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Treinta años después que recibieron sus diplomas en la plaza del Centro Experimental de Educación México, CEEM, en 1981, una delegación de bachilleres del Quinto Año A de ese instituto entregó en ese mismo lugar, una donación para los alumnos, y recorrió los pabellones, como parte de una jornada de tres días en la que conmemoraron su trigésimo aniversario de graduación.

La jornada de celebración de esa inolvidable fecha para los exalumnos del CEEM inició el 20 de noviembre, con una noche de karaoke, continuó con un paseo a Sébaco, Matagalpa, el 21 del mismo mes, y alcanzó su punto culminante con la celebración de una misa de acción de gracias y una cena de gala en un hotel capitalino el pasado martes 22.

Esa noche, 18 de aquellos 42 bachilleres, acompañados por un grupo de profesores de la época y familiares, derrocharon recuerdos y anécdotas de una secundaria feliz, solo empañada por la sombra de la guerra que en 1979 convirtió al Centro Experimental en refugio, hospital y cementerio de las víctimas de la Guardia Nacional.

“Nunca había celebrado una misa de acción de gracias por el aniversario 30 de un bachillerato. Al terminar la secundaria generalmente nos esparcimos y nunca más nos volvemos a ver, qué bien que ustedes han perseverado en esa fraternidad, qué bonito ejemplo”, exclamó el sacerdote Julio de los Santos Dávila, párroco de la iglesia Pío X, donde se celebró el servicio religioso.

Testimonio de amistad
“Los felicito por esos lazos construidos a través del tiempo, eso es comunión, ¡qué bonito que hay esa comunicación!, ustedes son testimonio de amistad y de fraternidad”, agregó el padre De los Santos, tras alentar a los presentes a reproducir este ejemplo y elogiar la calidad de la enseñanza que el Experimental México impartió en aquellos años, y que se materializó en hombres y mujeres con sólidos valores.

Durante la entrega de material deportivo aportado por el exalumno Frank Alvarado Jirón, residente en el extranjero, la directora del CEEM, Susana Romero Campos agradeció la donación consistente en balones de básquetbol y voleibol, gorras y accesorios, y ofreció la bienvenida al grupo “a este colegio que es de todos ustedes”.

Tras la entrega de la donación, la delegación de exalumnos recorrió el colegio y evocó los momentos vividos 30 años antes, cuando en las horas libres corrían por las canchas sudando a mares o sostenían pequeñas escaramuzas con alumnos pleitistos.

Premios y castigos
Para cerrar con broche de oro la jornada conmemorativa, los antiguos alumnos del Experimental México, compartieron una cena con sus exprofesores Lidia Monterrey, María Elena Hernández, Gladys González, René Somarriba y Denis González, así como toda una noche en la que entre risas, bailes, canto y aclamaciones, se “emborracharon” de recuerdos, como los premios o los castigos dados a los exalumnos.

“Por habernos portado bien en la visita a las Huellas de Acahualinca nos llevaron al parque Las Piedrecitas, y en otra ocasión nos llevaron a Pochomil, solo que en pleno invierno”, recordó la exalumna Marha Fanny Espinoza, arquitecta del encuentro.

El profesor Somarriba felicitó a los exalumnos por el reencuentro, y arrancó risas y aplausos cuando recordó aquel día en que castigó a un alumno poniéndolo a recoger cinco mil semillas de acacia en los patios del colegio.

Durante el evento, los participantes hicieron un minuto de silencio en memoria de los exalumnos y profesores ya fallecidos Alejandro Salazar, Yanil Castillo, Eddy Centeno, Socorro Bonilla Castellón, Evenor García Corrales y Alberto Zapata.

*La autora de la crónica es periodista.