• Mayo 15, 2019, media noche

La semana pasada tuve que viajar de mis vacaciones, directo a unas reuniones de trabajo que tenía en Costa Rica. Mi vuelo saliendo se atrasó tres horas, pero llegué bien a tomar la conexión.

Llegue a San José pasadas las diez de la noche, esperé hasta que solo quedaban tres maletas en la banda y nada de la mía. Busqué a una señora que estaba por ahí y le pregunté si no habían más maletas, y me dijo que no.

Me pidió que fuera con ella a la oficina para poner el reclamo. Buscó en el sistema y efectivamente, mi maleta se había quedado y la iban a mandar en el vuelo del día siguiente. Imagínense, la única maleta que no llegó fue la mía. 

Sentí que se me fue el alma al piso. A esa hora, a buscar una farmacia donde  comprar un desodorante y cepillo de dientes. Al día siguiente comenzaban las sesiones de trabajo a las 9:00 am.

Las tiendas las abren hasta las diez de la mañana, entonces no me daba tiempo de comprar al menos una mudada para poder ir a la oficina. A esa hora comencé a ver opciones en mi mente; podía excusarme de asistir hasta que llegara mi maleta para poder cambiarme de ropa, pero sabía que era importante mi presencia desde la mañana.

Entonces decidí lavar la ropa que andaba para ponérmela al día siguiente, y así me fui, con unos jeans, una chaqueta blanca de jeans y un par de tenis rosados; sin gota de maquillaje pues no soy de las que ando maquillaje en mi cartera, solamente pintura de labios.

Llegué temprano y solo estaba una persona; cuando me vio se puso a reír y me dijo que le hubiera avisado que ese era el código de vestimenta del día….luego llegaron otros y siguieron las risas y las bromas.

A mi jefe le mande un “whastapp” temprano diciéndole que me disculpara la facha, pero que me habían dejado la maleta y que llegaría con la ropa del día anterior. La maleta me la mandaron a la oficina a las cinco de la tarde, justo pude cambiarme para ir a cenar.

Yo sé que para algunos esto puede lucir tonto, pero los que me conocen saben que soy una persona ordenada, que planifico las cosas, meticulosa, y trato de tener todo bajo control; supongo que tiene que ver con mi temperamento.

He perdido mucho tiempo sufriendo por cosas que no puedo controlar, quebrándome la cabeza tratando de encontrar soluciones a problemas que se salen de mis manos.

Pero después de recibir un diagnóstico de cáncer hace cuatro años, la vida la veo bajo otra óptica. En ese momento la “Karla controla todo” se quedó manos arriba. Nada de lo que yo hiciera iba a revertir el diagnóstico, solo un milagro de Dios; que dicho sea de paso, lo esperé hasta minutos antes de la cirugía donde le pedí al oncólogo, previo a  que me pusieran la anestesia, que me revisara el pecho para confirmar si el tumor todavía estaba ahí.

Todas las mañanas leo un devocional que se llama “Jesús te llama” y el 15 de abril copié en mi cuadernito una fracción del mensaje que dice así: “Cuando las circunstancias te quieran sacar de tu confortable rutina, tómate fuertemente de mi mano y busca oportunidades para crecer; en lugar de lamentarte por la pérdida de tu comodidad acepta el desafío de algo nuevo.”

Tengo que “echarme unas florecitas” por la actitud con la que maneje esta situación, porque en otro tiempo me hubiera dado un ataque. Mi hijo me hizo el comentario que me había visto asustada; le confesé que por un momento entré en pánico, pero rápidamente me sobrepuse.

“¿Y quién de ustedes, por mucho que lo intente, puede añadir medio metro a su estatura?” Mateo 6:27.

¡A veces nos tocará enfrentar la vida en jeans y un par de tenis rosados!