• Jun. 13, 2019, media noche

Estimado lector, Óscar Arias dice que gobernar es educar, convencer y escoger. Pero, gobernar también es negociar. Y gobernar es muy distinto de administrar. Cuando gobiernas, tomas la iniciativa e impulsas tus prioridades. Cuando administras, no tienes poder y solo puedes hacer lo que los demás te ordenen o te dejen realizar.

Esta diferencia la debe tener presente el sector empresarial nicaragüense frente a las próximas elecciones presidenciales, ya que existe la posibilidad de que con las reformas electorales que el pueblo está demandando y el Gobierno ha estado negociando con la Organización de Estados Americanos (OEA), el poder político resulte dividido y el mismo se termine definiendo en la Asamblea Nacional.

Cuando se quiebra el bipartidismo y los partidos y agrupaciones políticas o sociales que legalmente pueden competir por el poder se multiplican, lo cual es legítimo en una democracia, las alianzas de minorías pueden ser muy inestables y las alianzas con minorías pueden resultar muy caras para las mayorías que solo así pueden gobernar. Y ello no es un ambiente atractivo para la inversión privada. Y por esta posibilidad, considero que además de tener un buen programa económico y un equipo capaz de ejecutarlo, también se necesitará de una gran capacidad negociadora por parte de los futuros agentes políticos y ello debería ser del interés del sector empresarial.

Todos los partidos y agrupaciones políticas o los candidatos individuales que se puedan presentar en las próximas elecciones, si se vuelve a permitir las candidaturas uninominales que existieron en el pasado, deberían aprender a negociar y estar dispuestos a hacerlo, ya que de lo contrario, nos corremos el riesgo de enfrentarnos a un vacío de poder.

Yo sé que muchos políticos piensan que si controlan el presupuesto nacional, el control de la Asamblea Nacional viene por “añadidura”. Pero cuando un diputado sabe que lo único que le falta al grupo mayoritario para poder gobernar es su voto o cuando la mayoría se construye únicamente por medio de una alianza muy disímil y volátil, la situación se puede complicar. La mayoría de los nicaragüenses conocemos la anécdota atribuida al general Anastasio Somoza García, cuando al saludar efusivamente a un líder departamental le dijo: “Siempre te tengo en mi corazón”, y a esto el líder le respondió: “Mi general, prefiero que me tenga en el presupuesto”. Sin embargo, cuando se trata del último voto requerido para armar el “rompecabezas” político y alcanzar la mayoría, la cosa se puede poner color de hormiga.

En una ocasión me reuní con dos representantes de un partido político, con el que ideológicamente teníamos mucha afinidad y explorar la posibilidad de construir una alianza duradera y beneficiosa para ambas agrupaciones políticas. Sin embargo, no logré mi objetivo, ya que uno de mis invitados quería que prácticamente le entregáramos el poder para aliarse con nosotros. Estas cosas pasan y no solamente en política. Recuerde la diferencia de precios entre “comprar control” y solo comprar acciones.

Para evitar experiencias como esta o evitar en el futuro un “vacío de poder”, le recomiendo leer el libro del profesor Luis Puchol: “El libro de la negociación” y tener siempre presente su definición de lo que es una negociación: “Una negociación es una actividad en la que dos partes, cuyos intereses son en parte complementarios y en parte opuestos, tratan de alcanzar un acuerdo que satisfaga al máximo de los intereses de uno y otro, al tiempo que facilita la realización de nuevas negociaciones en el futuro”. Y finalmente nos dice que “si esto lo aprendimos desde que éramos unos bebés, por qué será que cuando somos adultos, lo olvidamos tan fácilmente”.  

nramirezs50@hotmail.com