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Fidencio Calero fue parte de una de las tantas pandillas que estremeció el corazón de cada habitante del barrio “Jorge Dimitrov”, donde la enemistad se escribía con sangre. Pertenecía a la pandilla Vatos Locos, y se disputaba el territorio con dos agrupaciones más: Los Puenteros y Los Galanes.
Entró al grupo con apenas 13 años, y recibió una capacitación básica en el uso de armas de fuego y armas blancas. Allí conoció la droga, y vivió bajo la ley del más fuerte. Pero un día su vida cambió.
Conoció a una joven que lo llevó a un proyecto de reinserción social impulsado por la Organización Cantera, llamado Jóvenes Constructores.
Hoy, Fidencio tiene su propia empresa de construcción y hasta colaboró en construir una preventiva de la Policía Nacional en el barrio, volviéndose un aliado de quienes eran sus mayores enemigos en el pasado.

Proyectos cambian vidas
Según explica Martha Lorena Núñez Salgado, coordinadora del programa de juventud en el barrio, Cantera comenzó su programa de intervención hace ocho anos, pero no fue sino hasta hace dos años que decidió trabajar directamente con las pandillas.
“Nuestra idea era rescatar a jóvenes que pertenecían a las pandillas o en riesgo. Iniciamos con 24 jóvenes, trabajando temas como la inserción laboral, la construcción de la preventiva, el aprendizaje de habilidades para la vida, el cuidado del medio ambiente y la elaboración de un plan de negocios. Para hacer todo esto recurrimos al apoyo de la Policía Nacional, del Inatec (Instituto Nacional Tecnológico) y de la Alcaldía de Managua”, agregó.
Fue así como en 2008 comenzó un proyecto llamado “Jóvenes Constructores”, a través del cual se edificó una preventiva.
“Fue un proceso lento, pero exitoso. Al inicio, muchos jóvenes no querían porque no podían pisar el territorio de las pandillas rivales ni los podíamos tener en el mismo lugar, así que tuvimos que trabajar con ellos por separado. Pero hoy estos jóvenes han dejado sus rencores atrás, muchos son amigos y nos ayudan como portavoces para incluir a otros jóvenes”, explicó Núñez.

Otro plan
A raíz del éxito de este programa, Cantera creo otro llamado Plan de Negocios. “Nosotros identificamos la necesidad de darle al joven las herramientas para crear su propio negocio. Porque muchos de estos jóvenes no encuentran trabajo, y eso los incita a ser parte de las pandillas. En este programa los jóvenes reciben capacitación sobre estrategias de mercado, elaboran un proyecto y lo defienden ante un jurado. Si califican, se les da un capital de entre 200 a 400 dólares”, afirmó Calero.
Actualmente en el barrio se han creado más de 50 microempresas que incluyen tortillerías, tiendas de ropa, comida rápida, reparación de electrodomésticos y constructoras.
Unido a esto también funciona otro programa llamado “Jóvenes en Comunidad”, que fomenta el desarrollo de actividades culturales.
“También identificamos la necesidad de fomentar la cultura nacional en los jóvenes. Fue así como creamos un proyecto destinado a promover el teatro, el taekwondo, el béisbol, el fútbol, la danza y la elaboración de viñetas radiales”, señaló Calero.

Ceprev también pone su grano de arena
Según Mónica Zalaquett, ellos también tienen su programa de intervención en el barrio, y trabajan con un total de 300 jóvenes. No obstante, su proyecto tiene características diferentes.
“Nosotros apoyamos al joven desde el punto de vista psicológico a través de talleres que impartimos fuera del barrio. Apoyamos al joven en el desarrollo de su autoestima, trabajamos el tema de las adicciones, la violencia intrafamiliar y los factores de género”, indicó Zalaquett.
Orígenes de la violencia
Según explicó la sicóloga María del Pilar Espinoza López, las pandillas tienen raíces profundas en la violencia intrafamiliar y en los roles de género.
“Aquí nos enfrentamos a dos problemas: en primer lugar, estos jóvenes provienen de hogares violentos. Esto les genera un gran resentimiento social que descargan en las calles, y a la vez una gran necesidad afectiva que los incita a integrarse a las pandillas.
Esto genera un mecanismo autodestructivo y baja autoestima. Recordemos que la autoestima forma parte de la evaluación externa, y si esta es baja, la muerte no significa nada para ellos”, explicó Espinoza.
El otro aspecto a considerar es el rol de género que se les ha asignado en la sociedad. “Estos jóvenes crecen dentro de un sistema machista donde para ser hombres tienen que ser violentos. Nosotros trabajamos en cambiar esta percepción para que las pandillas no sean su única alternativa. Y creo que lo hemos conseguido”, indicó.