• Jun. 19, 2019, medianoche

En la columna de la semana pasada, “Mujeres para un mundo mejor”, les compartí lo que yo creo son las características y virtudes que las mujeres deberíamos tener, entonces en justicia, debía dedicar unas palabras sobre lo que nosotros creemos son las características de los hombres para un mundo mejor. Como he compartido en columnas anteriores, admiro a mi esposo profundamente por muchas razones y he visto como a través de los treinta años que tenemos de estar juntos ha venido cambiando muchas actitudes que tenía. Dios nos premió con tres hijos varones espectaculares, que nos han hecho felices y hemos disfrutado cada etapa de sus vidas; ahora tienen 27, 24 y 21 años. Después que mi esposo encontró “el Camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6), hace 24 años, se convirtió en un gran ejemplo para ellos; para ser honesta, antes de eso, no lo era.

En los talleres de liderazgo de mujeres que fueron los que me inspiraron a escribir sobre la columna de la semana pasada, conversábamos sobre algunas medidas que son importantes se tomen en el mundo corporativo. Por ejemplo, las mujeres más jóvenes que están en edad de tener bebés, compartían sobre la necesidad de tener horarios flexibles en el trabajo para poder atender a los niños, pero no solamente las mujeres, sino también los hombres. Me he fijado que en las generaciones posteriores a la mía, algunos hombres desean estar más presentes e involucrados en cada aspecto de la crianza de los hijos, no solamente en la parte divertida. Desde que nació nuestro primer hijo, mi esposo se involucró de lleno en su cuidado y así fue con los tres. Al mayor, él lo bañó durante la primera semana de nacido, pues a mí me daba miedo. Se turnaba conmigo para darle de comer por la noche y en la madrugada, para que yo pudiera descansar unas horas, aún antes de yo regresar a trabajar. Nos dividimos las tareas relacionadas a la crianza de los hijos: las reuniones de padres de familia, las visitas al médico, la atención cuando estaban enfermos, ha estado muy presente en sus vidas, en las cosas divertidas y en la corrección también. Debido al apoyo que recibí de él durante todos estos años es que pude ir labrando mi carrera profesional y escalar posiciones en el mundo corporativo, y al mismo tiempo poder estar presente en las vidas de mis hijos. Ha creído en mí y me ha motivado a seguir adelante.

Las sociedades machistas promueven algunos estereotipos, como por ejemplo: los hombres no lloran, son fuertes y bajo ninguna circunstancia deben demostrar debilidad; los quehaceres de la casa son responsabilidad de las mujeres, así como la crianza de los hijos; la única responsabilidad de los hombres es llevar dinero a la casa; los hombres pueden tener amantes, es una necesidad fisiológica; los hombres son superiores intelectualmente que las mujeres y por ende, está bien que tengan mejores salarios, etc.

Nosotros a nuestros hijos les inculcamos todo lo contrario. Hemos hecho nuestro mejor esfuerzo para enseñarles que se vale llorar, se vale pedir ayuda, que tienen que aprender de todo para que cuando formen sus propios hogares hagan equipo con sus esposas para sacar adelante a sus familias juntos. Les hemos dejado muy claro con nuestro ejemplo, que los hombres y las mujeres son un complemento perfecto, como nos hizo Dios.

Creemos que los hombres para un mundo mejor:

  1. Aman a Dios y se ocupan de conocer y vivir sus principios.
  2. Tienen carácter (calidad moral), son puros, estables, íntegros y responsables.
  3. Aman a sus esposas como a vaso frágil y las respetan.
  4. Proveen amor, seguridad, estabilidad y guía para su familia.
  5. Aman y buscan como conectarse con sus hijos en las diferentes etapas de su vida.
  6. Lideran y guían a sus hijos para que descubran su llamado y el propósito de su vida.

 

Parafraseo las palabras de la actriz Emma Watson, en su ponencia ante las Naciones Unidas, para dejarlos con esta pregunta: ¿Si no ustedes, quién, si no ahora, cuándo?