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Nicaragua aparece en el último informe de la Asociación Mundial de Energía Eólica (WWEA, por sus siglas en inglés), como el sexto país en el orden latinoamericano que mejor aprovecha el viento para generar energía eléctrica, y además, ocupa el número 12 de importancia a nivel mundial. El Consorcio Eólico Amayo S.A. es el responsable de estas cifras en su primer año de operación del plantel ubicado frente al Lago Cocibolca.

En el Informe Estadístico Anual WWEA, los funcionarios del organismo precisan que los proyectos de esta naturaleza el año pasado mostraron la más alta tasa de crecimiento (31.7%) desde 2001, pues ahora en el mundo se reporta una capacidad instalada de 159 mil 213 megavatios, de los cuales 38 mil 312 se agregaron en 2009.

Entre las nuevas iniciativas destacan y dan la bienvenida a Nicaragua, “un recién llegado a la lista de los principales países de América Latina que por primera vez tiene instalado un parque eólico grande conectado a la red”.

Nicaragua sigue escalando
Y es que la región latinoamericana es la única que duplicó sus instalaciones eólicas en 2009, gracias a los nuevos proyectos impulsados por los gobiernos de Brasil y México. De continuar dicho crecimiento, WWEA estima que la capacidad mundial se duplique cada tres años, y una muestra es que en 2010 espera 200 mil megavatios adicionales.

En esta nueva producción ya figura Nicaragua, que, seguramente, en el próximo informe seguirá escalando peldaños pues en febrero pasado registra el inicio de operaciones de otro plantel de Amayo: la segunda fase.

Sean R. Porter, Gerente General del Consorcio Eólico Amayo S.A., explicó que la construcción de la segunda fase del Parque Eólico de esta empresa fue integrado al Sistema Interconectado Nacional (SIN) en febrero pasado, y en los tres meses siguientes la firma alcanzó los primeros récord de generación.

12 años luchando
“Se construyó y se puso a operar en tiempo récord un proyecto de esta envergadura. Todo fue en cuestión de tres años, partiendo de cero. Ahora Amayo tiene una capacidad instalada total de 63 megavatios con su segunda fase”, destacó Porter.

Así recuerda el funcionario todo su recorrido en la ejecución de este proyecto, pero apuntó que la iniciativa original realmente comenzó hace 12 años, cuando la compañía Energía Eólica de Nicaragua (Enisa), inició los estudios de viento en el departamento de Rivas.

La historia completa se encuentra en los archivos de la Empresa Nicaragüense de Electricidad (ENEL), que registra los primeros estudios de Enisa después de promulgada la Ley de la Industria Eléctrica (número 272), el 23 de abril de 1998. Para entonces, el gobierno de Arnoldo Alemán anunciaba la segmentación del mercado energético mencionando dichas mediciones como “exploración de otros recursos”.

Viento medido desde 1999
Los técnicos de Enisa aparecen en dichos archivos realizando mediciones de viento en 1999, pero es hasta mediados de 2000 que detallan los primeros resultados, cuando ENEL usó esos datos para anunciar una licitación internacional de una licencia para generar 22 Megavatios de energía eólica en Rivas, Malacatoya y Tecolostote.

De este proceso no se supo más y tampoco hay documentación final en la base de datos de ENEL. Sólo aparece cancelado sin razón alguna. Es hasta noviembre de 2005 que reaparece una nueva licitación pública para un proyecto de energía eólica en Nicaragua, como parte de la recién aprobada Ley para la Promoción de Generación Eléctrica con Fuentes Renovables (número 532).

El proyecto fue adjudicado en 2006 al Consorcio Amayo, con una licencia por 30 años, y el contrato se firma el 12 de febrero de 2007. El Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) cedió un crédito por 71 millones 250 mil dólares para financiar la primera fase de construcción.

En el contrato se acordó que esta planta vendería su producción a las distribuidoras de Gas Natural/Unión Fenosa por 15 años, y con un precio no indexado al referente del combustible. Además, no se pagaría precio por potencia y sería priorizada su transacción en lugar de la energía generada a base de los derivados del petróleo.

Primera fase: 19 torres
“A inicios de 2008 empezaron las obras civiles en Rivas y en la construcción de la planta se generó unos 250 empleos en la zona”, según Porter.

El Centro Nacional de Despacho de Carga (CNDC), el punto neurálgico de la administración y control de la energía eléctrica de Nicaragua, registra en sus archivos que Amayo se conectó por vez primera en enero de 2009, pero fue hasta el 16 de febrero que entregó su primera producción oficialmente. El gobierno celebraba tanto la entrada en operación de esta planta, que Emilio Rappaccioli, titular del Ministerio de Energía y Minas, MEM, anunciaba cada semana que el próximo viernes sería conectada. “Es que el trabajo fue duro, y las autoridades ayudaron mucho para que fuera una realidad esta primera fase, la primera energía eólica a gran escala en Nicaragua”, indicó Porter.

Cocibolca sopla
El plantel fue ubicado exactamente en el terreno donde fue medido el viento por Enisa, en Rivas, a orillas del Gran Lago Cocibolca. Son unas 20 hectáreas que fueron arrendadas a las familias Barrios y McGregor, entre los poblados de El Limón y Mérida, en el kilómetro 129 de la carretera (Panamericana) hacia Peñas Blancas.

En esta primera fase se instalaron 19 generadores de turbina eólica marca Suzlon Energy, modelo S88, con un Sistema de Control Avanzado que incluye censores calibrados para el monitoreo de factores como temperatura, velocidad del viento (de entrada, procesamiento y de salida), vibraciones, corrosión y otros.

