• Ago. 14, 2019, medianoche

Hay personas que se han cruzado en mi camino y no dejan de sorprenderme, una de ellas es don Manolo; tiene ochenta y cinco años y hace un tiempo le diagnosticaron cáncer de próstata para el cual estuvo en tratamiento. Los médicos le han dicho recientemente, que tiene metástasis, y está en terapia de radiación. Esta semana que pasó fue su quinta terapia y su hija nos mandó unos videos que nos dejaron “boquiabiertos”. Don Manolo conduciendo una lancha en el mar y después saltando al agua para nadar. Nos impactó verlo, luce un tanto delgado y frágil, pero con un ánimo y unas energías impresionantes. Antes de saltar al mar le habla supongo que a sus nietos, de la importancia del ejercicio y les dice que tienen todos los medios para hacerlo. Nos dio una risa porque antes de tirarse al agua dice: “Me voy a aventar como lo haría un viejito, no de clavado”.

La verdad que esos videos me hicieron el día; sentí en mi corazón que debía escribir sobre la actitud y de paso honrar a don Manolo por ser un ejemplo de positivismo, valentía, fortaleza, pero sobre todo, de fe. Ha declarado con su boca que está sano sin importarle lo que dicen los médicos, con una convicción tan fuerte de saber que está en manos de Dios y que cuenta con un ejército de ángeles que han orado por su sanidad desde que inició la batalla. Dice que no tiene tiempo para enfermedades porque tiene muchos proyectos que llevar a cabo. Me recordó la primera oración que yo hice cuando me diagnosticaron cáncer de seno hace cuatro años, le dije a Dios que no tenía tiempo para morirme porque tenía muchos planes para el futuro, pero que aceptaba su voluntad.

Dice John Maxwell que la actitud es un sentimiento interior expresado en la conducta. Creo que los seres humanos no tenemos idea del poder que tiene la actitud sobre nuestras vidas, la buena y la mala. Tengo que hablar de mi propia experiencia con el cáncer para poder ilustrar mi punto. Cuando recibí el diagnóstico hace cuatro años, si bien decidí enfrentar la batalla agarrada de la mano de Dios, en lo humano, hubo momentos bien difíciles. Experimenté dolor en las diferentes etapas del tratamiento y me fui dando cuenta que mi nivel de fe y actitud dirigirían la forma en que enfrentara la situación. Al día siguiente de la cirugía de ocho horas donde me hicieron una mastectomía bilateral y reconstrucción, sin poder mover mis brazos, me desperté tempranito y le pedí a la enfermera que me ayudara a bañarme. Me quedo viendo raro y me dijo que podía limpiarme con toallitas húmedas y que esperara hasta el día siguiente para bañarme. Le dije que no, que quería bañarme en la ducha y lavarme el pelo también. Haciendo malabares, sentada en una silla y con ayuda de la enfermera logré lo que quería. Me puse mi pijama nueva porque no quería la bata del hospital.

Cuando estuve en tratamiento de quimioterapia, después del desayuno, me bañaba, me vestía, me maquillaba y me ponía un pañuelo colorido en mi cabeza pelona. Pero en otras ocasiones, tuve que modificar un poco mi actitud. El día después de la quimio pasaba con unas energías artificiales provocadas por los medicamentos, y parecía “hormiga loca” buscando que limpiar, y al día siguiente amanecía como “cucaracha fumigada” sin poder mover un dedo. Mi mamá me dijo que tenía que calmarme y para poder obedecerle, decidí que al día siguiente de cada tratamiento amanecería con “actitud de alguien en quimioterapia”; entonces me bañaba y me ponía una pijama, no me maquillaba y pasaba todo el día entre mi cama y el sofá.

Cuando en la vida nos toca pasar por situaciones difíciles, está en nosotros decidir de qué manera las vamos a enfrentar y dependiendo de la actitud que tomemos, saldremos de ellas amargados o fortalecidos. Proverbios 17:22 (NTV) dice: “El corazón alegre es una buena medicina, pero el espíritu quebrantado consume las fuerzas”.

¡Seamos como don Manolo, es cuestión de actitud!