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Una casa de madera nueva entregada a Betania Levans Carlos, es el mejor regalo que dice haber recibido en sus 70 años de vida. Por eso, con un poco de carbón de leña que se untó en los dedos de la mano derecha, anotó el mes 12 y el año 2008 en una de las paredes de la vivienda que estrena , para no olvidar la fecha, que considera ahora como gloriosa.

“Me siento dichosa, feliz como nunca. Doy gracias a mi Dios por estar viva todavía, a la vez estoy eternamente agradecida con el Ministerio Británico para el Desarrollo Internacional (DFIE por sus siglas en inglés) por ayudarnos a reconstruir nuestras casas, ahora más grandes, bonitas y seguras”, agradeció con las manos juntas y levantadas en señal de oración.

Doña Betania Levans, una viuda miskita, recibió las llaves de una de las primeras 15 viviendas terminadas para igual número de familias en la comunidad Butku (Paloma), localizada a 70 kilómetros de Bilwi, en el sector del llano norte.

Sueño es una realidad en Navidad
A la abuela Beta o doña Beta, como le llaman sus doce nietos y vecinos, le rodaron las lágrimas, y se le hizo un nudo en la garganta cuando se expresó, pero fue de emoción, al hacérsele realidad su sueño en esta Navidad: abandonar la casita de plástico negro por una de madera machihembrada y con techo de zinc.

Ella es parte de una de las 43 familias que vieron volar sus casas --con todo adentro-- cuando entró “Félix”, el fatídico ciclón que, en categoría Zaffir- Simpson, destruyó esta región del Atlántico el 4 de septiembre de 2007.

En Butku viven unas 600 personas, y nadie se atreve a recordar ese aciago día que pareció el fin del mundo. Si se hace referencia es para tomar las precauciones debidas, y para reconstruir y sobrevivir con menores necesidades.

En definitiva, es un punto y aparte, y todo lo que se haga en adelante es para el bienestar colectivo, como lo representan las primeras 15 viviendas entregadas por DFIE, la organización que está financiando el proyecto, el cual consiste en mejorar las condiciones de vida de los habitantes de esta comunidad, por gestión del fondo mundial para la naturaleza (WWF, por sus siglas en ingles.

Mihta Alkaia
Masangni (Semilla Verde), la cooperativa de profesionales forestales, es la ejecutora del proyecto que, en este caso, promueve el modelo de autoconstrucción de forma colectiva, acción que la etnia miskita llama Mihta Alkaia, que traducido al español significa “Tomar la Mano”, que no es más que la solidaridad entre las personas.

A la inauguración de entrega de las primeras casas asistió Rick Vander Kamp, oficial de proyectos de la Corporación Financiera Internacional para Nicaragua.

También llegó la funcionaria Alexandra Santillana, así como el representante de WWF en América Central, Spencer Ortiz, y el director de Masangni, Freddy Ramírez.

La meta de DFIE, WWF y Masangni es construir cien casas en seis comunidades miskitas, las que deberán estar terminadas a más tardar a finales de enero de 2009, según Freddy Ramírez.

Estas seis comunidades son las que forman el bloque Sipbaa, cuya identificación se deriva de la primera letra de cada comunidad, la cual, integran Sangnilaya, Iltara, Panua, Butku, Auhya Pihni y Auhya Tara, todas vecinas, ubicadas en el llano norte, y que se comunican con Bilwi y Waspam mediante un camino de tierra que se transita en época seca y lluviosa.

Cada bloque de viviendas terminadas, como en Butku, inmediatamente las entregan a las familias beneficiarias, porque éstas ya no aguantan vivir en condiciones deplorables.

Prioridad
Freddy Ramírez dijo que se está priorizando a personas de la tercera edad, discapacitados, viudas, madres solteras y familias con mayor número de niñas, niños y adolescentes.

Además, la misma comunidad es la que decidió dónde se construyen las casas y el modelo de las mismas, indicó.

Los dueños de las viviendas colaboran con la mano de obra, pero el proyecto les paga la mitad de la jornada.

En el caso de las personas que por su edad o enfermedad no pueden colaborar, acude en su ayuda un familiar de la misma comunidad, o llega de otra a participar, por la que también les cuesta, y esa es la razón por lo que prometen cuidar y dar el mantenimiento debido a las casas.

Una vivienda construida en estas comunidades se acerca a un mil 500 dólares.

Prácticas se quedan
Importante para estas organizaciones de cooperación y para la misma comunidad, es que en éstas, se quedan diez equipos de aserríos para transformar la madera, al igual que el conocimiento teórico y práctico adquirido en capacitaciones, no sólo para construir las viviendas, sino para aprovechar toda la cadena de la madera caída, con lo que resolverán sus principales problemas.

Así encontramos un taller de artesanía, donde las mujeres son mayoría, con el acompañamiento técnico de Masangni.

El colectivo es de 18 personas, 14 son mujeres, y apenas tienen ocho días, pero ya cuentan con productos que ofrecer, como caballitos de palos con ruedas, bandejas para llaveros, flores y planchas, que se elaboran con pedazos de madera, los cuales antes usaban para leña por considerarlos desperdicios.

Nazaria Dixon Zamora es la coordinadora del taller, y dijo que han sido capacitadas para elaborar a mano todo tipo de juguetes y demás artículos a base de madera.

Confió que necesitan instrumentos mecánicos, como un torno y otros equipos necesarios para esta actividad, por lo que en estos momentos tardan más en elaborar un artículo.

En los primeros meses de 2009, viajarán a Managua para ofrecer sus productos en feria.

Aprovechan madera
En Butku, sus comunitarios están aprovechando el recurso forestal que les botó el ciclón, primero para construir sus casas y luego para comercializar ese rubro en bruto y en transformación.

Crearon un sistema de transportación de tucas de madera a través de cables, que se activan de un lado a otro, y a una distancia de 200 metros, con un motor de motosierra, sistema usado más en las selvas colombianas.

Rick Vander Kamp dijo mostrarse sorprendido porque la comunidad de Butku se ha apropiado del recurso forestal con un enfoque de manejo sostenible y con una visión empresarial, que, en el mediano plazo, proyecta lograr un desarrollo modelo. Propósito que estaría siendo asegurado, porque la cooperación de estas organizaciones no es circunstancial, sino permanente, con la presencia de Masangni, que promueven cambios de gestores para el desarrollo económico y humano de estas comunidades.