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Hace ocho días Roxana Ruiz, de 19 años, se puso a prueba. Se sometió a un trasplante de riñón que requería desde hace diez años, debido a una insuficiencia renal crónica que padece.

¿Cómo lo consiguió? Con apoyo médico y familiar. “Mi hermano fue el donante, me donó su riñón. Y así lo conseguí. Los médicos también me ayudaron”, dice la chavala, quien --por ahora-- muestra pocas ganas de hablar.

Es la menor de diez hermanos. Su familia vive en el barrio San Judas de Managua, y es de escasos recursos. Cuenta que para someterse a la operación tuvo que dejar de estudiar.

“Ahorita (en 2009) iba para cuarto año de secundaria, pero como me pensaba operar decidí hacerlo hasta el próximo año. Tengo que esperar para eso, pero estoy contenta porque todo salió bien”, refiere en su lecho de convaleciente.

Ruiz actualmente se recupera en la sala de Nefrología del Hospital Infantil “La Mascota”. Allí la muchacha permanecerá durante 21 días, y eso le costará al Ministerio de Salud, Minsa, como mínimo, 800 dólares por los medicamentos anti rechazo que se deben proporcionar a estos pacientes por su condición.

La jefa de la Unidad de Nefrología, Mabel Sandoval, detalla que el trasplante de Ruiz es el cuarto del año. “Lo efectuamos gracias a que la joven tuvo un donante y gracias al apoyo de la Asociación para Niños Nefropáticos de Nicaragua, a la Asociación Bambino Nefropáticos de Milán, Italia, y al Minsa”, destaca.

Sandoval especificó que previo al trasplante, a Ruiz y al donante les realizaron pruebas de compatibilidad, que conllevan un costo de 2 mil dólares. “Ese dinero, sin embargo, no lo asumió la familia, sino las asociaciones”, apunta.

La cirugía implicó siete horas. “Las intervenciones quirúrgicas son prolongadas en estos casos, porque se tiene que conectar el riñón donado a las arterias y vasos sanguíneos de la paciente y esperar a que se acoplen”, explica Sandoval.

De acuerdo con la especialista, a la fecha tienen a 21 niños que esperan por una cirugía de esa naturaleza. “De esos, diez menores no tienen donante, porque sus familiares no están sanos o no son compatibles. Entonces seguirán en espera”, refiere.

La meta del hospital es realizar, con apoyo de las asociaciones descritas, un trasplante por mes. El próximo será en junio. “Queremos hacer 12 trasplantes al año, pero si sólo realizáramos diez tendríamos un buen año”, apunta.

La sobrevida de un riñón donado es de hasta 30 años. “Hay pacientes incluso que llegan a los 80 años y fallecen de otra cosa, menos por el riñón donado, porque hay un cuido de por medio”, subraya Sandoval.