• Jun. 6, 2019, medianoche

Estimado lector, durante el quinto y último año que estuve al frente del Banco Central estábamos enfrentando una crisis bancaria de carácter sistémico, debido a que algunos bancos del sistema habían estado en manos de “malos banqueros”. Además, al estar entrando en un período electoral, existía el riesgo que el gobierno central, tratando de ganar algunos votos más para su candidato, podría tratar de aumentar el gasto público, dentro de lo que mi querido profesor y Premio Nobel de Economía, William Nordhaus, ha llamado “el ciclo político” del gasto público. Por lo tanto, para evitar ese tipo de comportamiento me reuní, por separado, con el presidente de la República, con el candidato presidencial de mi partido, que, según mi opinión, ganaría las elecciones con facilidad por el crecimiento económico que había experimentado el país durante esos 5 años y con representantes del sector privado nacional. 

Al reunirme con los representantes del sector empresarial, les hice ver que, en ese momento, mi prioridad sería hacer todo lo posible por salvaguardar la estabilidad monetaria del país. Los banqueros, que trabajan con los recursos de sus ahorrantes y aquellos que realmente valoraban mi planteamiento, estuvieron de acuerdo con el mismo. Sin embargo, uno de los asistentes, que había andado incursionando en la política, levantando la voz y para ganar puntos ante sus compañeros, dijo, “Noel, eso es una barbaridad, ya que solo provocarás recesión y desempleo”. Curiosamente, al final, el mayor apoyo para alcanzar mi cometido lo recibí del extranjero, del Fondo Monetario Internacional. ¡Curiosidades de la política! Y le hago esta introducción, ya que muchas veces, en general, por falta de entendimiento o por andar en política, lo cual es legítimo para cualquier ciudadano o “sin querer queriendo” podemos, sin darnos cuenta, incitar al Gobierno a que ponga en peligro la estabilidad monetaria del país.

Analicemos un caso hipotético: Este es un país que décadas atrás, debido a una política económica “populista” y a un grave conflicto armado, llegó a padecer una hiperinflación anual que superó el 30 mil por ciento. Luego y después de tres gobiernos de corte liberal o neoliberal o como usted los quiera llamar, se estabilizó la economía, se restableció la economía de mercado y la libertad cambiaria y con ello se volvió a la senda del crecimiento con estabilidad de precios. Pero ello solo se logró después de mucho tiempo y mucho esfuerzo. Posteriormente, volvió al poder el partido político que había estado gobernando el país durante el período de la hiperinflación; pero lo hizo respetando la economía de mercado y manteniendo la estabilidad monetaria y la libertad cambiaria. Sin embargo, después de 12 años de mantenerse en el poder, en esta segunda etapa, surgió una grave crisis política que creó un clima de incertidumbre que, entre otras cosas, desembocó en una grave contracción económica, en una crisis fiscal y 
en una reducción de las reservas internacionales. Y el estado, para hacerle frente, en el corto plazo, a la situación planteada, redujo la liquidez, redujo el gasto público y aprobó una reforma tributaria que, lógicamente, tenía un objetivo recaudatorio, aunque era muy difícil que, dada la situación prevaleciente en el país, la misma alcanzara sus metas de recaudación.

Ahora, aquí viene mi reflexión personal al sector empresarial de ese país imaginario: Primero, que si bien es cierto, estas medidas no son una solución al problema de fondo hipotético planteado y segundo, que si bien es cierto las mismas siempre pudieron haber sido, como dirían los expertos en estos temas, de una “mejor calidad”, lo cierto es, por lo menos a mi juicio, que ello es preferible a recurrir a la emisión “inorgánica” o a la “maquinita” y destruir la estabilidad monetaria que tanto nos ha costado reconstruir.

Pero, esta reflexión no significa que la prioridad en ese país imaginario deje de ser la solución de fondo a la causa que originó la crisis y que consiste en el deseo generalizado de alcanzar un proceso electoral donde se cuenten bien los votos. Y tampoco esta reflexión significa que la población renuncie a tratar de mejorar las medidas de corto plazo que se han decretado para enfrentar la situación económica que está experimentando este país imaginario, planteando alternativas muy concretas en el campo fiscal y monetario.

Lo que esta reflexión significa es que, para mientras se resuelve el problema de fondo, que es la verdadera prioridad, simplemente criticar o rechazar las medidas de corto plazo, sin proponer medidas alternativas, puede ser riesgoso. Pero usted podría pensar que con ello se oxigena al Gobierno y se le da largas a la solución de fondo. Puede ser, pero es difícil encontrar gobiernos que estén dispuestos a entregar el poder por salvaguardar la estabilidad monetaria. Pero también es cierto que el gobierno que pierde la estabilidad monetaria, en unas elecciones transparentes, muy probablemente también perderá el poder. 

nramirezs50@hotmail.com