• |
  • |
  • END

A sus 26 años cumplidos, Whitney Zimmerman, nativa de Tulsa, Oklahoma, pero residente en Birmigham, Alabama, estuvo durante once semanas en Nicaragua. Ella parece un ángel del arte renacentista, con su blanca piel, bello rostro, cabellos amarillos y verdes ojos.

Pero su misión aquí también fue angelical, porque como voluntaria, es decir, sin ganar ningún dinero, vino a promover el nacimiento de una sólida amistad financiera entre microempresarios de nuestro país necesitados de crédito, y ciudadanos sencillos de Estados Unidos dispuestos a arriesgar sus ahorros por la noble causa de ayudar a mejorar la vida de los trabajadores pobres en todo el mundo.

El programa KIVA, que significa “Acuerdo de Amistad” en la lengua africana Swahili, nació hace tres años en la república de Uganda, adonde llegaron para pasar su luna de miel los recién casados Matt y Jessica Flannery. Ellos acababan de graduarse en la universidad californiana de Stanford: el primero como ingeniero en computación, y la segunda en Ciencias Políticas con especialidad en África.

Iniciativa alocada y respuesta sorprendente
Según el relato de Whitney, el joven matrimonio pronto hizo amistades en Uganda, y descubrió que muchas familias pobres necesitaban dinero para emprender negocios nuevos, o mejorar los que ya tenían con mucha dificultad, mientras que en aquel país africano, el crédito para los pobres era inexistente.

Los Flannery, maestros a fin de cuentas en el uso de las computadoras, escribieron a muchos de sus amigos en Estados Unidos presentando los casos de ugandeses pobres, pero trabajadores y honrados, quienes necesitaban dinero, y la respuesta fue sorprendente.

La obra de Matt y de Jessica fue la creación de un gigantesco mercado de dinero en línea que desde KIVA, con sede mundial en San Francisco, California, conecta a la gente por medio de préstamos para aliviar la pobreza. El éxito del proyecto, la materialización del gran sueño, tiene su base en una milagrosa confianza que une a la generosidad de los inversionistas con la honradez de los beneficiarios, quienes siempre pagan sus préstamos, los cuales son con interés cero.

Presencia en todo el mundo
Actualmente, KIVA cuenta con fondos que ascienden a un poco más de 50 millones de dólares, y ayuda a gente pobre, pero trabajadora y honrada en Nepal, Pakistán, Vietnam, Samoa, Indonesia y Camboya. También en Honduras, El Salvador, y está a punto de abrir sede en México, República Dominicana, Costa Rica y Haití. En Sudamérica tiene presencia en Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, y pronto estará ayudando en Colombia y Brasil. En total, trabaja en 42 países con 88 instituciones.

En Nicaragua, la visita de Whitney, entre el seis de octubre y el 20 de diciembre, ha abierto un “fellow” o membresía con varios ONG sociales como Ceprodel, Afodenic, Adephca y Fundación León, a los cuales los caracteriza –-según refiere la bella norteamericana-- el hecho de operar con tasas de interés muy bajas, tener un buen enfoque social, y ser eficientes en el manejo de los fondos.

Mencionados en libro de Clinton
Actualmente, el presidente de KIVA es el hindú Premal Shah, quien coordina el trabajo de 40 empleados en la ciudad de San Francisco, otro que vive en Perú, uno en Filipinas y otro más en Uganda. Trabajan también más de 500 voluntarios, como el caso de Whitney, y en su reciente libro titulado “Giving”, el ex presidente Bill Clinton describió a esta organización y la puso como ejemplo por su funcionamiento y la garantía de su autosostenibilidad.

Los gastos operativos -–explica Whitney-- provienen de donaciones individuales, de fundaciones norteamericanas, y de los propios financistas o personas que proporcionan préstamos para los microempresarios pobres de todo el mundo.

Durante su permanencia en Nicaragua, Whitney trajo a sus padres divorciados a visitar Nicaragua en diferentes momentos. A John Zimmerman lo anduvo paseando por el occidente del país, mientras que a su madre, Robin, la llevó a Granada y a San Juan del Sur. Ambos quedaron encantados por la belleza del país y por lo amistoso de sus habitantes, y se marcharon con grandes deseos de volver.

Amistad supera seguridad
La propia Whitney se marchó de regreso a su país el sábado 20 de diciembre, con mucho pesar de abandonar Nicaragua y con ojos humedecidos por la emoción. Ella nunca olvidará los paseos con su padre por las calles de León, donde siguieron a la hora crepuscular el trayecto de una gigantona y su enano cabezón, en compañía de un generoso leonés al que acababan de conocer, y quien con mucha paciencia explicó al visitante los rasgos históricos de las tradiciones locales.

Más tarde, esa noche, Whitney y su padre se detuvieron ante las puertas de una casona solariega para contemplar la decoración interna, y sin conocerlos, el dueño de la casa los invitó a pasar adelante y a sentarse para una conversación. Por eso, y por los gestos de afecto que recibieron en grandes cantidades, padre e hija quedaron convencidos de que en Nicaragua “la amistad es más importante que la seguridad”.