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Son las seis de la mañana en el barrio “Germán Pomares” de la ciudad de Jinotepe, Carazo. En su rústica vivienda, doña Verónica del Carmen González Hernández prepara apurada la masa de maíz para comenzar la tarea de elaboración de 200 tortillas y, a la vez, cocinar una porra de frijoles. Así se gana la vida esta mujer cuya principal preocupación es garantizar la comida y el pasaje de sus dos hijos mayores que asisten a la universidad en la capital.

“Procreé cinco hijos y desde que estaban pequeños he trabajado junto a mi esposo para poder sacarlos adelante, vendiendo tortillas y frijoles cocidos, pero eso no me da pena sino que me enorgullece, el saber de las profesiones es la única herencia que le dejamos a nuestros hijos”, expresa Verónica Hernández en la humilde sala de su hogar donde el piso es de tierra y las divisiones de los cuartos son cortinas.

“Mis hijos son excelentes alumnos y mi sueño es que sean profesionales, en el caso del mayor, Manuel Salvador González, tiene veinte años y estudia cuarto año de la carrera de Administración de Empresas en la Universidad Centroamericana, donde ha sido becado los cuatro años; y mi hija Élida, estudia el segundo año de Medicina en la UNAN-Managua… tengo una niña en 5º. año de secundaria, que tiene un promedio de 92% y su sueño es estudiar Comunicación Social; el próximo año también sueña iniciar su carrera y llegar a graduarse… Mi bebé Cristina tiene 11 años está en primer año, y mi cumiche cursa el sexto grado, y a todos vamos a apoyarlos para que en el futuro sean profesionales”, relata orgullosa esta ejemplar madre.