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Recibir un crédito para mejoramiento habitacional, administrarlo eficientemente y aplicar el esfuerzo propio de los beneficiarios (también llamado autoconstrucción) con asesoría y acompañamiento técnico, es la fórmula mágica para que ahora 375 familias pobres de Managua vivan con más seguridad, comodidad y dignidad que antes, mientras pagan el préstamo recibido con mensualidades e intereses que no les quitarán el pan de la boca.

Estas 375 familias pertenecen a un grupo mayor de 1,200 beneficiarios quienes el pasado cuatro de noviembre en el centro de convenciones Plaza Inter recibieron sus bonos crediticios del programa “Casa Mejor”, por un monto de dos y medio millones de dólares que lanzó el gobierno de la República en octubre de 2008, durante su encuentro con los organismos no gubernamentales de todo el país que trabajan en proyectos de vivienda social.

Este programa le fue encomendado por el presidente Ortega al secretario adjunto del Conpes, Gustavo Porras, para que lo ejecutara en conjunto con la federación de ONG denominada Red de Vivienda, y en este contexto el Movimiento Comunal Nicaragüense (MCN), con su tendido de barrios, comarcas y pobladores a nivel nacional, escogió a los primeros 1,200 beneficiarios para recibir bonos crediticios de 700, de 1,200 y hasta de 1,500 dólares cada uno, según fuera su grado de pobreza, sus necesidades reales y sus capacidades de pago.

Así las cosas, un ONG de la Red de Vivienda, el Centro de Promoción del Desarrollo Local y Erradicación de la Pobreza (Ceprodel) escogió a un grupo de 375 beneficiarios para meterse de lleno al programa apoyando a estas personas de manera completamente gratuita mediante capacitación en el uso de la cuartilla de autoconstrucción, la impartición de charlas organizativas y el aporte de diez albañiles expertos que acompañaron durante cuatro semanas agotadoras el esfuerzo de cada familia, donde todos los miembros, inclusive los niños al regresar de clases, aportaban lo suyo para el amarre del hierro, el transporte de arena, la excavación de zanjas y otros menesteres y que así, los albañiles pudieran avanzar más rápido en el llenado de vigas, el pegado de bloques o el repello de paredes.

Todo esto lo asumió Ceprodel gracias al aporte específico del Centro Cooperativo Sueco (CCS) por la suma de 140 mil córdobas, en tanto que el gobierno, a través del Ministerio de la Presidencia, cubría el valor del bono crediticio suministrando al costo los materiales de construcción, y simultáneamente, la Caja Rural de Nacional (Caruna) se encargaba de aprobar y manejar los créditos a cuatro años de plazo, con seis meses de gracia, a una tasa de interés del cuatro por ciento anual.

En muchos casos, los beneficiarios entusiasmados hicieron uso de ahorros personales y familiares para aumentar las áreas construidas o restauradas por montos aun mayores de los que cubrió el bono del programa gubernamental. Emulando a Ceprodel, y se espera que otros ONG también lo hagan, Hábitat para la Humanidad también se acaba de sumar al esfuerzo de apoyar a los vecinos que quieren mejorar sus viviendas con el citado programa oficial.

La vecina Silvia Almanza, una de las beneficiadas por el bono y la ayuda técnica de Ceprodel, expresó que otras instituciones públicas y privadas debieran impulsar esta clase de programas, y que si bien hubo diferencias entre las necesidades reales de cada familia y el monto del crédito recibido, en cambio, “todos descubrimos el significado del trabajo solidario y organizativo como forma de aumentar los beneficios”.

Genoveva Medina, cuya familia entera participó en los trabajos de la casa, expresó que la obra tuvo un fuerte impacto comunitario, ya que muchos vecinos se acercaban a preguntar cómo habían hecho para mejorar la vivienda, y de qué manera ellos también podían ser beneficiados.

Como saldo positivo y beneficio permanente de toda esta jornada, varios de los diez albañiles que aportó Ceprodel tuvieron la inspiración de organizar una cooperativa de constructores a fin de crecer en número y estar siempre disponibles para trabajar en esta clase de proyectos.

De modo que ahora los albañiles Laureano Garmendia, Danilo Mairena, José Luis Mejía Álvarez, Arnoldo Pasquier Robleto, Marcos Dávila, Manuel Bonilla, Oscar William Pérez y Miguel Ángel García, también están motivados y dispuestos a engrandecer la lista de más nicaragüenses comprometidos con el sueño habitacional de los pobres.