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JINOTEPE, CARAZO

Una de las glorias nacionales del béisbol, el profesor Guillermo Mclean, falleció ayer en Jinotepe, ciudad que lo acogió como uno de sus mejores hijos, cuando siendo apenas un joven emigró de su natal Bluefields en el año de 1972, En se entonces formó parte del histórico equipo del Carazo, de Primera División, junto a estrellas como Pedro Selva, Denis Laguna, Róger Narváez “Careleón” y Vicente López, entre otros peloteros estrella, quienes junto a Mclean, estremecieron las tribunas del otrora Estadio Santa Julia de Jinotepe.

Su viuda, doña María del Rosario Umaña, recuerda que su esposo tuvo pasión por el béisbol, y después de bachillerarse en 1974, en el Instituto Nacional “Juan José Rodríguez”, de Jinotepe, por sus cualidades de pitcher, fue llamado a formar parte del “Carazo”, que ya para entonces representaba dignamente al departamento.

“El Caballo de Hierro”, tal como fue bautizado el profesor pelotero, tenía como principal característica su velocidad y combinación de brazo, que le dieron fama en los años de gloria cuando lució orgullosamente la escarapela del “Carazo”, y luego como seleccionado nacional.


También jugó baloncesto
Con doña “Chayito” Mclean tenía 32 años de casado, y juntos procrearon dos hijos: Guillermo Francisco, que estuvo en República Dominicana a un paso de integrar las Grandes Ligas, y Octavio Antonio, también pelotero y heredero de la tradición familiar de amor y entrega al deporte rey de los nicaraguenses.

El profesor Malean era además Scout de un equipo de Grandes Ligas en Nicaragua, y en otros tiempos se dedicó también al baloncesto, aunque su pasión siempre fue por el béisbol, según recordó el miembro de la crónica deportiva, el profesor Daniel Hernández.

El finado cuyas exequias se realizaron ayer en Jinotepe, fue además profesor de educación física, ducho en el dominio y la enseñanza del inglés, y a pesar de los años, seguía entrenado a pequeños deportistas en Bonanza, Siuna y Rosita, en el Atlántico Norte.

El alcalde Álvaro Portocarrero Silva deploró la muerte del profesor Mclean, a quien calificó como “Quijote” del deporte, forjador de muchas generaciones de peloteros y astro con luz propia, capaz de silenciar a millares de fanáticos y hacer explotar en cuestión de segundos a los aficionados que acudían en los tiempos idos a presenciar las hazañas que él protagonizaba, junto a consagrados como “El Bambino” Pedro Selva, Laguna y “Chentón” Vicente López.

Al profesor Mclean, quien padecía de diabetes, siempre se le vio robusto, como hombre de estadio; jamás de dejó de ejercitar; la gimnasia era parte de su horario diario. Entrenaba fuerte para dar lo mejor de sí a los niños que integran las Pequeñas Ligas. Pero su corazón falló cuando menos esperaba, sin darle tiempo para lanzar el último episodio de su vida.

Al entrar en coma después de un primer ataque al corazón, el diestro se resistió en una batalla desigual con la muerte, y al final sucedió lo irremediable. Ahora una leve sonrisa asoma estando inerte en su lecho fúnebre, y el varón de mil batallas parece saborear la última de sus epopeyas, pues al final la muerte es ganancia y no lo acaba todo, aún cuando la fiebre ardiente de la vida ya no existe.