• Sept. 12, 2019, medianoche

Hace un par de semanas un amigo de mi papá, un señor que ha sido muy cercano a nuestra familia, me llamó para decirme que quería hablar con mi esposo. Se mi hizo raro, pues no me podía imaginar sobre qué, pero le pase el mensaje. Ese mismo día lo llamó. Resulta que se acordó que mi esposo había tenido un negocio de comida y quería pedirle asesoría porque tiene un local en un lugar céntrico y quiere poner algo. Es importante mencionar que este señor tiene 85 años. Mi esposo lo escuchó y le dio algunas recomendaciones, le explicó que los negocios de comida requieren de mucha gestión. Acordó que al regreso de un viaje lo llamaría para conversar en persona. Este sábado que pasó lo visitamos a él y a su esposa. Nos pusimos al día, pues teníamos unos meses de no vernos, y en un momento de la tarde mi esposo y él se fueron a otra sala para hablar del negocio. Cuando regresaron a la terraza donde yo me había quedado con su esposa y su cuñada, venían riéndose y concluyendo la conversación donde alcancé a escuchar que le había llamado la atención algunas ideas que mi esposo le dio, que no implicarían mucho esfuerzo y lograrían el objetivo para él: tener algo que hacer, salir de su casa un rato y además ganarse unos “chambulines”.

Cuando veníamos camino a la casa no dejaba de pensar en el señor, qué admirable ver su actitud y energías para emprender algo nuevo a sus 85 años. Bueno, no me voy a ir lejos, la vida profesional de mi esposo a sus 54 años dio un giro inesperado. Emprendedor por naturaleza, tuvo que cerrar sus negocios hace unos meses y se quedó en cero. Es bien duro para un hombre responsable quedarse en el aire, sobre todo, a una edad donde es muy difícil que alguien te contrate. Dios trabaja de maneras misteriosas y no es la primera vez que nos sorprende con algo que ni siquiera nos imaginábamos.En su búsqueda de alternativas, decidió actualizar su currículum para buscar horizontes fuera de Nicaragua, hasta le pusimos un rótulo de “Se Vende” a nuestra casa; en paralelo decidió crear un perfil en LinkedIn, una plataforma donde los profesionales se conectan con otros y ayuda en la búsqueda de trabajo. Terminando de actualizar su perfil, lo contactó una persona que hace unos años escuchó una charla que dimos sobre finanzas familiares en una escuela para padres en el colegio de sus hijos y le pidió si podíamos impartir una charla motivacional a su equipo de agentes de bienes raíces. En medio de nuestro propio desánimo, pues han sido meses difíciles, decidimos ir a compartir algunas experiencias para tratar de llevarles un poco de esperanza. Ese día Dios abrió una puerta de oportunidad para mi esposo y tomó la decisión de reinventarse, entrando al mundo de bienes raíces. Desde hace un mes ha estado entrenándose y haciendo contactos en una empresa multinacional, la que pone a disposición herramientas y entrenamiento en las mejores prácticas internacionales. Mi esposo tiene una gran cualidad, y es que cuando no sabe de algo, se mete de lleno a investigar y a estudiar hasta que se vuelve experto. En otros países del mundo para ser agente de bienes raíces hay que estudiar y certificarse. Adicionalmente, se certificó como conferencista, coach e instructor con el John Maxwell Team, a finales de agosto pasado; un programa internacional para el crecimiento personal, entrenamiento y desarrollo de liderazgo.

En la vida habrá momentos que el panorama se pondrá negro, pero es en las crisis donde encontraremos las mejores oportunidades si no perdemos la fe. Deuteronomio 31:8 dice: “El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes”.

Una vez escuché a alguien que dijo que hay que quemar el arado para empezar algo nuevo, pues de eso se trata el reinventarse; hay un tiempo para todo bajo el cielo.

¡Nunca es tarde para reinventarse!