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“En 1980 muchos comunitarios de la Costa Atlántica todavía vivían en casas de hojas y a 31 años, en la actualidad las casitas de hojas aún siguen ahí. Creo que llegó el momento de cambiar y que llegue la civilización hasta nosotros”, afirma el reverendo George Wrigth, Presidente de la Oficina de Apoyo a la Costa Atlántica, Apcapnic.

El vivo ejemplo de ese olvido es la comunidad El Triunfo, ubicada a 20 kilómetros al norte del municipio de Alamikamba, un pueblito compuesto por varias docenas de familias que carecen de los servicios básicos mínimos.

Lo peor de todo, en esta comunidad de la Región Autónoma Atlántico Norte, RAAN, es que con las últimas lluvias sus cultivos han sido afectados y no tienen ni qué comer. Lo mismo ocurre en otras comunidades.

Wrigth señaló que Apcapnic se creó para buscar respuestas a la pobreza de sus comunidades y hacer incidencia en el gobierno central, ya que para él, sus líderes regionales no se preocupan lo suficiente para librar a las comunidades de las paupérrimas condiciones en que habitan, principalmente en las comunidades más alejadas.

Muertos o lisiados por buscar la vida
Señaló que la falta de oportunidades y de empleo es desesperante, por eso los comunitarios ven en la pesca una de las pocas formas de ganarse la vida, siendo esta una labor muy riesgosa. Wrigth aseguró que desde 1980 en sus registros, se contabilizan 6 mil 500 pescadores muertos y 7 mil lisiados que trabajaron para empresas extranjeras.

Así, parte de su población busca oportunidades de empleo en barcos turísticos extranjeros originando una migración de los jóvenes. Un informe del Centro de Derechos Humanos, Ciudadanos y Autonómicos, Cedehca, registró en 2003, unos 12 mil embarcados pertenecientes a las Regiones Autónomas, el 92 por ciento eran muy jóvenes.

Hace una semana, Apcapnic con la representación de 150 comunitarios provenientes de Prinzapolka, Alamikamba, Desembocadura de Río Grande, Bluefields, La Cruz de Río Grande, Raspan, Río Coco y Corn Island, entregaron una nueva carta en el despacho del presidente Daniel Ortega con peticiones específicas, entre estas, ser partícipes de los programas de desarrollo gubernamentales Plan Techo, Hambre Cero, Usura Cero y el Bono Productivo.

Ortega no cumplió promesas electoreras
“Solo miramos esos programas por la prensa y la televisión, pero los compañeros presentes, 150 representantes de comunidades, ninguno recibimos ese beneficio. Los beneficios llegan, pero solo para las personas indicadas, sus aliados. Aunque nosotros también apoyamos al gobierno, hasta el momento no recibimos su apoyo y por eso venimos aquí para hablar con el comandante Ortega. Pedimos Plan Techo para las comunidades indígenas. No solo las láminas de zinc, sino ¿con qué vamos a construir si no tenemos plata? Con esa misma igualdad –a como tratan a otros– queremos vivir”, dijo Wrigth.

Creada en 1997, Apcapnic está compuesta por 12 mil 500 miembros, cifra que incluye a capitanes, marinos, agricultores, mujeres trabajadoras, buzos, buzos lisiados, acopiadoras de mariscos, comerciantes, además de lisiados de guerra tanto de Yatama, como del Ejército.

Los representantes comunitarios recordaron que en marzo del 2006, durante la campaña electoral, el entonces candidato Daniel Ortega llegó a Puerto Cabezas, y se reunieron en asamblea donde éste se comprometió a apoyar a las comunidades.

“Pero hasta el momento nada. Desde entonces le hemos enviado varias peticiones. Entregamos una el 20 de septiembre y hasta el momento no hay contestación. Hace poco nuevamente entregamos otra carta y tampoco. Solo nos reciben la carta”, dijo el presidente de Apcapnic.

Como organización solicitaron tanto a la Iglesia Católica como a empresarios que han explotado los recursos naturales de las regiones autónomas, que los apoyen de alguna manera para mantener sus reclamos en el Pacífico.

“Nosotros no venimos aquí para hacer escándalos, solo a recordar que seguimos con grandes necesidades, que se cumplan los acuerdos del gobierno y a pedir un derecho de igualdad”, dijo Wrigth.

Buzos lisiados tratan de organizarse
Aunque en Honduras, Costa Rica y Panamá ya no existe el buceo para la pesca de langosta, en la RAAS y la RAAN esta peligrosa actividad se mantiene al no existir otra alternativa de empleo.

