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Unos 20 jóvenes se ríen y gritan palabras en inglés a la profesora que está en el centro de la clase. Están jugando: ellos tienen que averiguar sobre una persona famosa. ¿Es hombre? –“Sí”, dice la profesora. ¿Es actor? “No”, responde. ¿Es cantante? “Sí”. ¿Es negro? “Era negro”, contesta la profesora. ¡Es Michael Jackson!, grita una estudiante. “Correcto”.

De esta manera, 81 jóvenes mejoran su inglés en el campamento de verano en Tepeyac, en las afueras de Granada. Participan niños de 12 años hasta jóvenes de 18, y vienen de toda Nicaragua. Ellos cumplieron las exigencias necesarias para entrar el programa “Campo de Verano de Inglés Intensivo”, que se realiza por segunda vez en Nicaragua. Está dirigido a estudiantes sobresalientes de secundaria, de escuelas públicas, provenientes de familias con bajos recursos económicos.

Entre ellos está Darwin Antonio Barrios, de Mérida, Ometepe. El joven tiene 15 años. Desde hace dos años trabaja en un hotel para ayudar a sus padres. El dueño del hotel se encontró una página web de la Embajada de los Estados Unidos, que hacía la convocatoria. Entonces Darwin Antonio Barrios hizo la solicitud y aplicó. Él fue uno de 160 jóvenes que en total aplicaron. Algunos conocieron del programa por anuncios de radio o televisión.

Desde las comunidades

Sólo la mitad de los candidatos tenía suerte o hablaba el inglés suficiente. Una ventaja para Darwin es que ya sabía bastante inglés, porque aprendió con las turistas en el hotel. Darwin comenta que sólo con el inglés que aprendió en la escuela pública no hubiera pasado la entrevista telefónica del programa.

“El 40 por ciento de los jóvenes salen por primera vez de su comunidad”, dice Lizzete González, Coordinadora de Logísticas de la embajada estadounidense. Y aquí se reúnen y practican su inglés: en diferentes salas del dentro de retiros espirituales El Tepeyac. Se levantan a las seis de la mañana y luego tienen clases intensivas en pequeños grupos. A continuación asisten a clases de cultura estadounidense, van a excursiones, en la tarde hacen tareas, y para terminar el día dedicado al inglés exhiben una película. El descanso nocturno es a las 9:30.

Los participantes aprecian el programa intenso. “Aunque los días son duros, los niños se levantan sin quejarse y colaboran”, se alegra la encargada de programación, la norteamericana Misty Ferguson. Unos seis profesores voluntarios vienen de Estados Unidos y cuatro profesores son de Nicaragua. El programa para los niños cuesta 19 mil dólares en total. Pero los estudiantes no tienen que pagar nada, sólo su pasaje. Además, reciben libros de ejercicios y un diccionario. Este programa es impulsado por varias instituciones, entre éstas, la embajada de EU, el cuerpo de paz de EU y el Centro Cultural Nicaragüense Norteamericano.

Jóvenes van de multiplicadores

Según la coordinadora González, estos programas tienen un efecto multiplicador. Los estudiantes transmiten su experiencia y su conocimiento de inglés a los demás en sus escuelas. Además, les ayudará a encontrar un trabajo en Nicaragua, y el perfeccionamiento del idioma les dará la oportunidad para participar en programas de acceso en universidades de Estados Unidos.

El joven Darwin Antonio Barrios sueña con ser profesor de inglés o guía turístico algún día. “Me gusta comunicarme con los turistas y atenderlos”, dice Darwin antes de volver a su clase. Como los otros 80 estudiantes, él aprovechará estudiar inglés hasta el último día, que será el sábado próximo. Más jóvenes nicaragüenses tendrán la misma oportunidad: el próximo campamento de verano en Nicaragua ya está planeado.