• Jun. 5, 2019, media noche

Mi mamá fue una mujer prudente con sus gastos y sencilla para vestirse; siempre consciente de las necesidades de otras personas. Me cuenta mi abuelita Vida que cuando mi mamá se iba a casar, mi abuelo le dio dinero para que se comprara su ajuar de novia (ropa para su viaje de luna de miel). No recuerdo la cantidad que le dieron, pero era bastante para aquel entonces. Dice mi abuelita que le entregó el dinero y mi mamá se fue de compras. Cuando regresó a su casa al final de la tarde, mi abuelita le pidió que le enseñara lo que había comprado; mi mamá sacó de la única bolsa que traía, una cartera, y le devolvió el dinero que le había sobrado.

Mientras viajaba esta semana, iba leyendo un libro de Joyce Meyer que se titula “El poder de ser agradecido”, y en una parte decía que a Dios le encanta la gente que hace oraciones atrevidas. Por lo general, las personas cuando oramos decimos cosas como: Señor mandame dinero para cubrir mis necesidades, no te pido viajes a Europa o lujos, con solo cubrir mis gastos me conformo......Cuando oramos de esa forma, hasta parece que tenemos miedo de pedirle a Dios demasiado. Hay deseos que tenemos en el corazón que van más allá de la necesidad, y si bien Él conoce lo que hay en nuestro corazón, le encanta que le pidamos en oración y definitivamente que no lo limitemos. Salmo 37:4 dice: “Deléitate en el Señor, y él te concederá los deseos de tu corazón.” Así como mi abuelo le dio más que suficiente a mi mamá para que se comprara lo que quisiera, y ella solo se compró la cartera, así somos nosotros con Dios. Y no quisiera que se malinterprete que estoy siendo materialista, simplemente me pareció un ejemplo fácil de ilustrar.

Cuando recibí el diagnóstico de cáncer de seno hace cuatro años, mi esposo me llenó de fe, diciéndome que todo es para bien a los que amamos al Señor (Romanos 8:28). Pero unos días después, mientras esperaba los resultados de la biopsia que indicarían el tipo de cáncer que tenía, me visitó una amiga que por su trabajo, conoce mucho sobre cáncer de seno y me dijo: “ojalá que no sea Triple Negativo; porque según las estadísticas, y lo que yo he visto, difícilmente sobrevives.” Recuerdo que trague “gordo” y en la primera oportunidad que tuve, le conté a mi esposo. A los pocos días de esa conversación, recibí los resultados de la biopsia y resultó que el cáncer era Triple Negativo.  Creo que por primera vez en mi vida me atreví a orar de forma atrevida y le dije a Dios: “Señor, yo acepto tu voluntad, pero quiero vivir. Mis hijos todavía necesitan de mi apoyo, mi esposo y yo tenemos muchos planes para el futuro, no tengo tiempo para morirme. Te doy gracias por mi sanidad completa.” A esta fecha, independientemente de las estadísticas, este agosto cumplo cuatro años de mi última sesión de quimioterapia; y mis chequeos que comenzaron cada tres meses y ahora son cada seis, todos han salido limpios. ¡Gracias Señor por mi sanidad completa!

Dios como nuestro Padre amoroso que es, quiere bendecirnos más allá de lo que nosotros nos podemos imaginar. He aprendido que la gratitud mueve Su corazón de una manera poderosa.

¡Aprendamos a hacer oraciones atrevidas acompañadas de gratitud!