Precisamente otra preocupación de los caribeños es la falta de atención a los marinos afectados por la descompresión, pero muchos siguen buceando porque no tienen otra forma de vida.

Bersabé Vargas García, originario de Prinzapolka, Coordinador de la asociación para buzos lisiados, dijo que están comenzando a organizarse para la atención a los afectados en Prinzapolka.  Por falta de fondos explicó que no han podido viajar a  Río Abajo y Cuenca Media donde se encuentra cantidad de buzos lisiados, eso sin contar Puerto Cabezas.

La Asociación de Buzos Activos y Lisiados de la Costa Atlántica, Abalca, contabiliza al menos 400 hombres, víctimas del síndrome de descompresión, el cual ocurre cuando un buceador se sumerge a cierta profundidad y sube en dirección a la superficie demasiado rápido, esto hace que se produzcan burbujas en la sangre afectando células y tejidos.

La descompresión puede provocar parálisis transitoria, en ocasiones lesiones permanentes y en el peor de los casos, la muerte.

“No tenemos dinero para darle la debida atención de cada uno de los afectados. Aún para movilizarnos y buscar a más afectados no tenemos dinero. Los buzos lisiados están sentados eternamente en una silla, para quien la tiene, sino a como pueda debe arrastrarse”, dijo Vargas, destacando que los afectados pueden encontrarse en toda la franja del Atlántico.

“Comienzan con dolores en los huesos, la vista se les corta poco a poco y surgen dolores en la espalda. Muchos comenzaron con la pesca a pulmón y luego con tanque. Ahora están postrados”, declara indicando que la edad de las víctimas oscila entre los 40 y los 60 años.

Vargas reclama que ellos no fueron atendidos de ninguna forma. Ni por las empresas ni por las instituciones. Prestaron su servicio de buceo para la pesca de la langosta y hasta ahí llegaron. Algunos lo hicieron independientemente, otros para empresas.

Los representantes de Apcapnic mencionan que así como no hay atención para los buzos tampoco la hay para los mineros que trabajaron para La Ley Main Company, la empresa minera que trabajó en Siuna, Rosita y Bonanza, que se fue de nuestro país después de explotar la riqueza en minerales del Atlántico, y lo único que dejó fueron mineros afectados de los pulmones que vomitaban su sangre por míseros salarios.

 

Situación es poco alentadora

De cara al futuro, la situación es poco alentadora en las regiones aútonamas de Atlántico. Según el  informe “Panorama de la inversión regional y municipal en la niñez y adolescencia en la Costa Caribe nicaragüense”,  del Observatorio de Derechos Humanos de la Niñez y la Adolescencia,   señala que la población infantil de la Costa Caribe figura como el segmento poblacional con mayores niveles de desigualdad y marginación social en el país.

“Esto ocurre tanto por las características geográficas de la zona y sus condiciones de pobreza, como por una incipiente implementación de políticas sociales sin una mirada estratégica para el desarrollo de las niñas, niños y adolescentes que mitiguen el déficit en infraestructura escolar, de salud, agua potable, el flagelo de la drogadicción, la explotación sexual y laboral, la falta de oportunidades de empleo para los padres y madres de familia que les permita llevar el sustento a sus hogares”, dicta el documento.

A pesar de algunos esfuerzos por dirigir más fondos a educación y salud, los presupuestos regionales son un reflejo del bajo nivel de involucramiento o receptividad de las autoridades regionales en su rol de garantes del cumplimiento de los derechos humanos, agrega el informe.

Destaca que la Costa Caribe concentra la mayor cantidad de riquezas naturales, ubicándola en una posición ventajosa en comparación con el resto de las regiones del país. Aunque también figura dentro de las estadísticas oficiales como la región con los mayores índices de mortalidad materna e infantil, desnutrición crónica y analfabetismo, como consecuencia de una limitada o nula presencia del Estado ante la alta dispersión poblacional y la ubicación de comunidades en área de difícil acceso.

El mapa de la pobreza del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, Inide, revela que 11 de los 25 municipios más pobres del país pertenecen a las regiones autónomas.

Se estima que el nivel de incidencia de la pobreza en la RAAN equivale al 70.9 por ciento, catalogada como pobreza severa,  que se establece según los recursos disponibles, o sea, quienes tienen un ingreso menor a un dólar por día.

Con un 78.7 por cientro, Prinzapolka es uno de los municipios con mayor índice de pobreza, mientras que en Waspam es relativamente menor al promedio de toda la región (67.1 por ciento).

La Costa Caribe figura entre las zonas más pobres del país y por ende diversos indicadores sociales registran los niveles más altos. Se calcula una tasa de desempleo superior al 80 por ciento, dos veces más que el promedio nacional.