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Expuestas al peligro y a las enfermedades se encuentran unas 16 familias pobres de Granada, que formaron un asentamiento espontáneo a la orilla del camino que conduce a la comarca Malacatoya, frente al lago Cocibolca.
El drama lo vienen sufriendo desde que llegaron a esos terrenos hace ocho meses, tiempo que han permanecido casi a la intemperie y sin asistencia de las autoridades del Ministerio de Salud, ni del gobierno local.
Ocho de estas familias habitaron las costas del Gran Lago, pero la crecida del caudal en el invierno pasado las obligó a buscar otro sitio donde vivir y así llegaron al asentamiento que denominaron Anexo a Villa Sandino.
Se trata de 16 casitas levantadas con ripios de madera, zinc, plástico, cartón y tela, en igual número de terrenos con medida aproximada de 48 metros cuadrados cada uno.
“Nosotros estamos aquí desde el 17 de octubre del año pasado, y desde entonces estamos esperando que venga alguien a darnos respuesta de la Alcaldía o del Gobierno Central.
Le pedimos al presidente Ortega que nos incluya dentro del programa de las Casas para el Pueblo o que nos dé un banco de tierra y nos ayude con los materiales de construcción para hacer nuestras casitas, porque no tenemos con qué hacerlas.
Estamos afligidos porque el techo no tiene láminas de zinc y cada vez que llueve, el agua se mete hasta adentro y nos embebe las camas”, manifestó doña Juana González.

70 personas afectadas
Las viviendas figuran como la principal necesidad de los 38 adultos y 32 niños que habitan en esas condiciones, pero también tienen carencias de servicios higiénicos o letrinas, pues -según dijeron- solo cuentan con cuatro pompones para todos.  “No todas las casas tienen letrinas, porque nos dijeron que no podemos hacer demasiados hoyos, entonces estamos compartiendo entre los vecinos”, dijo.
Expresaron que con esfuerzo propio ya gozan de los servicios de agua potable y energía eléctrica, pero insistieron en que urge mejorar la infraestructura de sus viviendas.
Doña Rosa Jaime, señaló que también necesitan empleos para sufragar las penurias de sus tres hijos, sobre todo la alimentación. “A veces no tenemos ni para comer, mi marido trabaja en acarreo con un carretón de caballo, pero a veces no gana ni un centavo ni para darle de comer al animal.
Esos días la pasamos muy mal y a mi bebé que tiene pocos días de nacido solo puedo darle agua con azúcar, porque no tenemos para comprarle la leche”, lamentó la señora.
Las otras ocho familias que se instalaron en el Anexo llegaron de diferentes lugares de Granada, y ahora son parte del grupo que demandan apoyo.
En sus humildes aposentos hay camas improvisadas con pedazos de tablas, cocineros ingeniados con llantas de autobuses y restos de lo que en algún momento fueron butacas.
No hay comodidad ni seguridad ante un inminente brote de enfermedades, y aseguran que funcionarios del Minsa solo han pasado fumigando para los zancudos y entregando abate para el agua.

No hay banco de tierras
END consultó al gerente municipal de la Alcaldía, ingeniero Alonso Cano, pero este manifestó que la comuna no tiene banco de tierras ni posibilidades para reubicar a las familias afectadas.
“El alcalde y demás miembros del Concejo ya está al tanto de esta situación, habría que esperar acciones conjuntas que puedan tomarse en coordinación con el Gobierno Central y Local para darles respuestas positivas”.