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Colaboración

La historia de Nicaragua está marcada por la práctica del béisbol, uno de los deportes más caros en cuanto a presupuesto se refiere, sin embargo, la necesidad de los jóvenes de iniciarse en esta disciplina y su ingenio al improvisar el equipamiento se han coludido en algo que ya es tradición en las calles: la confección de la pelota de trapo.

Existen tantas historias acerca de las primeras improvisaciones de esta pieza vital del béisbol, como la materia prima y los procedimientos que se emplean para la confección de las mismas. No se trata de la pelota oficial, cuya circunferencia oscila entre 22.5 y 24 centímetros, sino aquella que con tela y calcetines ensayan niños y adultos en la calles para hacer de este deporte el que ahora reina en nuestro país.

Dejar las naranjas

Cada rincón de Nicaragua tiene algo qué contar en esta historia y Somoto tiene la suya. Armando Núñez, un reportero de oficio de la vieja escuela del periodismo dice que en su niñez todo era muy diferente. “Antes nosotros jugábamos con naranjas, con bates de tijuilote y a la mano pelada… Ahora todo ha cambiado debido a la globalización”, apuntó.

“Antes se jugaba en línea con dos bases solamente. Las reglas eran abundantes porque nosotros mismos las inventábamos”, explica Núñez ahora en su tercera edad, con un tono lento, recordando sus tiempos de infancia.

“Los jóvenes antes eran más creativos”, reflexiona con entusiasmo, mientras se rasca la cabeza con su mano derecha, la misma que ocupa para escribir en la revista mensual “Musunce”.

“Mi primera bola de trapo me llegó cuando estábamos jugando en un patio en donde el dueño tenía el apodo de Polo Corrales. Ahí me reunía con mis amigos a jugar béisbol… nos regaló una media, un calcetín, para elaborar una pelota y que no siguiéramos con las naranjas”, recuerda Núñez.

Historias de pelotas

En la edición de junio de 2009 de la revista Musunce, se puede encontrar un artículo publicado por Núñez, titulado la “Historia del Béisbol Somoteño”. Explica que en 1948 los equipos juveniles de béisbol jugaban con bates artesanales, los guantes hechos de lona y con las bolas de trapo. Todos estos materiales eran elaborados por el difunto Jesús Barrantes (q.e.p.d).

Otro Somoteño que recuerda sus años de infancia es Ediberto Pérez, un campesino de marcado acento norteño. “Yo jugaba descalzo, habían pocos chavalos que tenían zapatos para jugar. Me acuerdo que en ocasiones me robaba los calcetines de mi hermano”, confesó Pérez.

Este señor ubica su historia en una finca cerca del sector nueve del municipio de Somoto, donde había un “palo de hule” al cual le extraían una sustancia para darle forma redonda a las pelotas y después amarrarla con hilachas de calcetines. “Para terminar le untábamos un poco de cera para moldear la forma esférica”, indicó.

Fabricando las piezas

Faustino García, un jugador veterano de béisbol en Somoto, opina que “con el tiempo se fueron eliminando las diferentes formas de jugar, y la pelota de calcetín o de trapo, se fue innovando en las calles, de donde salían los pilares para las ligas de la zona”.

“Uno buscaba como hacerlas de puro hilo, cuando jugaban los barrios contra barrios. No había ligas mucho menos un organizador o una directiva”, señaló. Esta misma pelota de trapo no es recomendada para quienes pretenden dedicarse a este deporte como profesión, sin embargo, son muy pocos peloteros los que han podido esquivarla en su formación, tanto al utilizarla como fabricarla.

Daniel Ruiz Hernández tiene 23 años y es muy conocido cerca del estadio, en el barrio El Bóer, por su arte de elaborar pelotas de trapo desde hace diez años. “Yo jugué muy poco béisbol. Me dediqué más a hacer pelotas de trapos ya que miraba las ganancias que dejaba. Además, muchos de mis vecinos y familiares me dijeron dedícate a fabricar esas pelotitas”, señaló.

Entre las cuatro y las seis de la tarde, durante los fines de semana, más de una calle de este barrio se convierte en campo de béisbol. Niños, jóvenes y adultos se “toman” cuadras enteras y utilizan las piezas de Ruiz para jugar al béisbol. Vende hasta 350 pelotas a la semana, según explica este joven diestro y de pocas palabras.

Ruiz explica que vende “tres pelotas por cinco córdobas y hago otras a ocho varas (córdobas), que son de cocidas dobles y les hecho pega para socarlas más”. Mientras explica el negocio, sus manos están ocupadas zurciendo una pelota con tiras de ropa color azul y con hilo blanco.

Mil pesos semanales

Ruiz asegura que gana “unos mil pesos a la semana” en este negocio, y por eso ni detiene la mirada al contestar, pues zurce con afán sentado sobre una piedra plana. “Por lo general compran los vecinos y vienen de barrios como el Andrés Castro, El Recreo y Monseñor Lezcano”, señaló.

Con un tono más fuerte aclara que consigue su materia prima “en una tienda de Ciudad Jardín que se llama El Retazo. Compro por libra allí”.

Termina de fabricar la última pelota de trapo y comienza a guardarlas todas, incluyendo las tiras y sus diferentes instrumentos para zurcir. “Ya me voy”, dice Ruiz, buscando la ganancia de hoy.

Marcelino Torres, un anciano de 60 años originario de El Rama, es un especialista en hacer estas pelotas y es muy conocido en el barrio “Farabundo Martí”. Tiene tanto tiempo de dedicarse a este trabajo que no sabe cuándo empezó.

“No tengo otra cosa qué hacer, si fuera rico tuviera de todo”, expresa Torres, con voz aguda. Sobrevive de la venta de pelotas, las ofrece en tres por cinco córdobas. Fabrica las pelotas de una forma muy ligera, las zurce con mucha determinación y les coloca un doble hilo sobre la superficie de tiras de ropa que moldeó en forma circular.

“A algunas pelotas les meto cuatro yardas de hilo para que queden más socadas”, explica el anciano, que no tiene familiar para cuidarlo. Es un solitario que se dedica a su trabajo en la sombra de un árbol de guayaba que adorna su patio.

Torres tiene problemas de salud y psicológicos, pero esto no afecta su devota creencia en Jesucristo. Agradece a Dios por todo y sin ánimos de arrepentimiento, mucho meno de desprecio a la vida que decidió tomar.

“Recuerdo que yo vivía al otro lado de esta casa y de ahí me robaron 23 bolsas de pelotas de trapo con tiras de ropa”, relató, declarándose totalmente desinformado sobre las últimas noticias de béisbol en el país. “En lo que estoy informado es cómo tengo que hacer para poder comer”, agrega.