• Jun. 3, 2019, media noche

Estimado lector, cuando estuve al frente del Banco Central, la economía creció a un promedio anual del 5% o más, el empleo creció sustancialmente, la minidevaluación anual se redujo del 12% al 6% y la inflación, a pesar de haber enfrentado dos huracanes, uno natural y otro financiero, se mantuvo en promedio, muy por debajo del 10% anual.  

Le comento esto solamente para hacerle ver que, aunque como presidente del Banco Central, mi prioridad era conservar la estabilidad monetaria, también impulsé el crecimiento económico, ya que la estabilidad monetaria es solo una condición necesaria para alcanzar este último.  

Por lo tanto, que no le quepa duda que entiendo perfectamente que el objetivo final de la política económica es el crecimiento sostenible y que la falta de crecimiento nunca puede ser un objetivo, incluso, cuando recurrimos a un programa de estabilización.

Sin embargo, y consciente de todos los costos que nos trae una contracción económica, hoy deseo conversar con usted de algunas de las “paradojas” que la misma puede provocar y que pueden dar un poco más de margen para superar la causa del problema y que todo empresario debe tener presente, al menos en el corto plazo.  

Primero, cuando el empresario enfrenta un ambiente de incertidumbre, en general, la inversión se reducirá, las importaciones se reducirán y eventualmente, las exportaciones también se reducirán. Sin embargo, en el corto plazo es posible que se reduzca el déficit comercial de la balanza de pagos y, si la incertidumbre no es muy seria ni muy generalizada, es posible que incluso se fortalezcan las reservas internacionales, para mientras se supera la situación de incertidumbre y las importaciones requeridas para las nuevas inversiones vuelven a crecer.

Como consecuencia, es posible que, incluso, los parámetros tradicionales de estabilidad cambiaria se mejoren, ya que al caer sustancialmente las importaciones, es posible que el nivel de reservas, aunque en términos absolutos haya caído, el monto de reservas internacionales en términos de “semanas de importaciones”, en poder del Banco Central, haya aumentado.

Esta paradoja, que para un economista experto no es ninguna paradoja, incluso se puede presentar cuando ha habido una fuga de capitales, que el sistema ha podido “manejar”. Y esta situación se pudo haber podido “manejar”, debido a que los niveles de incertidumbre se han reducido o los agentes económicos se han acostumbrado a los mismos; debido a que cuando la crisis inició, el nivel de reservas era muy saludable y debido a que la banca comercial estaba en manos de “buenos banqueros” y no de “malos banqueros”.

Segundo, cuando enfrentamos este tipo de incertidumbre, pero los agentes económicos tienen la expectativa que la misma se superará pronto y la banca comercial está en manos de “buenos banqueros” y no de “malos banqueros”, nos podemos enfrentar a otro tipo de paradoja que, para un banquero experimentado, tampoco será una paradoja.

Bajo estas condiciones y aunque los depósitos se hayan reducido en el sistema bancario nacional, es posible que la oferta de crédito se haya reducido más fuertemente y al final, aunque el tamaño del sistema bancario en general y el de los bancos en particular se hubiera reducido, es posible que, “paradójicamente”, los índices de liquidez del sistema bancario en general o el de algunos bancos en particular, se hayan mejorado sustancialmente. Y ahora, como por arte de magia, el problema para mis amigos banqueros sea cómo manejar esa liquidez.

Estoy claro que estas situaciones no son deseables en el largo plazo y probablemente no sean sostenibles.  Pero creo que estar conscientes de ellas en el corto plazo puede ser muy útil para mis amigos banqueros y apreciados empresarios.  

Y por eso es que en el corto plazo, cuando se presentan situaciones como la que hemos planteado, no es conveniente dejarse guiar por los análisis simplistas, basados en la regla de 3.

nramirezs50@hotmail.com