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José Francisco, es un adolescente de uno de los barrios de Managua, y ex miembro de un grupo juvenil, que participó en el quinto campamento nacional de la juventud desarrollado durante dos días en Estelí. Su testimonio conmueve ya que asegura que por un error se introdujo en los senderos del peligro y recuerda lo que eso significó para su familia y sobre todo su progenitora.

“Pero nunca es tarde para reflexionar, cambiar y enderezar la vida”, señaló otro jovencito, a quien llamaremos Pablo, quien durante al menos ocho de sus 22 años se vio involucrado en un grupo juvenil, comúnmente también llamado  pandilla.

Estos jóvenes ahora dedican su vida a llevar su testimonio y predicar el mensaje cristiano, pues varios se han convertido a la religión evangélica.

Intercambio de experiencias
Los muchachos que participaron en ese campamento son originarios de Managua y Estelí y según el capitán Pedro Roque, jefe de la Dirección de Asuntos Juveniles el fin del mismo era que intercambiaran experiencias.

Todos ellos son muchachos en alto riesgo según dijo y que dejaran para siempre la violencia y los grupos juveniles fue un arduo trabajo. Con esto también demostraron que los jóvenes pueden compartir y que existen posibilidades de resolver los conflictos.

Proceso de pacificación
En el campamento, desarrollado durante dos días, tuvieron un proceso de pacificación. Varios de los muchachos que hasta hace algunos meses eran enemigos, a través de ese proceso de reflexión lograron abrazarse, dejando a un lado viejas rencillas.

Ese evento tuvo como escenario la zona de reserva natural conocida como “El Tisey”. Se trata de un sitio fresco, donde además fue posible mantenerlos alejados de estupefacientes, porque se trata de terapias de estudio, dijo el capitán Roque.

Señaló que el hecho que Estelí fue seleccionado como sede, tiene trascendencia y reconocimiento porque hace pocos años el departamento tenía el nada honroso segundo lugar, después de Managua, en cuanto a violencia juvenil. Eso ha quedado casi enterrado.