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Por los agudos dolores de cabeza, la maestra Esmeralda de Jesús Domínguez Espinales, de 28 años, ha interrumpido en varias ocasiones las clases.

Ella imparte el pan de la enseñanza a alumnos del quinto grado de la escuela en ese municipio, y ha sido llevada de emergencia al centro de salud “Pastor Jiménez” de este municipio a Ocotal.

Su enfermedad se ha agravado desde abril de 2010, cuando le fue diagnosticada en la  clínica previsional de Ocotal, como “cefalea complicada”.

De manera independiente, en el Hospital “Lenín Fonseca” de Managua, se practicó una prueba de “potenciales visuales evocados” que le confirmó “esclerosis múltiple”, padecimiento que prácticamente la declara incapacitada para continuar sus labores.

“Tengo dañado la mitad de mi cerebro. No me pueden operar porque hay demasiadas lesiones; solo tengo el 2% (de probabilidad) de vida, si me meten a cirugía”, declaró a la vez que se llevaba las manos a la cabeza por el dolor.  

En el laberinto de la burocracia

La maestra afectada lamenta que en la clínica no le reconozcan esos exámenes, y para rematar, dijo que una funcionaria del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, le extravió el expediente junto con la orden que le extendió el neurólogo que la ha atendido en Ocotal para que se los realizara.

“El médico me ha dicho que no puede volvérmela a dar, porque de todas maneras no me los mandaron a hacer”, dijo.

Obligados a laborar
“Realmente no me siento capaz de trabajar, no tengo capacidad ni para planear. Solo en este mes me dieron cinco crisis”, señaló la maestra.

La clínica tampoco le garantiza los fármacos, y se ve obligada a comprarlos cada mes con casi la mitad de su salario de 3 mil 700 córdobas. Por lo general, son sedantes, y en el aula sufre de desconcentración mental.

La profesora Juana Aguirre, persona que gestiona atención para su colega, mencionó que hay otros maestros y maestras que padecen enfermedades crónicas que en ocasiones los incapacita para continuar en las aulas, pero deben justificar un reposo en Recursos Humanos del Mined, el cual no obtienen de los médicos.

“Sospechamos que el INSS ha orientado para que no se nos dé más de 3 o 5 días, y que sí los darán hasta que lo vean a uno en la cama”, se quejó. Igual que la maestra Domínguez Espinales, hay otros docentes que se ven obligados a continuar con sus labores magisteriales, aun sufriendo sus enfermedades, porque de lo contrario pierden su empleo.

Mencionaron el caso de una maestra que padeciendo de cáncer la mandaron a impartir clases, ella ya falleció. Otra que tiene glaucoma que le disminuye la capacidad visual y no le reconocen su mal.

El profesor Oscar Antonio Pérez Cáceres, que imparte clases en Teotecacinte, manifestó que todavía no se sentía en condiciones de volver a las aulas, después de sufrir una parálisis facial que le ha afectado la articulación de palabras. Los galenos  solo le recomendaron 7 días de reposo.  

Estos maestros expusieron su situación a EL NUEVO DIARIO para que las autoridades superiores del Ministerio de Educación y del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS, tomen nota, revisen sus políticas y les procuren una respuesta.  

Clínica promete revisar la atención
El doctor Dorian Sevilla, Director de la clínica previsional, consultado por la queja dijo “que las puertas de la Dirección están abiertas para nosotros buscarles una alternativa de solución”.

Manifestó que en el centro asistencial se respeta el criterio del médico que tiene contacto con los pacientes, “pero eso no niega que si un usuario siente que no es el tiempo para descansar o reposar, que se acerquen (a la Dirección) para platicarlo”, propuso.