el mismo. Las bodas se pueden convertir en un evento social, vacío, donde se puede perder el verdadero significado.

Cuando nosotros tomamos la decisión de entregarle nuestro matrimonio a Dios fue porque unos meses antes habíamos decidido entregarle nuestras propias vidas.

“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer y los dos se funden en un solo ser.” Génesis 2:24.