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Mientras la comunidad médica nicaragüense le sigue las pistas a la bacteria E. Coli, que ha causado estragos en Europa, en nuestro país avanza de manera silenciosa las afectaciones por fiebre reumática, enfermedad causante de graves secuelas cardíacas, que pueden matar a niños mayores de tres años y a los menores de 15.

El problema de esta enfermedad son las secuelas que deja en el corazón, sobre todo en la válvula vital. También puede perjudicar la válvula aórtica.

“Nosotros hemos tenido bacterias como la E. Coli, incluso más agresivas por muchos años, y las hemos tratado. Si bien es cierto, se han muerto muchos niños, pero por la naturaleza de las complicaciones. En cambio, la fiebre reumática es un asesino que anda ahí, y nadie le ha puesto la atención debida”, opinó el doctor Carlos Duarte, cardiólogo pediatra, miembro de la Asociación de Cardiología de Nicaragua.  

Como sucede con gran parte de las patologías, el Ministerio de Salud, Minsa, no ha hecho jamás ningún estudio que revele con exactitud cuántas personas padecen esta enfermedad, por lo que hasta la fecha no existe ningún registro.

En 2001, la Asociación de Cardiología de Nicaragua, hizo a como pudo una pequeña investigación, para darse una idea de la magnitud del problema en el país. Encontraron que había, en ese tiempo alrededor de 186 niños afectados, y un poco más de esa cantidad, eran adultos con secuelas, heredadas del padecimiento que tuvieron en la etapa pediátrica.

El doctor Duarte, explicó que la enfermedad inicia como una infección en la garganta, puede ser amigdalitis o faringoamigdalitis. Dos semanas después, si no se tratan, se produce la bacteria denominada estreptococo, la que reta al sistema inmunológico del cuerpo, y éste lo ataca para eliminarlo, como normalmente actúa nuestro sistema de defensa.

Las toxinas que la bacteria produce se alojan en las válvulas del corazón, entonces el sistema inmunológico ataca en esa dirección, la inflama y la destruye. Si la válvula se inflama se retrae toda, y empieza a dar lo que nosotros llamamos la insuficiencia. El corazón se va inflamando, hasta que acaba con la vida del niño.