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En reiteradas ocasiones, el barrio Manchester ha sido noticia por las evacuaciones de sus pobladores. Está situado a orillas del lago Xolotlán, y en reiteradas ocasiones se ha dicho que les han dado terrenos en otros lugares, los venden y regresan al sitio riesgoso.

Pero ellos cuentan otra historia. Un asentamiento de entre 47 y 50 casas son las que quedan todavía en un lugar cada vez más cerca de la parte más sucia del lago.

María Jamileth González, cargando a su niña de meses, se queja de la Alcaldía de Managua porque no se ha preocupado por hacer nada por ellos.

A un lado de donde se realiza la entrevista pasa una corriente de agua sucia que lleva gran cantidad de excrementos, y que amenaza con llegar hasta las pocas casas del lugar.

“Toda esa chanchada viene de varios hospitales”, dice Ana María López, otra pobladora que muestra su resentimiento contra las autoridades municipales, que según afirma, no han llegado ni siquiera a hacer una valoración.

En un pedazo de tierra, a la orilla del lago, conviven estas familias en condiciones deplorables, agudizadas ahora por las lluvias que traen más inmundicia que nunca, denuncian los pobladores.

De forma que el problema ya no es si se reubican y regresan, o si les dan un pedazo de tierra y después la venden, si no la pobreza en que viven.

El lago poco a poco se ha ido llenando de nuevo, tragándose las humildes viviendas que estaban, hasta hace varios meses, en sus orillas.

Estas familias han tenido que salir hacia las zonas más altas del mismo barrio, donde se encuentran con la resistencia de otros pobladores, igualmente pobres, que consideran que el lugar ya está saturado.

Trabajo inconcluso de la Alcaldía

Según pobladores afectados, el problema no ha sido el invierno, sino una obra inconclusa de la Alcaldía, la cual inició hace cuatro meses, cuando hizo una gran zanja donde supuestamente construirían una ampliación del Malecón de Managua, que más tarde se sacó del presupuesto.

La población asume que la Alcaldía lo hizo para provocar más inundaciones y obligarlos a irse. Pero hasta el momento la posición es demandar al gobierno que los reubique en una zona más segura, y, sobre todo, con las condiciones necesarias.

“Sería justo que el gobierno nos reubicara, ¡porque hay tantas tierras desocupadas! Esto es una grosería, mientras ellos (gobernantes) están durmiendo en su gran mansión, los pobres aquí estamos acabados”, dijo entre sollozos Margarita Benavides.

Johana Janeth Soza López, otra pobladora, narra su calvario cada invierno, al tiempo que nos muestra lo que queda de su casa.

“Allí andan las personas que no querían salirse para irse a los mamarrachos que les dieron y no resuelven nada”, afirmó Soza, quien añadió que para colmo, con la subida del lago, han aparecido lagartos que mantienen en zozobra a la población de este lugar.