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Evaluación y acreditación, es el tema que ocupa a las universidades públicas y privadas del país. En materia educativa, esos términos impactan significativamente el valor de las instituciones de Educación Superior, de sus estudiantes y de forma muy importante, del mismo país, pues está en juego la calidad, nivel y por tanto, competencia de su capital humano.

Con la entrada en vigencia de la Ley Creadora del Consejo Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación, CNEA, Nicaragua tiene una enorme oportunidad que a criterio del doctor Jaime Chahín, decano y profesor de la Facultad de Artes Aplicadas de Texas State University, de Estados Unidos, debe aprovecharse. Es el momento.

Este respetado catedrático, quien suma 30 años de labor en la Educación Superior, explica que los procesos de evaluación y acreditación son determinantes para construir el nivel de una institución educativa, pues verifica su compromiso en preparar profesionales competitivos, teniendo como respaldo la certificación de  la calidad de su formación.

No se puede perder de vista que estamos operando en mundo global, señala Chahín, pues hoy día “todo aquel que se forma a un nivel superior, espera que su educación tenga valor a donde quiera que vaya.

Es una lectura que presenta claramente cómo beneficia al estudiante el que su universidad asuma procesos de evaluación y acreditación. Según el doctor Chahín, el estudiante recibe más beneficios y tienen muchas más oportunidades en el mercado laboral, cuando se prepara en una universidad acreditada.

Educación debe ser selectiva
Medir el conocimiento para seleccionar a sus estudiantes es un paso necesario que deben implementar las universidades, dice el especialista. Ni todos los niveles educativos, ni todas las instituciones son para todos, afirma.

Se refiere a que si las universidades tienen realmente el compromiso de apostar a la formación del capital humano que necesita una nación como la nuestra, que tiene entre sus temas urgentes crear las condiciones que le permitan superar sus niveles de pobreza, es fundamental que aquellos que aspiren a ese nivel educativo, posean las destrezas, el interés, las ganas, la curiosidad intelectual, mencionó el doctor Chahín, entre las características básicas.

“A futuro se van a necesitar procesos más establecidos de selección de estudiantes”, enfatiza, dejando claro que el “el desarrollo económico de Nicaragua va estar basado en la capacidad de la gente para trabajar, en cómo son entrenados y el nivel de educación…es un proyecto de largo plazo el desarrollo del capital humano”, reitera.

Argumentó que un ejemplo claro son los diversos mecanismos rigurosos de selección que emplean las universidades estadounidenses, eso les permite captar en su mayoría a elementos con enorme y real potencial en los diferentes ámbitos o materias de estudio.

¡Atención gobernantes!
El profesor Chahín hace énfasis en que no solo las universidades públicas y privadas son las responsables de emprender la titánica misión de formar para el futuro.

El gobierno tiene una enorme responsabilidad, menciona, sin limitar esa cuota de participación a la inversión económica que en Nicaragua corresponde al 6% del Presupuesto General de la República.

El catedrático no ve las limitaciones económicas como un factor particular de los países empobrecidos como Nicaragua. “En todo el mundo hoy día hay restricciones económicas” y la mejor manera de afrontar esas carencias es planificando, recomienda. Eso propiciará establecer prioridades y hacer uso eficiente de los recursos.

Añadió que debe interesar a los gobiernos sus instituciones de formación trabajen en el mejoramiento de la calidad de la educación de las nuevas generaciones de profesionales.
De sus palabras se deduce la importancia de que el gobierno acompañe, fomente y apoye los procesos de fortalecimiento de la educación, como es la evaluación y acreditación para la cual se están preparando las universidades miembros del Consejo Nacional de Universidades, según lo ha informado su presidente, Telémaco Talavera.

Parte de esa cuota de responsabilidad que al Estado le corresponde asumir está en el mejoramiento de la calidad de la Educación Básica y Media.

Las graves deficiencias intelectuales que quedan en evidencia cada año cuando las universidades públicas convocan a tomar los exámenes de admisión, deben verse como un factor de oportunidad, indica el experto.

Chahín propone partir de esa lamentable realidad para determinar las fallas y plantear las soluciones. Es una manera de planificar mejor los niveles educativos inferiores y de paso invertir para que los bachilleres desarrollen esas destrezas y conocimientos que realmente les serán útiles cuando aspiren a dar el salto a la universidad.

De hecho el doctor Chahín no lo llama salto, pues eso supone un quiebre; prefiere hablar del procesos. Un proceso que depende de la articulación, la complementación.

“El sistema educativo es uno”, indica el catedrático, remarcando que no deben haber saltos, ni quiebres.

Hay voluntad, falta trabajar
De la visita que el doctor Chahín hiciera en el país, donde tuvo la oportunidad de sostener reuniones con autoridades educativas y darse una idea de cómo se desarrolla la Educación Superior en nuestro país, manifestó: “hay un gran interés en el mejoramiento de la Educación, hay una gran necesidad y motivación”.

¿Qué hay que hacer? Avanzar,  respondió pues con el marco legal a favor de la evaluación y acreditación. Son las universidades las que deben tomar el reto. No se puede perder de vista que la “única razón por la que se hace este proceso es el mejoramiento de la calidad de la educación”.

Una calidad que reconoció está supeditada al nivel de los docentes. Recomendó el fomento de la especialización docente como ese elemento determinante para garantizar una mejor formación.

Reconocido experto
El doctor Jaime Chahín durante los años 70 fue Especialista en Análisis de Políticas para el Comité de Educación Superior de Texas. Su trayectoria destaca pasantías, becas de investigación, y numerosas presentaciones profesionales en diversas partes del mundo.   

En 2008 fue honrado con un “Profesorado de Honor” por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Lima, Perú.  En 2002 recibió el Honor “Ohtli” de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

En 2001, recibió el reconocimiento “Outstanding Latino in Higher Education” de la Asociación Americana de Educación Superior, Hispanic Caucus.

Su principal interés investigativo incluye temas de políticas públicas y cultura que impactan en el acceso y la equidad en la educación superior.

Es autor de más de 20 títulos e in contables artículos para prestigiosas publicaciones. Entre sus obras más recientes destacan: Manual de Psicología del U.S. Latino, El Compromiso de Becar en las Instituciones que Sirven a los Hispanos, El Estado Actual y los Desafíos de las Universidades Públicas en Estados Unidos, entre otras cosas que incluye su amplio currículum.