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“Embrujo de amor”, “Maestros investigados”, “Profesor a juicio”, “Juez ‘pega’ a maestro tocón”; todos son encabezados de noticias que recogen las tristes historias del calvario sexual al que son sometidas niñas y niños por su propio profesor.


Las agresiones sexuales en los colegios son más usuales de lo que pensamos. Un monitoreo de noticias relacionadas con la violencia sexual -que desde 2007 realiza la Red de Mujeres Católicas por el Derecho a Decidir- revela que no sólo en la casa y en la calle los menores corren riesgo de ser blanco de agresores sexuales, sino también en la escuela. Por desgracia muchos de los casos no prosperan más allá de la denuncia, sostuvo Magali Quintana, miembro de dicha Red.


Según los datos que Quintana comparte aclarando que recoge el mínimo de una problemática que si se analiza a profundidad arrojaría cifras alarmantes, entre 7 y 10 menores sufren violencia sexual anualmente por parte de aberrados que bajo la solapa de maestros, cometen actos condenables contra los menores.
Explicó que lo que salta a la luz pública a través de los medios se calcula en apenas el 10% de lo que pasa en la realidad. Significa que si con esa muestra el panorama es “preocupante” estaríamos frente a una situación que amerita ser atendida por las autoridades y que parte por una necesaria actitud vigilante de padres de familia, docentes y directores de escuela, dijo.


Basada en el seguimiento dado a las informaciones de abusos sexuales, Quintana aconsejó que cuando salte una denuncia donde el agresor es un maestro, las investigaciones apunten a detectar a más víctimas porque seguramente tienen más estudiantes sometidas ya sea a manoseos, acoso o hasta violación sexual.

El caso de El Bluff
Ejemplo de esto es el caso reportado en octubre del año pasado donde un maestro de 33 años de una escuela del Puerto El Bluff, en el Caribe nicaragüense, fue llevado a los juzgados bajo señalamientos de acoso y manoseo en contra de seis de sus alumnas de entre  15 y 17 años.


“La realidad nos está diciendo que los niños y niñas están indefensos en todos los ámbitos de su vida”, comentó Quintana.


“Podríamos decir que estamos en una sociedad pedófila… detrás del abuso de un agresor no está el deseo sexual sino lo que predomina es el odio hacia las mujeres y es este caso en particular a las niñas”, analizó la fuente.


Explicó que con el profesor abusador pasa igual que cuando el verdugo es un líder espiritual: los menores no se atreven a denunciarlo porque el dolor de esos niños es tan profundo como la vergüenza,k y deciden permanecer callados. Además, “ellos sienten que son responsables de las atrocidades que hacen estos individuos”, apuntó.


También impide la denuncia el chantaje al que los agresores someten a sus víctimas. En el caso de los maestros es usual que cambien caricias por notas. Las alumnas acceden para no tener reclamos en sus casas.


Otro punto que reprime a las escolares cuando están siendo sometidas por su maestro es el respaldo que su victimario pueda tener por parte de la comunidad educativa. Eso abona a que el abusado se sienta más vulnerable porque resulta que su agresor es “intocable”, valoró Quintana.


La miembro de esta Red que tiene filiales en Latinoamérica, también criticó que en muchos casos de agresiones sexuales en los que está involucrado un profesor, la Policía desestima la denuncia, lo mismo que los directores de escuela “y quedan en la total impunidad”.


Sus críticas también las dirigió al Ministerio de Educación que “muy pocas veces” toma cartas en el asunto y que a veces solucionan el “problema” destituyendo o trasladando al educador abusivo. Solo si la familia decide armarse de valor y llevar sola el caso hasta sus últimas consecuencias es cuando se da la oportunidad de que la Ley castigue sus actos.


Según el monitoreo de Red de Mujeres Católicas por el Derecho a Decidir, en los años 2007 y 2010 se registró el mayor número de denuncias por agresión sexual contra menores de parte de su maestro, aparecidas en los medios de comunicación. En 2007 se contabilizan 27 casos y en 2010 nueve.


En 2011, solo en febrero los medios han reportado 32 agresiones sexuales, dos de ellas cometidas por maestros.