• Jul. 10, 2019, medianoche

A raíz de que mi esposo cerró los negocios a finales de marzo de este año, porque la situación del país hizo imposible mantenerlos abiertos, actualizó su curriculum y ha estado tocando puertas en búsqueda de trabajo, principalmente fuera de Nicaragua. El viernes pasado terminó de dar de alta su perfil en “LinkedIn” para abrirse a mayores posibilidades. Casi al terminar de actualizar su perfil, lo contactó una persona que hace un tiempo escuchó una charla que compartimos en una escuela de padres de un colegio en Nicaragua. Ella lidera un equipo de más de sesenta personas y le comentó a mi esposo que ha visto la necesidad de animar a su equipo, pues la gente en general, anda muy preocupada, desanimada, y desesperanzada, principalmente por la situación de nuestro país y el deterioro tan grande que está sufriendo la economía. Aceptamos la invitación casi de inmediato, porque son oportunidades que se abren para ayudar a otros con nuestro propio testimonio. Mi esposo le aclaró que no somos motivadores, sino que compartimos experiencias propias trayendo principios bíblicos que aplican a lo que nos toque hablar. No podemos dejar de mencionar a Dios cuando ya por muchos años, ha sido parte central en nuestras vidas. Cuando lo tomamos en cuenta, la motivación es un fruto de la relación personal con El.

Dios es “bandido” porque no es la primera vez que nos hace esta jugada; pedirnos que vayamos a animar a otras personas cuando nosotros mismos estamos batallando, debido a los problemas y situaciones difíciles por las que hemos estado atravesando. No ha sido fácil vivir en Nicaragua desde que regresamos en 1990, y han habido momentos más duros que otros, pero creo que nada se compara con el último año. Voy a ser honesta, ya ni sé cuántas veces he querido empacar maletas y buscar horizontes en otro país. Cada día que pasa y nos damos cuenta de la cantidad de gente que nuevamente está emigrando por falta de trabajo o por haber cerrado sus negocios, trae mucho desánimo y frustración. Basta con entrar a Twitter, que dicho sea de paso está repleto de intolerantes, irrespetuosos, negativos, sarcásticos y escépticos, para querer empacar más rápido. Qué difícil es cuando no se ve una luz al final del túnel; por más que buscamos respuestas, opciones y alternativas, el panorama luce negro.

Entonces, esta columna la estoy escribiendo para mí y ojalá que de paso le ayude a otros que la lean.  La diferencia de una persona que no cree en Dios con los que creemos, es que tenemos de qué agarrarnos. Cuando en lo humano el panorama se ve oscuro, el gobierno es un desastre, la economía va al abismo, y no se vislumbra ni cerca una solución al caos en el que estamos viviendo; los cristianos con verdadera convicción, luchamos cada día para creer que nosotros no dependemos del gobierno de turno, ni de la bonanza de la economía para estar bien, sino que dependemos de Dios; entonces nos agarramos de lo que dice:

  1. Jeremías 29:13 “Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón”.

 

  1. Jeremías 33:3 “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes.”

 

  1. Isaías 41:10 “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa”.

 

  1. Mateo 11:28 “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso”.

 

  1. Jeremías 29:11 “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes - afirma el Señor - , planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza”.

¡Más allá de la esperanza está la fe, y la fe mueve montañas!