• Mayo 29, 2019, medianoche

Estimado lector, hace tiempo conocí a Juan Carlos de Pablo, un argentino dedicado a la crónica económica en Argentina. Y cuando escribí el libro “Economía y populismo: ilusión y realidad”, le pedí que me permitiera incluir su artículo “Cómo fracasar rotundamente como ministro de Economía”. Y ahora que conversamos sobre qué hacer después de las próximas elecciones presidenciales para fortalecer la estabilidad monetaria y recuperar la senda del crecimiento económico, deseo volver a compartir las reflexiones de Juan Carlos.

Según Juan Carlos, los mayores errores que puede cometer “el zar” de la política económica de un gobierno son 17 y de ellos hablaremos a continuación. Sin embargo, siempre me ha quedado una curiosidad sobre el planteamiento de Juan de Pablo: por que no los agrupo en 3 como Steve Jobs, en 10 como Moisés o en 9 como un aficionado al beisbol.

Los errores son los siguientes:

Creer que el poder político del Gobierno y su propio poder político en ese gobierno son ilimitados. Creer que el tiempo está necesariamente de su lado.

Creer que hay tiempo para pensar. Creer que es suficiente que los asesores entiendan sobre materias económicas y que esto no es importante para el mismo. Creer que las estadísticas dicen toda la verdad o que solo dicen mentiras. Creer que hay hombres y mujeres que dejan pasar las oportunidades. Creer que no hay ninguna necesidad de explicar las políticas o acciones porque en el análisis final, las personas no entenderán. Creer todo o no creer nada de lo que dice el sector privado. Creer que la legislación puede regular los asuntos económicos y que los problemas de implementación son simplemente problemas policiales. Creer que la implementación de la política económica puede ser delegada en su totalidad en otros. Creer que lo que dice lo ha dicho en forma clara y no ambigua.

Creer que será capaz de vender el programa económico enseguida. Creer que la divulgación de la política económica es un problema de los periodistas. Creer que las tradiciones no importan o que lo son todo. Creer que sus esfuerzos serán posiblemente aplaudidos o que la historia lo recordará con gratitud. Creer que sus antecesores fallaron porque eran incompetentes. Y creer que no hay nadie haciendo cola para ser ministro de Economía. Recordemos que en argentina el ministro de Economía ha sido, tradicionalmente, el “zar” de la economía. En resumen, según Pablo, para que una política económica no sea un fracaso se necesita, por un lado, de un completo entendimiento del poder político del Gobierno y del poder del “zar” de la economía dentro de ese gobierno y por otro lado, de un entendimiento solido de la dinámica de la política económica.

Ahora deseo compartir con usted reflexiones de mi experiencia:

Mantenga una relación directa y sin intermediarios con el presidente. Antes de plantearle una recomendación de política económica al presidente, trate de alcanzar consenso con los ministros que tengan “vela en ese entierro”. Nunca se siente con el presidente para una decisión final, sin antes haber persuadido a los del gabinete que tengan que ver con el tema a discutir. Si iniciada la reunión con el presidente, usted nota que no tiene el respaldo suficiente para impulsar su recomendación, pida suspender la reunión y organice otra sesión de trabajo con sus colegas ministros, todo bajo la excusa de no hacerle perder tiempo al presidente.

Nunca discuta temas importantes de política económica con el presidente, en presencia de “asesores” que no dominan el tema, que desean ganar puntos ante el presidente, y peor aún, si sabe que ese “asesor” le tiene celos profesionales.

Cuando el huracán Mitch destruyó una gran parte de la infraestructura del país, uno de los asesores más cercanos al presidente recomendó que unilateralmente decretáramos una moratoria, es decir, la suspensión del pago de la deuda externa, lo cual hubiera hundido al país en una crisis económica, ya que nos hubieran suspendido la cooperación externa y no hubiéramos obtenido la condonación de la deuda externa.

Lo que hice fue solicitarle al presidente suspender la reunión y que me diera unas horas para presentarle las opciones posibles, con sus fortalezas y debilidades, para ello me reuní con mi equipo e invité al representante del FMI y a un expresidente del banco y concluimos que lo correcto era solicitar la cooperación internacional para hacerle frente a la tragedia y asegurarle a la comunidad internacional que cumpliríamos con nuestros compromisos financieros internacionales.

Así lo hicimos y recibimos el apoyo necesario para reconstruir la infraestructura destruida. Y luego de haberse ganado el apoyo del presidente, pídale que le ayude a vender dicha iniciativa al Poder Legislativo. Nunca vaya a vender una iniciativa a la Asamblea Nacional sin la autorización del presidente. Ese es un pecado mortal.

nramirezs50@hotmail.com