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JINOTEPE

La discapacidad visual que padecen no ha sido un obstáculo para 12 personas --cuatro de ellas mujeres-- que reciben capacitación en el Instituto Politécnico de Jinotepe. Ellos aprenden a elaborar hamacas gracias al respaldo económico del gobierno y pueblo de España, que financia el proyecto denominado Aulas de Gestión Ocupacional para la Región Americana, Agora, destinado a personas con esta discapacidad.

Leónidas Aburto Torres, de 32 años, es el instructor de sus compañeros no videntes y, según dijo, el aprendizaje ha dado hasta ahora los frutos esperados, porque cuando ni los mismos aprendices apostaban a que adquirirían tanta destreza, ahora hasta tienen ofrecimiento de un financiamiento en dólares para formar dos microempresas y vender las hamacas de hilo que ellos mismos fabrican.

De hecho, y así lo admite Aburto, sin el apoyo del Inatec, las organizaciones que financian y el personal del politécnico de Jinotepe, llegar al punto en que se encuentran los no videntes que participan de este proyecto hubiese sido imposible. “Hoy nos hemos dado cuenta que somos personas útiles, que no somos estorbo para nadie, pero eso es porque nos dieron la oportunidad de demostrarnos, y luego a los demás, de todo lo que somos capaces”, dijo el nandaimeño que desde niño sufre de ceguera total.

Aburto, con toda su limitación, cuenta en su currículum con cuatro carreras técnicas. “Una vez que nos aceptamos con todas las limitaciones, vale la pena vivir, porque nada está perdido y porque los seres humanos estamos dotados de cosas imaginables, que en el caso de los no videntes, por supervivencia las hemos descubierto y desarrollado”, sostiene.


Excelente producto
Las hamacas las elaboran a punto de tacto. El precio del producto de entre 200 y 300 córdobas, porque el material y acabado es de excelente calidad. “Nada que envidiar a las hamacas que se comercializan en Masaya”, sostiene Aburto.

Wilfredo Gutiérrez, uno de los que aprende la técnica y originario de Güisquiliapa, Jinotepe, ratifica lo dicho por su maestro y señala que en poco tiempo ya las domina algunas. Él espera perfeccionar la selección de los colores auxiliado por su olfato. Este joven de 27 años perdió la visión por completo a la edad de trece años.

María José Mojica López, quien vive en Diriamba, aún puede ver, porque su deficiencia no es total y es otra de las alumnas avanzadas del curso. Ella, junto al resto de sus compañeros, cree que la ceguera no debe ser impedimento para sentirse útil. “Nosotros lo hemos demostrado”, sostiene.

El director del Instituto Politécnico de Jinotepe, Walter Vado, tampoco pudo ocultar la complacencia por la rápida asimilación de los que participan de esta capacitación y dijo que en conjunto con el Instituto de Desarrollo Rural, IDR, buscan apoyo financiero para formar las dos microempresas.