• Jul. 3, 2019, medianoche

El Dr. James Dobson, psicólogo, consejero familiar y fundador de Enfoque a la Familia, ha escrito muchos libros sobre la crianza de hijos y el matrimonio; de hecho, muchos de ellos nos han ayudado con la formación de nuestros hijos porque están llenos de ejemplos prácticos y de principios bíblicos. Tiene un libro que se llama “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido”, que debe leer toda persona que haya o esté enfrentando una situación dura en su vida. En uno de los capítulos, un hombre relata su experiencia con una hija a quien se le tuvo que amputar una pierna por un tumor maligno en su rodilla. Cuenta que desde el momento que recibieron el diagnóstico, la familia y las personas de su iglesia comenzaron a orar por sanidad. Pero llegó el día de la cirugía y a pesar de todas las oraciones y los esfuerzos de los doctores, la niña quedó sin su pierna. Comparte como se derrumbó cuando el médico le comunicó la noticia, y como se enojó con Dios por haber permitido que sucediera. Renegó y durante días no le importó las palabras de aliento que le daban las personas a su alrededor, porque no encontraba respuestas.

Muchos de nosotros hemos atravesado situaciones difíciles, y nuestra mente ha “volado” buscando respuestas concretas, sin encontrarlas. Hace cuatro años fui diagnosticada con cáncer de seno y desde el día que recibimos la noticia, mi esposo y yo activamos a todos nuestros guerreros de oración para que pidieran por mi sanidad; mucha gente oró y ayunó para que el tumor desapareciera. Dos días antes de la cirugía, en la cita con los médicos para afinar detalles, mi esposo le pidió al oncólogo que me revisara el pecho para ver si el tumor había desaparecido. El propio día de la cirugía, minutos antes de que me pusieran la anestesia, le pedí otra vez al doctor que revisara para ver si el tumor había desaparecido, y nada. Era momento de enfrentar la prueba más difícil de mi vida, pero sabía que no estaba sola.

Después del relato doloroso del hombre sobre su hija, el Dr. Dobson termina el capítulo haciendo la siguiente reflexión: “No exija explicaciones. No cuente con su habilidad para comprender. No se suelte de su fe. Escoja confiar en Dios, usando la voluntad que Él ha puesto en usted. La única otra alternativa es la desesperación.”

Mi batalla comenzó el 7 de febrero del 2015 y terminó el 19 de agosto de ese mismo año, con el último tratamiento de quimioterapia. Nosotros escogimos confiar en Dios, sin

preguntar ¿por qué yo?…….la verdad es que ¿Por qué no yo? Decidí compartir mi experiencia en un libro que titulé “El Poder del Amor, Mi Experiencia con el Cáncer de Seno”, libro que escribí mientras atravesaba todas las etapas del tratamiento, porque sentí una necesidad enorme de plasmar en esas páginas mi vulnerabilidad como ser humano y la fe que sostuvo a mi familia y a mí. Lo hice para llevar un poco de aliento a otras personas que tengan que atravesar situaciones similares o peores. La traducción del libro al inglés ganó el primer lugar de la categoría de autoayuda de los “International Latino Book Awards” el año pasado. Quién iba a decir que esa idea que Dios puso en mi corazón saliendo del consultorio del médico cuando recibimos el diagnóstico, iba a terminar en algo que ha tocado las vidas de miles de personas. Dios es bueno siempre.

Me encanta esta cita de Habacuc 3:17-18 que dice: “Aunque las higueras no florezcan y no haya uvas en las vides, aunque se pierda la cosecha de oliva y los campos queden vacíos y no den fruto, aunque los rebaños mueran en los campos y los establos estén vacíos, ¡aun así me alegraré en el Señor! ¡Me gozaré en el Dios de mi salvación!”

Pero cuando lo que Dios hace no tiene sentido y nosotros le permitimos usarnos para Sus propósitos, aún en medio de nuestro dolor, es cuando finalmente encontramos las respuestas. No se trata de nosotros, se trata de los demás.