Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

El hedor, las enfermedades y la incomodidad que por mucho tiempo sufrieron los habitantes de las comarcas El Hormigón, Las Prucias y El Pochote en Granada, que eran producidos por la cuestionada empresa Reptiles de Nicaragua, S.A. (Reptinic), vuelven al tapete público, luego que empresarios panameños y propietarios del matadero San Martín de Nandaime, adquirieran los activos y decidieran reabrir la compañía.

Tenería “La Fuente” es el nombre de la nueva empresa que pertenece al grupo Amaral Consolting, mismo que durante una subasta pública compró el terreno, el edifico y algunas maquinarias de Reptinic, con el objetivo de dedicarse al curtido de cuero y al proceso de “wet blue”, según lo manifestado por el gerente general, René Altamirano.

“Nosotros estamos claros de que la fábrica quedó estigmatizada por los errores de la administración anterior y que desgraciadamente tenemos que cargar con eso, pero queremos que la población sepa que deseamos operar bajo normas distintas”, declaró Altamirano.

Para ello, el gerente dijo que invirtieron 400 mil dólares en la planta de tratamiento de agua, que es la que causaba la pestilencia, y contrataron a una firma extranjera para el diseño y manejo de las aguas, de tal manera que se logre erradicar el problema.

Posición de Acugra
Sin embargo, la Asociación de Consumidores y Usuarios del Departamento de Granada (Acugra), a través de su presidente, Róger Monterrey Edén, señaló su desacuerdo con la reapertura de “La Fuente”, por considerarla una violación a los derechos humanos de quienes habitan en la zona.

“El problema radica en la contaminación del manto acuífero de Granada y que obviamente afectaría la salud y la calidad de vida de toda la población. A raíz de varios estudios realizados, tenemos la sospecha de que los lixiviados del basurero municipal La Joya lamentablemente ya pudieran haber alcanzado el manto de agua”, expresó el Presidente de Acugra.

Ante esto, Monterrey Edén dijo que existe la urgencia de determinar el grado de avance de los lixiviados, a través de la inversión en la perforación de pozos de monitoreo y vigilancia, “es el manto de agua más importante y de mejor calidad que tiene Granada, con aguas aptas para el consumo humano. Yo pienso que después del Cocibolca, ese es el más significativo”.

En cuanto al líquido, los miembros de Acugra señalaron que el artículo 126 de la Ley 217 prohíbe la ubicación de residuales contaminados en zonas de abastecimientos de agua potable.

De la misma manera se apoyaron en el artículo 94 del Reglamento 217, que textualmente dice: “Para efectos del artículo 126 de la Ley, se prohíbe la ubicación de instalaciones que almacenen, produzcan, formulen, sustancias tóxicas, peligrosas, y otras similares a 200 metros de distancia de fuentes de abastecimiento de agua potable, fuentes de uso recreativo y fuentes de agua en general”.

Monterrey remarcó que dichas instalaciones deben estar a una distancia mínima de mil metros de los poblados.

Versión de los pobladores
Durante un recorrido por la comarca El Hormigón, END conversó con doña Manuela Ticay, quien expresó su inquietud por la presión de los dueños de querer reabrir la empresa y las secuelas de estar expuesta a los gases.

“Padecemos de picazón en la piel, ardor en los ojos y caída del pelo. A los niños les da diarrea, vómitos y alergias en el cuerpecito, pero como no tenemos para llevarlos donde un especialista, entonces hemos ido al centro de salud para que nos ayuden”, lamentó.

La preocupación de Ticay y su familia es que la fábrica, ubicada a sólo 500 metros de su casa, inicie operaciones y regresen los malestares que habían cesado desde el cierre de Reptinic, el año pasado.

Don Julio Galán, quien trabajó por nueve años en Reptinic, manifestó que el hedor se siente durante el día y la noche. “El primer paso es el despele del cuero, luego viene el recubierto de cromo y sulfito, después hacen el recurtido con los ácidos. Todo eso lo hacen en las noches, y es insoportable, parece que el tufo lo tenemos en la nariz”, dijo Galán.

El otro problema señalado es que las aguas contaminadas filtraron por debajo de la tierra y llegaron hasta la propiedad “La Joya”, cerca del vertedero, donde muchos campesinos siembran pipián, melón y sandía, productos que luego son comercializados en el mercado municipal de Granada.