• Abr. 17, 2019, media noche

En la Columna de hace dos semanas, les compartí sobre la decisión que tomamos mi esposo y yo, de cerrar un negocio que abrimos hace ocho años.

Nos alcanzó la situación del país y se nos hizo imposible mantenerlo abierto, a pesar de que esperamos unos meses para no mandar a los colaboradores al desempleo.

Mi esposo tiene un grupo de WhatsApp con algunos amigos de infancia que cuando se dieron cuenta de la decisión, le comenzaron a mandar mensajes de aliento y de solidaridad. Pero uno de ellos fue más allá, y le ofreció varios locales gratis en centros comerciales que tiene.

Esto me hizo recordar un gesto de amor que tuvieron dos amigas mías del colegio, cuando se dieron cuenta que estaba en tratamiento contra el cáncer en Estados Unidos. Ambas viven en Miami, yo estaba en New Orleans, y viajaron a visitarme unos días, en distintas fechas.

Mi mamá que me acompaño todo el tiempo y dormía en la misma habitación conmigo, en esos días se trasladó a casa de mi abuelita, lo cual fue bueno para que ella descansara; y estas amigas tomaron su lugar, cuidándome, cocinando, levantándose en la madrugada para apoyarme cuando me sentía mal, etc.

Ellas pagaron sus boletos de avión y una de ellas, hasta alquiló un vehículo durante su estadía, para poder salir cuando yo me sentía bien. Y que conste, que para ambas costear el viaje, tuvo que haber sido un sacrificio financiero.

En nuestro país la situación económica se ha estado poniendo cada día más difícil; negocios cerrando, empresas despidiendo gente, personas que se han tenido que ir del país por distintos motivos, en fin, cada día es algo nuevo.

Me pregunto, ¿cuántos de nosotros nos hemos dado cuenta de algún amigo o familiar que está pasando por una situación difícil y no hemos hecho más que mandarle mensajes de solidaridad?, cuando tal vez lo que necesita es que le llevemos algo de comida para que se ayude. La realidad es que podemos amar a un amigo pero muchas veces, amamos más al dinero.

Una de las cosas que mi esposo y yo compartimos y le inculcamos a nuestros hijos, es la importancia de la generosidad. Hemos aprendido que Dios suple nuestras necesidades para que nosotros podamos suplir las necesidades de otros. Muchas veces él pone en nuestro corazón compartir algo con alguien, cuando nosotros mismos estamos en una situación de escasez; ha habido ocasiones que hemos ignorado “Su mandato” porque estamos enfocados en nuestra propia necesidad, y preferimos hacernos los “sordos”.

Hace unos años leímos un libro que se llama “Viviendo más allá de lo posible” escrito por Wayne Myers, uno de los mejores libros que he leído en mi vida. Un libro que marcó nuestras vidas de una forma impresionante. Lo leemos de vez en cuando para refrescar los principios que hay en él y de paso, agarrar fe cuando el panorama financiero luce negro.

Queremos compartir con ustedes algunos principios del libro sobre el dar:

  1. La verdadera medida de nuestra riqueza está en cuánto valdríamos si lo perdiéramos todo.
  2. La prosperidad no se mide por lo que tiene, sino por lo que da.
  3. La provisión de Dios se encuentra depositada a lo largo del camino de la obediencia.
  4. Alimente su fe y sus dudas se morirán de hambre.
  5. Dé sin recordar; reciba sin olvidar.
  6. Dé no de las sobras de su billetera, sino de lo profundo de su corazón.
  7. Los mejores regalos de Dios no son cosas, sino oportunidades.

Para las personas generosas, es muy fácil dar cuando sobra, pero que difícil es dar cuando a uno le hace falta. 2 de Corintios 9:7 dice “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría”.

Debemos estar atentos a las necesidades de otros. ¡A veces las palabras no son suficientes!