• Ago. 7, 2019, medianoche

Estimado lector, siempre hemos escuchado que debemos disparar alto, que nuestras expectativas deben ser elevadas, retadoras, pero realistas, para que sean motivadoras y no frustrantes o altamente costosas. También hemos oído hablar de la “maldición del ganador”, que por empecinarse en obtener algo que considera sumamente valioso, termina pagando demasiado.

Asimismo hemos oído que, normalmente, en las fusiones y adquisiciones, debido al ego desmedido del presidente o gerente general de la empresa adquirente, los accionistas terminan pagando demasiado por la empresa adquirida y terminan experimentando una pérdida real en su capital invertido.

De igual forma, según Waldroop y Butler, directores del “MBA carreer development” de Harvard Business School, normalmente lo mismo le ocurre a los líderes y gerentes empresariales que ven el mundo “negro o blanco”, ya que casi siempre fracasan y terminan solos y sin alcanzar sus objetivos. Posteriormente conversaremos sobre el libro de estos autores, “Maximun success”, que le recomiendo de forma muy especial y que se lo dé a leer a sus hijos y nietos.

Por el momento, solo nos referiremos al problema que causan las expectativas no realistas, cuando vamos a tomar una decisión, ya sea por inexperiencia, ignorancia o aspiraciones personales desmedidas.

Veamos un ejemplo: la junta general de accionistas de una empresa se ha reunido para evaluar su situación actual y las perspectivas de corto y largo plazo. La conclusión es que la empresa está en problemas y, de mantenerse la tendencia, la situación se deteriorará cada día más. En consecuencia, los accionistas toman la decisión de iniciar conversaciones con la competencia, que lidera el mercado e impone las reglas del juego, y alcanzar una fusión beneficiosa para ambas partes, y le comunican al gerente general que conforme un equipo idóneo para desarrollar estas negociaciones.

El gerente general, temeroso que la negociación sea “entre iguales” y termine perdiendo su posición en la empresa, conforma un grupo negociador que pueda controlar de forma total.

La negociación da inicio y, debido a la falta de experiencia del grupo negociador o al ego desmedido de sus miembros, en las primeras reuniones con la competencia, le plantean, no una fusión, sino una adquisición, sin premio alguno y excluyéndolos totalmente de la administración de la nueva empresa, la cual quedará exclusivamente en manos de ellos.

Como es lógico, el presidente de la empresa de la competencia, al ver que según el planteamiento que había recibido no tendría futuro en la nueva empresa, ya que no se le estaba planteando una negociación para una fusión entre iguales, sino un ultimátum para una adquisición, le ordena a su equipo dar por terminada las negociaciones. Sin embargo, previamente y para no tener sorpresas desagradables, debió haberse reunido con sus principales accionistas para persuadirlos que no tenía sentido continuar con las negociaciones, ya que se les excluiría de la nueva administración y no recibirían incentivo alguno y que, consecuentemente, respaldaran su decisión, y no se fueran, sin su conocimiento a venderle las acciones a la contraparte.

Concluidas las negociaciones y conocidas las intenciones de la gerencia de la empresa adquirente, que no eran necesariamente las de sus accionistas, la competencia fortaleció su posición competitiva en el mercado, para así reducir las posibilidades de una adquisición “hostil”, por parte de la gerencia del potencial adquirente.

Sin embargo, al ser informados los accionistas de la potencial adquirente, de lo que había ocurrido, viendo que no se habían obtenido los resultados esperados y que ahora la situación era más delicada, ya que la competencia había tomado medidas para fortalecerse, y ellos para sobrevivir, en el corto plazo habían reducido la planilla y perdido un valioso capital humano que había “migrado” a otras industrias, le pidieron al presidente de la empresa una sesión de urgencia para entender qué había ocurrido, por qué había ocurrido y qué medidas correctivas se podrían tomar. Y usted, mi querido lector y amigo, como uno de estos accionistas, ¿qué respuestas daría a esas preguntas?