Oliver Gómez
  •  |
  •  |
  • END

Cultivar hortalizas, granos básicos y frutas, les ha generado ingresos suficientes para mantener a todas sus familias. Además, se han convertido en seis cooperativas con personalidad jurídica, y hasta han mejorado el nivel nutritivo de sus comunidades.

Es la experiencia de unos 300 núcleos familiares de Masaya y Carazo, que ahora ven el producto de dos proyectos de los organismos Plan Internacional y la Liga de Cooperativas de Estados Unidos de América (Clusa, por sus siglas en inglés).

“El aprendizaje, las herramientas y la tecnología que se ha implantado en las comunidades por medio del proyecto, son las herramientas que ellos van a utilizar para prevenir el problema de desnutrición infantil”, apuntó Horacio Torres, representante de Plan Nicaragua.

Después de cinco años de implementación de los proyectos “Familias trabajando juntas por la seguridad alimentaria” y “Seguridad alimentaria y agricultura sostenible con énfasis en café”, estos grupos de microproductores se han transformado en unidades con capacidad productiva, alimenticia y de agro mercado.

Eso lo demostraron en Masatepe, donde se realizó hace pocos días una feria y acto de clausura de ambas iniciativas, que han beneficiado a centenares campesinos que poseen pequeñas parcelas de media a dos manzanas en 24 comunidades de ambos departamentos.

Con el proyecto dedicado al “grano de oro”, se trabajó el mejoramiento de las plantaciones y manejo poscosecha, mediante el establecimiento de despulpadores manuales, beneficios húmedos y cuatro minilaboratorios de control de calidad y captación del producto.

Los minilaboratorios son operados por 25 jóvenes catadores que han desarrollado capacidades para el control de calidad del grano. Se establecieron 10 bancos de semillas de granos básicos y otros diez de retención de cosechas, para mejorar la disponibilidad de alimentos en las comunidades participantes.

En las pequeñas parcelas de café, las familias diversificaron sus cultivos con productos que alcanzaron nivel de comercialización, como: zanahorias, cebolla, chiltoma, lechugas y frutales. Al mismo tiempo, desarrollaron un sistema de vigilancia del estado nutricional de las niñas y de los niños, y se ha estimulado una dieta alimenticia, acorde con las capacidades y necesidades nutricionales.

Como parte del monitoreo nutricional, ahora, periódicamente, realizan actividades de pesaje de las niñas y niños para controlar el estado de salud.

“Antes no estábamos acostumbrados a variar los alimentos. Sólo se consumía arroz y frijoles. Ahora con estas capacitaciones hasta las hojas verdes las hemos hecho alimentos nutritivos, que nos han dado grandes resultados con los niños”, señaló Yadira Muñoz Acosta, de la comunidad Las Crucitas, en Niquinohomo.

Cesar Aburto Traña, un humilde productor, ahora preside la Cooperativa de Servicios Múltiples “El Granero”, nacida de cuatro comunidades de El Rosario, Carazo.

Dijo que están tocando puertas en las alcaldías, el INTA, el Mag-For y otras instituciones, para que los sigan apoyando.

“Recordemos que nos esperan días duros, caminos con espinas, porque ahora somos nosotros los que vamos a gestionar para nuestras comunidades”, afirmó Aburto Traña.

Y es que ahora, ambos proyectos tendrán continuidad en manos de las propias familias beneficiadas, pues las niñas, los niños y los adolescentes de esta región donde Plan Nicaragua intervino, desarrollaron habilidades y conocimientos alimenticios y nutricionales.

“Ahora variamos los alimentos, como la zanahoria que es buena para la vista”, indica Mercedes Chávez, una niña de Masaya que habla como si fuera una experta nutricionista.

El impacto de los proyectos es significativo para un país donde, conforme al último censo de niñez 2007, el 17 por ciento de las niñas y niños menores de cinco años se encuentran en un estado de desnutrición crónica y la tasa de subnutrición se eleva al 27 por ciento.