• Mayo 22, 2019, medianoche

Esta semana que pasó fue bien difícil para mí. Regresando de mi viaje caí con unas fiebres muy altas, que al final resultaron ser producto de un dengue que se me juntó con una bronquitis severa. Estuve “fuera de combate” más de ocho días, mientras los síntomas se iban mejorando. Hubo días que me sentí bastante mal y por algún motivo, es en las madrugadas que uno se siente peor; y que pesar me daba estar desvelando a mi esposo. En otras oportunidades les he compartido que siempre he sido una persona sana; bueno, fuera del cáncer de seno hace 4 años, en general mantengo una buena salud gracias a Dios. Según la medicina, con el tratamiento de quimioterapia el sistema inmune a uno le queda bien “penqueado”, pero he tratado de tomar los suplementos necesarios para mantener las defensas altas, sumando la comida saludable y el ejercicio, factores claves para mantener buena salud.

Cuando uno se siente físicamente mal, las emociones también se disparan, al menos a mí me pasa. Se me cae el ánimo a menos cero y eso hace que las dolencias se sientan peor; es un círculo vicioso fatal. Hasta me siento “ñoña”, pues me agarra llanto muy a menudo. El jueves de la semana pasada, cuando ya me estaba sintiendo mejor y ya la fiebre había cedido, por la tarde, nuevamente me dio fiebre, y mis pensamientos comenzaron a volar… me dio terror pensar que las plaquetas se me habían bajado más, o que la infección de la bronquitis que no la habían podido tratar con antibióticos (por el dengue), se había puesto peor. Además de todo lo que pasaba por mi mente, más los acontecimientos que se dieron en nuestro país ese día, como que me explotaron las emociones. Si bien ya tenía días de sentirme triste, enojada, sofocada, impotente, después de un rato leyendo noticias en el Twitter me puse peor, y no levanté el ánimo desde ese día. El domingo fui a la iglesia con mi esposo, después a casa de mi hermana un rato y luego nos regresamos a la casa, donde me sentí sumamente cansada y me dormí más de dos horas. Tenía cansancio físico y cansancio emocional. Hoy me levanté con el ánimo caído, con una tristeza indescriptible, tratando de poner una buena cara, pero qué va… camino a mi oficina, hasta casi discutimos mi esposo y yo… terrible manera de comenzar la semana.

Como ni yo misma me aguantaba, pedí oraciones por nosotros a dos personas a quienes acudimos en “casos de emergencia”. Inmediatamente nos mandaron mensajes por WhatsApp, oraciones cibernéticas que me llegaron al último huequito del corazón y lograron levantar mi espíritu para poder funcionar el resto del día.

Como dice un colega: “Yo ya he pasado por donde asustan”; ya sé lo que debo de hacer cuando me está atacando la tristeza, la negatividad, la frustración… pero por alguna razón esta vez me costó más salir del hoyo. Y está bien, a veces necesitamos de otras personas para que nos den una empujadita, por eso es importante tener gente crecida espiritualmente a quien podemos recurrir para recibir una palabra de aliento, oraciones sanadoras, etc.

Ni por un segundo nos pongamos de acuerdo con la tristeza, con el dolor, con la enfermedad, con la escasez, con la ira, con el odio, con el temor, con la duda… ponerse de acuerdo me refiero a “abrazar” todo lo anterior… porque a pesar de lo que nuestros ojos naturales estén viendo y nuestros cuerpos estén sintiendo, “….los que confían en el Señor renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”. Isaías 40:31