Cada una de las 19 torres de acero de 80 metros con su aspa de rotor, tiene una capacidad máxima de generación de 2.1 megavatios de energía, cuando existe una velocidad de viento que entra a cuatro metros por segundo (m/s), se procesa a 14 m/s y sale a 25 m/s.

Es decir, que en este terreno se instaló una infraestructura que tiene una capacidad de producir hasta 39.9 megavatios de energía eléctrica, además de un centro de control y su respectiva subestación de 230 Kilovoltios (kV) con su transformador de corriente de 100 Megavoltiamperio (MVA).

Segunda fase: 11 torres

Para entonces, el consorcio Amayo estaba integrado por cuatro compañías: la nicaragüense Enisa, la guatemalteca Centrans Energy Services y las estadounidenses Ashmore Energy International (AEI) y Arctas Capital Group.

En noviembre de 2009, Amayo todavía no le sacaba su capacidad total de producción a la planta, pero el consorcio inicia la construcción de la segunda fase en el mismo terreno: 11 aerogeneradores adicionales (23.1 megavatios). La licencia de generación por 30 años fue otorgada por el Ministerio de Energía el 23 de octubre de ese año.

Estas nuevas torres tienen las mismas características de las instaladas en la primera fase, y fueron financiadas con un préstamo de 50 millones de dólares del BCIE. Es decir, que el crédito total de este organismo supera los 120 millones de dólares en dos fases separadas, pero con un plazo de 15 años por igual.

Todo completo en febrero 2009
Este segundo proyecto se conectó al sistema de energía de Nicaragua en febrero pasado, cuando Amayo contabilizó un total de 30 torres operando con una capacidad total instalada de 63 megavatios de energía eléctrica.

“Es el parque eólico más grande de Centroamérica, y coloca a Nicaragua entre los primeros seis países de Latinoamérica que aprovecha mejor el viento para la energía eólica”, expresó Porter, el gerente de Amayo, quien subrayó que eso representa que Nicaragua dejó de comprar cada año 400 mil barriles de petróleo para producir energía con plantas térmicas.

Explicó que la energía generada con las 19 torres de la primera fase de Amayo, se vende a Fenosa con un precio fijo de 86 dólares con 25 centavos por megavatio, pues así se firmó en el contrato de 2006, tomando en cuenta un margen de indexación cada año.

La producción de las 11 torres adicionales, es decir, de la segunda fase de Amayo, se vende a 92 dólares netos por megavatio, pues así se firmó en el contrato de 2009. “Cada megavatio que metemos al sistema está sacando uno que vale el doble, y que es producido con combustible fósil (petróleo). Todo lo que se produce se vende”, agregó.

Reducen emisiones de carbono
La primera fase del proyecto está validada y registrada por Naciones Unidas desde abril de 2009 como un proyecto que utiliza un Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) que reduce las emisiones de carbono, lo que le garantiza bonos de capital al consorcio.

“La primera fase de Amayo ya está recibiendo los bonos. Cada año se contrata a un verificador, un experto independiente que hace el estudio y luego se envía a ONU. Ellos mandan su resolución anual”, mencionó el gerente, “reducimos más de 200 mil toneladas de emisiones de carbono por año y estamos gestionando lo mismo para Amayo II”.

Aseguró que la compañía tiene contratadas 20 personas de forma directa, pero son unas 80 en total, al incluir los subcontratos. “Las turbinas están encendidas en todo momento y siempre están produciendo algo”, dijo Porter, quien refirió que los mejores vientos de la temporada terminaron en la última semana de mayo pasado, con la llegada de las primeras lluvias que confirmaron los pronósticos del Ineter.

Los técnicos de Amayo están pendientes de los informes del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), pues explicaron que “a inicios de noviembre empieza la temporada de viento, la que termina con la llegada de las primeras lluvias en mayo… Hay una relación inversa entre el viento y el agua”.

Buena calidad de viento
Sin embargo, ellos indican que en los meses de diciembre, enero y febrero de cada año se registran los mejores vientos para generar energía, y de febrero a mayo el asunto varía en dependencia de las condiciones atmosféricas del ciclo natural.

A manera de ejemplo, el titular de Amayo asegura que en marzo, abril y mayo pasado registraron la máxima generación de energía eléctrica (toda la capacidad instalada de las dos fases: 63 megavatios), gracias a la calidad de los vientos que hubo en Rivas, pero con la llegada de la temporada de lluvia bajó el nivel drásticamente.

Porter afinó que el mejor viento es aquel que tiene una intensidad permanente en el tiempo y no las eventuales rachas que hay en diversos puntos del país, por eso descarta El Crucero como una zona potencial. “Lo que se necesita para generar no es un viento fuerte e inestable, sino todo lo contrario, un viento permanente y sin variaciones”.

“El viento no ha sido de lo mejor en la temporada seca de este año debido al fenómeno de El Niño, que ha afectado pero siempre hay un año de mucha lluvia y poco viento, y luego es al revés. Por eso tenemos la esperanza de que viene el mejor año”, estimó Porter.

La empresa considera los meses de junio, agosto y septiembre como un buen tiempo para ejecutar labores de mantenimiento, porque la producción es baja debido a la calidad de los vientos. “Aunque, entre junio y noviembre, cuando llega la canícula, se pone bueno el viento pero eso es temporal”, dijo el gerente.

Acciones de Amayo
La compañía nicaragüense Enisa ostenta el cinco por ciento de las acciones de Amayo. En mayo de 2010, AEI adquirió toda la participación accionaria que tenía Arctas, convirtiéndose así en el único accionista estadounidense. Ahora tiene el 47.5 por ciento, igual que la guatemalteca Centrans Energy. Las dos últimas también comparten acciones en plantas como Tipitapa Power y Energética Corinto.