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En el mercado de Bluefields en las primeras horas de la mañana es común encontrar entre la oferta de mariscos frescos, la carne de tortuga verde, especie en grave riesgo de extinción, por lo que tanto el gobierno como las organizaciones ambientales están aunando esfuerzos.

Parte de ese trabajo es el llamado que la Policía, en coordinación con la Fuerza Naval y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, Marena, están haciendo para que se acate  la veda de la tortuga verde.

De acuerdo a Johanna Schwartz, delegada regional del Marena, a partir de agosto “queda prohibida la captura, venta y consumo de la carne de tortuga en toda la región”, y a quienes no acaten la disposición se les aplicará multas y decomiso del producto, advirtió la funcionaria.

En el caso de Bluefields, agregó, que se ordenó suspender la venta de carne de tortuga, aun después de la veda. “Decomisaremos y procesaremos judicialmente si es necesario”, aseguró.  Y aunque  la veda contemplada en la Ley 489, de Pesca y Acuicultura, permite el aprovechamiento de la especie, Schwartz mencionó que urge controlar la baja población del quelonio, ya que el beneficio se permitirá únicamente en las comunidades indígenas ubicadas en los municipios de Laguna de Perlas y la desembocadura del río Grande: Kahkabila, Raytipura, Marshall Point, Tasbapounie, Hallover, Brown Bank, Sandy Bay, Walpa, La Barra y Awas.
De acuerdo a registros de la Alcaldía de Bluefields, anualmente solo en ese punto se produce el destace de más de 800 tortugas. Eso

advierte un aumento alarmante, pues en 2002 se calculaba que 441 tortugas eran víctimas de la captura ilegal.

La carne de tortuga es ofertada sin restricciones hasta de forma ambulante, y como su consumo es considerado parte de las costumbres de este pueblo, los expertos han señalado la necesidad de implementar campañas que orienten a no comprar la carne ni sus derivados, y mas bien denunciar su comercialización.

También la tortuga Carey
Según datos del Programa de Conservación de las Tortugas Marinas en Nicaragua, desarrollado por la  Sociedad para la Conservación de Vida Silvestre, WCS, pese a los esfuerzos que desde el 2000 hacen para revertir los graves daños sobre el ecosistema marino y la explotación irracional del recurso,  la población de tortugas Carey en los Cayos Perlas continúa en alto riesgo, pues se sigue destruyendo sus entorno y zonas de anidación y alimentación.

“La construcción de casas y la instalación de acopios de langosta en 14 de los 15 cayos usados por careyes anidadoras, está afectando directamente el comportamiento de anidación e indirectamente su reproducción a causa de la destrucción y alteración del hábitat; así como la presencia de animales domésticos o exóticos, alumbrado artificial de las playas de anidación y actividades pesqueras y extracción de pepinos de mar en los Cayos”, se señala en el monitoreo para la conservación de  la colonia de tortuga Carey  más grande que queda en el Caribe.

La población de Carey de los Cayos Perlas está severamente amenazada, debido a décadas de matanza incontrolada de anidadoras, saqueo de huevos, y la captura de juveniles y adultos en zonas de alimentación.

Para contrarrestar este fenómeno, la WCS desarrolla un programa de voluntarios que abarca incentivos a pescadores locales y habitantes de Los Cayos para proteger a las hembras anidadoras y donar tortugas vivas para ser marcadas y liberadas.
Dicho programa también brinda la oportunidad de educar a los habitantes locales, e involucrarlos en las actividades de conservación de las tortugas marinas.

Nicaragua y su compromiso conservacionista

Desde 1997 Nicaragua es firmante de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestre, conocida como Cites, en donde la tortuga verde es clasificada como una de las especies amenazadas.

Nuestro país también  se sumó a la iniciativa de la Declaración Universal sobre Bienestar Animal, DUBA, promovida por el Sistema de Naciones Unidas,  y en la que también la tortuga Carey está clasificada en peligro crítico de extinción.