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Este lunes estaba previsto celebrar la octava de San Jerónimo, luego que los devotos y seguidores celebraran el 30 de septiembre, los 89 años de estas fiestas que de acuerdo con la policía, se  reportaron 27 heridos y 34 detenidos por alteración al orden público, asalto y agresión en diversas modalidades, mientras se desarrollaba la celebración.

El Comisionado Rolando Coulson jefe relaciones públicas de la policía dijo que debido a los resultados de las fiestas de San Jerónimo, se les pidió una serie de condiciones a los organizadores “se les pide que paguen la fianza por los daños que pueden ocasionar, que se limiten en su barrio o colindante donde realizan la celebración y permanecer en la calle desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la tarde”, afirmó Coulson, quien confirmó que ninguno de los organizadores se presentó.

Norberto Gutiérrez, uno de los organizadores del grupo de Lidia Ingram del Barrio Central, dijo que no salieron porque las medidas dictadas por la policía son difíciles de cumplir “nos están cobrando 4 mil córdobas de garantía por los daños que ocurran, nos limitan la cobertura en pocas cuadras y no tenemos el dinero para pagar lo que nos piden”, sostuvo Gutiérrez, quien además manifestó que la procesión no es lucrativa, ni para hacer negocio y es la primera vez que le prohíben celebrar la octava en 27 años que tiene de celebrar a San Jerónimo.

Incontrolable
El Padre Isidoro Sánchez, cura párroco de catedral Nuestra Señora del Rosario dijo que el alboroto y el ruido está ajeno a la celebración de la iglesia, “yo no entiendo porqué asocian a San Jerónimo con la bulla, la vagancia y el ruido, si Jerónimo vivió en el desierto inspirado por Dios para hacer su santo trabajo de la traducción de la Biblia”, sostuvo el religioso.

Los organizadores alegan que ellos no son responsables de la alteración del orden público porque no distribuyen alcohol ni droga que sataniza la conducta de los asistentes y culpan a individuos que se disfrazan al margen del comité organizador y se hacen acompañar de grupos masivos; muchos de ellos en estado de ebriedad, mientras la policía calcula que las festividades movilizan más de 6 mil personas y necesitan 500 efectivos para mantener el orden.