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Cerca del busto “José Martí”, en Managua, bajo la sombra de unos árboles, está luchando por lograr respirar José Concepción Morazán, de 77 años. Hace el sobreesfuerzo para inhalar aire, pues padece de una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, EPOC, originada por el consumo excesivo de cigarrillo, un hábito que inició a sus ocho años de edad y que lo dejó hasta que cumplió los 50.

Se acomoda en su silla perezosa antes de iniciar su relato, hace una pausa porque el cansancio constante no le deja hablar y mucho menos caminar. Conecta al tanque de oxígeno que lo acompaña día y noche, e inicia proponiendo un titular para este artículo: “Entrevista con un vicioso”.

“Cosa de hombres”
Recordó que a los ocho años inició a fumar y a los 12 se “echó su primer traguito de guaro”, porque miraba a los hombres adultos fumando y jugando billar, entonces lo imitó. Empezó con un paquete de cigarrillos al día, luego dos, tres, y por último consumía cuatro, lo que al principio le provocó una tuberculosis.

“Cada día fui fumando y fumando, me fue gustando. Cuando tenía 18 ó 20 años, ya era un chico profesional, al guaro y al cigarro. Cuando tenía 22 ó 23, puedo decir que yo ya estaba degenerado y llegué al extremo de andar bebiendo alcohol con agua. La cera del Oriental era mi casa, ahí me levantaba la patrulla, me llevaban preso. Hubo una época que estuve seis meses, por borracho consuetudinario, mejor dicho, era basuquero”, aseguró.

“Yo bebía, andaba en las calles, miraba una cosa mal puesta, me la llevaba, me humillaban, pero fue cosa del vicio. El vicio tanto que lo domina a uno, que pierde amistades, su hogar, su trabajo, y hasta su familia”, prosiguió.

José estaba bien metido en el vicio del cigarro y el alcohol, que hubo un momento, en que decidió irse de Nicaragua para Costa Rica, pensando que así podía cambiar. Sin embargo, no había salido del país, cuando ya iba tomado, y al llegar a San José lo arrestaron, “por borracho”.

Tanque por pulmones

En la cárcel tica, encontró un cartel con una frase, que hasta la fecha la recuerda perfectamente y le da todo crédito de veracidad: “el hombre nunca está perdido, siempre que desee el bien”.

Después de todo lo que ha vivido, y los padecimientos que le desencadenó el vicio, opina categóricamente que “el cigarro es criminal, es asesino para uno, lo he probado, he visto amigos míos que murieron por fumar. Por dicha a mí no me dio cáncer, pero tengo la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, tengo los bronquios cerrados, una cicatriz en el pulmón, todo eso por el cigarrillo”.

Su padecimiento (EPOC), se debe principalmente al humo del tabaco que consumió por gran parte de su vida, esto le causa una disminución de la capacidad respiratoria, que avanza lentamente, por eso se cansa demasiado, y José se frustra cuando llega la noche, puesto que si permanece mucho tiempo acostado le da asfixia, solo logra dormir unas tres o cuatro horas al día.

“La tristeza más grande para mí es este cansancio. Es terrible para mí que se llegue la noche, porque me pongo peor, yo deseara que la juventud, los hombres ya maduros dejen ese vicio, porque es horrible estar en esta angustia, que a nadie se la deseo. Deseara caminar, correr, pero no puedo, no logro dar un paso porque me canso. Me siento más derrotado que Napoleón, cuando estaba en la Isla Santa Elena”, concluyó.