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A pesar de la crisis financiera internacional, y de la suspensión de recursos monetarios norteamericanos y europeos a Nicaragua por razones políticas, “no hay motivo para decirle adiós a las viviendas de interés social” o populares, afirmó el director ejecutivo de Ceprodel, licenciado Miguel González Solórzano.

Ceprodel es miembro fundador de la federación de organismos no gubernamentales denominada Red de Vivienda, porque se dedican a la promoción y construcción de casas dignas y comunidades integrales para la gente de escasos recursos en Nicaragua.

La Red, además, fue la gestora inicial del proyecto de Ley de Vivienda Digna que ya fue dictaminado por la Asamblea Nacional, y sólo espera su aprobación en lo general y lo particular por el plenario del Parlamento.

Optimismo razonado
González se muestra optimista, a pesar de que alegando la crisis financiera mundial, la banca nacional, que según el economista Néstor Avendaño actúa con oportunismo y sin bases reales, está encareciendo los préstamos de vivienda a todos los niveles, reduciendo el 20 por ciento de los montos financiables, aumentándole tres puntos a la tasa de interés, incrementando las primas, y endureciendo los requisitos para optar a créditos.

Nuestro entrevistado enfatiza en que no debe decírsele adiós a la vivienda de interés social, porque siempre seguirá construyéndose a pesar de la crisis, aunque tal vez no en la cantidad que habíamos planificado. Es decir, que si estábamos deseando que la gente construyera en el año que viene 2 mil casas en diferentes proyectos cooperativos por ayuda mutua, a lo mejor sólo podremos construir 300 casas, sustituyendo la disminución de recursos con más niveles de compromiso colectivo, de organización y determinación.

En este punto, González afirma que el espíritu cooperativo es el único que puede, en medio de las dificultades, salvar de la extinción a la vivienda digna, y preservar la idea para mejores tiempos.

Urge más la Ley de Vivienda Digna
Claro, advierte, eso pasa porque tal vez se haga realidad actuante la Ley de Vivienda Digna, ya que así, al volverse un instrumento del Estado, habrá más confianza entre los inversionistas para prestar a plazos largos e intereses más bajos, seguros de que su inversión estará garantizada por cualquier gobierno de turno a lo largo de 20 ó 25 años.

Entre otros nubarrones que atentan contra los planes de vivienda, especialmente de interés social, está la puesta “en capilla” de la mayor parte de los financiamientos internacionales para Nicaragua , incluidos los de “la banca ética”, aquella que presta a intereses bajísimos o sin ningún interés, como consecuencia de que el FMI prorrogó por tres meses –es decir, hasta para marzo- la evaluación financiera del Gobierno.

Y mientras el gran fiscalizador no diga que este país ha vuelto a la normalidad, todo el que tenga dinero para invertir en Nicaragua lo mantendrá retenido, como los fondos europeos de inversión que antes estaban destinados para vivienda popular, y ahora se mantienen en “stand-by”.

“El sector social que atendemos como Ceprodel y como Red –reconoce González- es de ingresos bajos o moderados, pero en todo caso, cuando tiene empleos, éstos son inestables, y su única posibilidad son los créditos de bajo monto a plazos de veinte o veinticinco años, lo cual es muy incierto para las actuales condiciones del sistema financiero internacional”.

¿Cómo recuperar la confianza?
En definitiva, sostiene el director de Ceprodel, esta crisis financiera en el fondo es de confianza, pero… ¿Cómo recuperarla? A su juicio, esta crisis contiene una oportunidad de oro para Nicaragua, siempre y cuando el país vuelva los ojos a su mercado interno de consumidores con productos de calidad, especialmente alimenticios.

“Hemos discutido esto con el Movimiento Comunal y prevemos confeccionar una agenda para la generación de empleos con propuestas al Gobierno para que privilegie la producción nacional a través de sus licitaciones, y que las alcaldías encarguen sus proyectos a empresas y mano de obra de cada localidad, no como sucede actualmente, que gente de Managua llega para adoquinar las calles de El Sauce, o que las obras de San Juan del Sur son construidas por gente de Estelí.

¿Por qué tenemos que seguir viendo camiones costarricenses vendiendo grandes cantidades de hortalizas en el Mercado de Mayoreo, o camiones hondureños cargados de naranjas, cuando todo eso podemos producirlo aquí? ¿Cómo es posible que en los municipios empobrecidos del norte de Chinandega, que sobreviven con pequeñas ganaderías de rastrojo, no existen árboles de limón o de aguacate?, se preguntó.

La presente crisis es la mejor oportunidad, siguió diciendo, para reflexionar y para actuar hacia un cambio de mentalidad de las personas, y sobre todo, cómo cambiar a nivel individual y social para que de una vez por todas erradiquemos de nosotros esa mentalidad de damnificados permanentes. En vez de fomentar la cultura mendigante, fomentemos la del trabajo con dignidad, porque ya el ser “pobre pero honrado” está pasando a la historia.

“Más que crisis financiera, lo que hay es crisis de valores”. A nivel micro, los pobres invadiendo tierras que no les cuestan para luego venderlas, entre otras acciones que fomenta la lenidad de las autoridades, o bien, no importar que la casa se deteriore o que la hija se corrompa a cambio de tener el celular más inteligente o el DVD de última generación.

Hemos ido perdiendo valores
“A nivel macro, los políticos viviendo como millonarios, y los banqueros jugando los fondos de sus bancos en acciones especulativas, al estilo casino, para después derrumbarse como en la crisis financiera de Estados Unidos, y en ese afán de rápido enriquecimiento, todos hemos ido perdiendo valores, acató.

Crédito, subraya González Solórzano, viene de CREER. Usted me presta porque me cree. ¿Pero cómo me va a prestar si de antemano sabe que yo no le puedo pagar porque ni me gusta trabajar ni me gusta honrar mis compromisos, y encima de esto, el manejo politiquero o corrupto del sistema judicial impedirá que usted recupere su dinero?
“Hay que restablecer la confianza, el crédito para poder seguir trabajando y progresando. De otra forma estaremos siempre condenados a la pobreza, a la mendicidad internacional y a la falta de dignidad como personas y como países”, concluye el director ejecutivo de Ceprodel.