• 2019-03-27

El otro día mi sobrina Jazmín, que a pesar de su juventud es muy sabia, puso una publicación en Facebook que decía: “As a parent, it’s my priority to help you get into Heaven, not Harvard” – “Como padre, mi prioridad es ayudarte a entrar al Cielo no a Harvard”. Un par de días después, vimos una película que se llama “Como Flechas” – dicho sea de paso, altamente recomendada, especialmente a los padres que están iniciando su camino. Hay que verla más de una vez porque está llena de sabiduría del cielo y al mismo tiempo es tan aterrizada y práctica. Ambas me dejaron pensando en nuestra trayectoria como padres de tres hijos, que hoy tienen 26, 24 y 21 años.

Si hubiéramos tenido el conocimiento, sabiduría y convicción que tenemos hoy, estoy segura que habríamos hecho muchas cosas diferentes cuando nuestros hijos estaban creciendo. Sé que todos los padres cometemos errores, lastimosamente aprendemos a prueba y error, pero la jornada es más o menos difícil, si buscamos sabiduría donde el creador de todo esto: Dios. Mi esposo y yo hemos invertido tiempo y dinero en recursos que han mejorado nuestro desempeño como padres – libros, charlas, videos, consejos, y lo anterior, ha hecho que nuestro camino haya sido menos traumático; con tres hijos varones, hemos experimentado de todo un poco, aunque mi suegra me dice que mis hijos son santos comparados a los de ella…

Tal vez antes de entrar en materia, debo dejar claro un par de cosas; hablar del cielo puede ser complicado porque las personas lo relacionan con religión o religiosidad y nada tiene que ver con eso. Yo creo en Dios, creo en la infalibilidad de su palabra escrita en la Biblia por hombres iluminados por el Espíritu Santo. Creo en Jesús y en su amor incondicional hacia nosotros, creo en el reino de los cielos y en la eternidad. Respeto a las personas que no estén de acuerdo conmigo y nunca voy a tratar de obligar a nadie a creer en lo que yo creo, pero no puedo dejar de hablar de Dios, de Jesús y del Espíritu Santo cuando ellos son parte integral de mi vida, de la vida de mi esposo, de nuestro matrimonio y las semillas de fe que sembramos, ya empezaron a germinar y dar frutos en nuestros hijos.

Mi esposo y yo comenzamos nuestro matrimonio sin tener esta convicción, por lo tanto, entramos al mundo de la paternidad con muchas deficiencias que nos han costado caro. Pero en la medida que hemos ido creciendo espiritualmente las hemos ido superando; aún “nos queda caña que moler”, pero ahí vamos. Cuando miramos para atrás, tenemos una lista de errores cometidos en la crianza de nuestros hijos, pero para que lamentarse sobre agua derramada; de hecho todo lo que semanalmente compartimos en esta columna es para que otros se nutran de nuestras propias experiencias, aciertos y desaciertos.

Cuántos recuerdos no se me vinieron a la mente del tiempo que invertimos enseñándole a nuestros hijos valores morales, educación básica, cortesía, motivándolos para que estudiaran, que fueran excelentes alumnos para que pudieran ir a las mejores universidades y consiguieran becas…el tiempo que invertimos en el desarrollo de sus talentos musicales y deportivos…pero, ¿qué hicimos para mostrarles el camino a Jesús? No lo suficiente. Hemos tratado de ser los mejores ejemplos para ellos, con todas nuestras fallas; hemos compartido con ellos una y otra vez nuestras luchas de fe y lo que ha significado para nosotros haber encontrado el camino. Han sido testigos de lo que Dios ha hecho en nosotros como personas, en sus vidas y en nuestra familia.

Dios no tiene nietos, solo hijos; la relación con Dios es personal e íntima y cada quien toma el camino que quiere en esta vida, pero como padres debemos mostrárselos. Proverbios 22:6 dice: “Instruye al niño en el camino correcto y aun en su vejez no lo abandonará.” “Yo soy el camino, la verdad y la vida —le contestó Jesús—. Nadie llega al Padre, sino por mí.” Juan 14:6

Entonces, ¿Harvard o “Heaven”?...vean la película “Como Flechas”.