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A Deyri Pedro Campos Hernández, de 18 años y originario de El Rama, se le truncaron los sueños de culminar sus estudios magisteriales en la Escuela Normal Regional “Gregorio Aguilar Barea”, de Juigalpa. Su familia ya no pudo cubrir los C$400 que gasta para viajar hasta la cabecera departamental de Chontales.

Días atrás, el joven se formó en la fila de la oficina de Migración de Juigalpa, para gestionar su pasaporte. La falta de dinero y las pocas oportunidades de trabajo en la región, dijo Campos, lo han obligado a tomar la decisión de probar suerte en Costa Rica.  

El muchacho confió que, antes de decidir su viaje, intentó trabajar en El Rama, pero solo encontró empleos temporales y mal remunerados.             

Jóvenes profesionales, jefas de familia y obreros del campo, son parte de las historias que desde distintos puntos del país revelan las “caras” del desempleo, fenómeno social que representa el mayor problema que padece la población nicaragüense, según confirmó la reciente encuesta de la firma M&R Consultores.

Muchos nicas intentan resolver la falta de empleo buscando futuro más allá de las fronteras. A quienes no migran --incluidos profesionales-- no les queda otro camino que tomar la primera actividad que les procure ganar algo de dinero, así sea bajo la informalidad laboral.

Mercedes Gerardo Espinoza Sevilla, de 22 años y oriundo de Acoyapa, ha decidido viajar al exterior. Por segunda ocasión planifica trasladarse a la vecina nación del Sur, donde entre las opciones de trabajo tiene los cortes de piña. Él no llegó al 4º de Primaria, y en ese país laboró antes cortando café y caña.

En otros puntos del país, como Juigalpa y Santo Tomás, ambos del departamento de Chontales, algunos están involucrándose en el comercio informal ante la carencia de trabajo formal. Doña Flora López  Duarte, dijo, por ejemplo, que “medio se mantiene” vendiendo ropa  usada.

Juventud frustrada
En la zona número Uno de Juigalpa viven Carmen Trujillo y Walter Obando. La joven trabaja como doméstica y tiene interés de estudiar, pero con lo que le pagan apenas le alcanza para subsidiar sus estudios. Este año, por ejemplo, solo “ajustó” para comprarse un par de cuadernos con los que se “acomoda”, dijo.    

Por su parte, Walter Obando se lamenta por no haber logrado materializar sus metas.  Por falta de trabajo su madre emigró a España, y al inicio sus ingresos le permitían garantizarle estudios, sin embargo, todo cambió, cuando por enfermedad la progenitora se vio obligada a regresar a Nicaragua, y a partir de entonces Walter busca trabajo sin éxito.

En León, Alejandro Saravia Martínez, de 28 años y habitante del barrio Laborío, la pasa mal por no tener trabajo. Egresó hace dos años de la carrera de Derecho, y desde entonces es dependiente (vendedor) en una tienda de celulares.

“Soy profesional, pero no por eso voy a rechazar el trabajo; tengo que buscar cómo sobrevivir. Estoy completamente claro de que hay pocas oportunidades de trabajo en León, además de que los salarios son raquíticos”, afirmó, sin ocultar sus esperanzas de ser contratado algún día por el programa del Barrido Catastral impulsado por el gobierno.

Cargador en mercados
Ramón Uriel García Talavera, de 47 años y nacido en Yalí, en Jinotega, llegó a Estelí hace 18 años con su familia, en busca de mejores horizontes. En su tierra la temporalidad de los empleos afectaba su sobrevivencia. En el “Diamante de las Segovias”, se mantiene prestando servicio de acarreo en los mercados.

Colaboración: Máximo Rugama, José Luis González, Mercedes Sequeira, Janeth Oporta, Tania Goussen